El destape, una campaña anticipada
Durante semanas, el tema dominante en las noticias fue el destape. Este lunes regresamos a los años dorados del priismo. Súbitamente, todos los medios de comunicación señalaban las enormes virtudes del recién destapado. Por haber sido ungido, parecía encarnado ya como el futuro presidente
Peña Nieto, a pesar de sus bajos niveles de aprobación, controló el proceso de forma notable. Abrió las reglas del PRI a la candidatura presidencial a no militantes y salió vitoreado en la asamblea de su partido. Impuso reglas de registro de precandidatos mucho más sencillas para un no militante que para un miembro del partido, sin protestas de nadie.
Todo esto requirió una impecable ingeniería política: negociación, apapacho, intercambio de favores, amenazas… Todo apuntalado en la histórica disciplina y lealtad priista, así como en el terror de que la oposición regrese al poder y desde ahí enfrentar posibles cargos de corrupción.
La disciplina no es sólo de los miembros del PRI. Muchos de quienes critican el autoritarismo de López Obrador en Morena o el intento de dedo tripartita del Frente, reportan con admiración el control del Presidente sobre el proceso.
La ley electoral no lo prohíbe, pero el lunes vimos el acto anticipado de campaña más eficaz desde el destape de Colosio en 1993. Desde ese momento, todo el poder y maquinaria gubernamental han estado al servicio de la promoción de su candidato. José Antonio Meade era, hasta ese día, según las encuestas, casi desconocido para la opinión pública. Nunca un candidato del PRI ha empezado tan abajo en los sondeos. Tras esta semana de reflectores y adulación será un político mucho más conocido y seguramente con buenos niveles de aprobación.
Hace seis años, el presidente Calderón no pudo imponer a su candidato, Ernesto Cordero, quien es hoy uno de los disidentes del PAN en el Senado y cercano al recién destapado candidato del PRI. Calderón nunca apoyó del todo a la candidata panista Josefina Vázquez Mota. Divididos, como lo estamos viendo hoy, terminaron en un distante tercer lugar.
Al inicio de este año, el PRI estaba en tercer lugar en la intención de voto en las encuestas. El apabullante destape, y el trabajar para ampliar las fisuras del Frente, los ha puesto en algunas encuestas cerca del partido líder, Morena. Esto en un contexto donde ninguno de los indicadores que lo tenían en un distante tercer lugar, corrupción, inseguridad, inflación alta, crecimiento bajo, haya mejorado. En el camino, el gobierno ha erosionado la autonomía de las instituciones electorales, descabezando a la Fiscalía Especializada para la Atención de los Delitos Electorales y cultivando al Tribunal Electoral, el cual suele fallar a su favor. Ha logrado también bloquear las investigaciones en materia de corrupción que le son incómodas.
Falta mucho tiempo para la elección presidencial. En noviembre de 2005, en su primer intento a la Presidencia, López Obrador tenía una ventaja tal que parecía imbatible. Hace seis años, Peña Nieto parecía que iba a arrasar frente a un López Obrador en un distante tercer lugar. Finalmente, Peña Nieto obtuvo sólo el 38% de los votos, apenas 6 puntos arriba de López.
En la última elección presidencial, el PRI logró proyectarse como la opción capaz de renovar de forma ordenada al país. Encabezaba la candidatura un priista 100% puro, joven y carismático, aunque torpe con la palabra. Tras cinco años en el poder, entre socavones, escándalos de corrupción y una espiral de homicidios e inseguridad, el PRI es una opción mucho menos atractiva para el votante. Un candidato poco carismático como Meade, pero que no es miembro del PRI, articulado y claro en sus ideas, pero empleado de los entonces presidentes Fox, Calderón y ahora Peña Nieto, ¿podrá convencer al electorado de que esta vez sí es diferente? ¿Logrará persuadir al electorado de que, precisamente por su experiencia, es la mejor carta? ¿Qué va a decir de los problemas de corrupción de este sexenio? ¿De la crisis de seguridad que arranca con su antiguo jefe Calderón y que ahora está peor que nunca? ¿Cuánto de ese 38% del voto de hace seis años podrá retener el candidato del PRI?
En los siguientes meses veremos si toda la maquinaria del gobierno, incluida esta exitosa operación de relaciones públicas llamada destape, les dará para mantenerse seis años más en el poder. Mucho dependerá de qué hagan sus adversarios. López Obrador, por intransigente y autoritario, competirá con una izquierda dividida. Seguramente será etiquetado otra vez como un peligro para México. ¿Podrá evitar los errores que lo despeñaron en el 2006? ¿Logrará el Frente consolidarse como una alternativa a la permanencia del PRI y como una opción viable frente a López Obrador? No tiene mucho tiempo.
Es imposible saber hoy quién ganará el 1º de julio de 2018. Prepárense para una campaña muy sucia y mucho más cara de lo que permite la ley.
Twitter: @carloselizondom
