Si les importa la gente
El gobierno va a hacer un recorte en su presupuesto de gastos para el año entrante. Lo malo es que una parte de ese recorte va a ser donde menos debería y no donde más se desperdicia. Por ejemplo, va a recortar el presupuesto en salud. Por esa razón a los recién nacidos en México se les harán menos pruebas para determinar su estado de salud, el llamado tamizado. Desde el día uno el futuro ciudadano sabrá lo que es un recorte presupuestal. Sin embargo, el presupuesto no toca al personal en exceso que está en nómina. Hay un esfuerzo marginal de recorte de personal en plazas de honorarios. Pero ni siquiera existe el plan de frenar totalmente nuevas contrataciones para intentar evitar que continúen aumentando las pensiones, desde ahora impagables. Es un gobierno al que le importa la gente, pero sólo la gente que tiene contratada.
No faltará quien piense que es inmoral dejar desempleado a un individuo en épocas tan duras como las que vivimos. Sin embargo, un empresario que, ante una caída fuerte de sus ingresos, decidiera no ajustar al personal que no requiere y simplemente hacer un recorte en otros rubros, seguramente pondría en riesgo a la empresa y, por tanto, su capacidad de dar empleo. Sin embargo, cuando esto lo hace el gobierno a pocos parece preocupar.
La semana pasada el secretario de Finanzas del Distrito Federal, Edgar Amador, resumió bien cómo se ve el dilema de un menor ingreso cuando se dirigen las finanzas públicas de una entidad gubernamental. Explicó que las participaciones federales ya no alcanzarán en el 2016 para pagar la nómina de los burócratas, pero que los salarios de los trabajadores subirán 3 por ciento, como lo hará la inflación, y que no despedirán a nadie. Para financiar la nómina, recortarán el dinero utilizado para compra de materiales y suministros. Si hay compras de materiales y suministros que no agregan nada, debieron haberse recortado desde antes. Pero cuando se recortan estos gastos es común que incluyan los insumos que el gobierno requiere para proveer ciertos servicios, como son las medicinas. Éstas ya suelen faltar en el sistema de salud público, lo cual afecta a la gente con menos recursos, mientras que sobran burócratas en muchas oficinas.
Despedir gente que labora en el gobierno por supuesto es un problema político, primero que nada con los sindicatos. Éstos han logrado para sus trabajadores condiciones laborales mucho mejores que las que tienen los empleados formales con el mismo nivel de capacitación en el mundo privado, tanto en ingreso, prestaciones, estabilidad en el empleo y pensiones. El caso más evidente de esto es el IMSS. Los trabajadores de esta institución tienen en promedio un mejor salario y una aún mejor pensión que los afiliados, quienes con sus cuotas financian y posibilitan estas condiciones mejores que las suyas.
Recortar la nómina del gobierno suele ser criticado también por la ciudadanía en general. Cuando escribo sobre estos temas me llegan muchos mensajes y tuits reclamando mi insensibilidad ante el desempleo que tal decisión generaría. Estos ciudadanos son, en principio, como todos nosotros, los dueños del gobierno, pero como no lo sienten así no les parece mal que éste retenga empleados que no necesita. Se podría llevar ese argumento a su extremo para ver cuán absurdo es. Si la función del gobierno fuera dar empleo a los mexicanos ¿por qué no se le ofrece trabajo en automático a quien no lo tenga? Ni López Obrador propone algo así. Es evidente que sería impagable. Cada vez se tendrían que cobrar más impuestos a quienes generan empleos privados, con lo cual cada vez sería más difícil generarlos y el gobierno tendría que contratar a más desempleados en un círculo sin fin. Un solo trabajador de más en el gobierno impone un costo fiscal a quienes generan empleo en el sector privado.
Es común en el mundo que sea más difícil despedir a un trabajador del sector público que a uno del sector privado. Suelen estar mejor organizados. Es mucho menos común sacrificar el gasto en medicinas u otros servicios que la gente necesita para no afectar a trabajadores que no hacen gran cosa. Es también injustificable hablar de austeridad mientras aumentan los gastos destinados a los partidos políticos y a órganos como la Cámara de Diputados o el Senado.
A la clase política mexicana parece importarle mucho más su bienestar, y el de quienes trabajan con ella, que el del ciudadano que los votó. Pesa más el gozo de tener trabajadores para atenderlos en todas sus necesidades, cumplir con compromisos de campaña de emplear a ciertos individuos y no enfrentar el poder de los sindicatos. Los diputados tienen, sin embargo, la oportunidad de mostrarme que estoy equivocado. Ya andan declarando los panistas que es buena idea recortar el gasto de los partidos. Veremos si se sostienen. Veremos si los otros partidos se atreven a apoyarlos. Sería una sorpresa tan agradable viéndolos competir por eliminar gasto y personal que no sirve para nada.
