Estudiantes se van para no volver: Sylvia Ortega

Siete de cada 10 alumnos que desertan ya no vuelven al aula, por lo que llama a ofrecer ambientes óptimos en los planteles

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CIUDAD DE MÉXICO, 28 de julio.- De cada 10 alumnos que abandonaron el bachillerato, solamente tres regresan a clases en algún momento de su vida, el resto busca colocarse en el mercado laboral, donde con mayor frecuencia se insertan en la informalidad.

“Mil 800 niños que tienen menos de 18 años de edad se van de la escuela para no volver, lo cual hay que reconocer que es un problema muy grave que las autoridades debemos evitar”, subrayó la directora general del Colegio de Bachilleres, Sylvia Ortega Salazar.

Si se fueran y regresaran, añadió, “no estaría bien”, pero se explicaría desde intereses personales, es decir, “darse un respirito en la rutina y eso no está tan mal”, pero no es así, “estos jóvenes que salen no regresan y eso pasa en una alta proporción”, lamentó la ex rectora de la Universidad Pedagógica Nacional.

Luego de que la SEP revelara que cada año 650 mil jóvenes abandonan el bachillerato, Ortega Salazar estimó que es “un drama” que casi cuatro millones de jóvenes hayan desertado en el último sexenio, cifra casi igual a la matrícula actual de educación media superior, equivalente a 4 millones 500 mil estudiantes.

Lo más grave, alertó, es que “son personas muy jovencitas a las que están mandando, literalmente, a la calle, a transitar los caminos más difíciles, los de la transgresión, los de la criminalidad, la adicción, el embarazo temprano y las enfermedades de transmisión sexual”.

Apuntó que lo grave no es que dejen la escuela y ya, sino que ese abandono se traduce en jóvenes menores de edad que “no los estamos integrando ni a la sociedad ni al trabajo. Los estamos dejando excluidos, ése es el tamaño del drama que conmueve cuando piensas en los rostros de esos niños, es inadmisible y la política educativa obliga a pensar en cómo retenerlos y darles calidad”.

En entrevista con Excélsior, la directora general del Colegio de Bachilleres enfatizó en que frente a la gravedad de la deserción escolar, en ese nivel académico, las autoridades, directores y maestros tienen la obligación de ofrecerles ambientes escolares de calidad y eso implica combatir a las narcotienditas y los giros negros.

“Que el narcomenudeo, los giros negros, se erradiquen para que puedan tener un ambiente cálido, seguro, y para ello es muy importante que los docentes y los directivos nos formemos todo el tiempo, no en un evento, no en dos talleres, sino todo el tiempo”, aseveró.

Aunque en algunos casos, aclaró, los profesores no pueden evitar que sus alumnos se vayan de la escuela, la directora de Bachilleres afirmó que los directores de cada plantel deben responsabilizarse de que los alumnos no deserten, “porque no es posible que se tolere un nivel de deserción tan alto”.

Incluso, admitió, en el Distrito Federal “estamos en una situación de emergencia”, porque es la única entidad donde este fenómeno sigue creciendo, mientras en otras entidades se estabiliza la tasa o disminuye ligeramente.

Ejemplo de ello lo revelan las cifras oficiales de deserción en los 20 planteles de Bachilleres de la Ciudad de México, donde cada año ingresan 40 mil jóvenes; sin embargo, antes de llegar al tercer semestre, nueve mil 200 abandonan sus estudios, es decir, por día 46 alumnos que ingresaron a ese sistema de bachillerato terminan desertando antes de concluir un ciclo escolar.

En la escala nacional, la tasa de deserción en bachillerato es de 15 por ciento, pero en los planteles del Bachilleres sube a 23 por ciento, concretamente porque los maestros no han aprendido a dar clases a jóvenes de zonas urbanas populares del Distrito Federal y el Estado de México.

La funcionaria consideró que más allá de que la falta de dinero en los hogares obligue a los jóvenes a desertar, los directores de planteles y los profesores deben aceptar que son miles los que se van porque no le encuentran sentido a la escuela, debido a que las autoridades educativas y docentes no están logrando el propósito de un desarrollo.

“No hemos alcanzado un modelo que inspire a los jóvenes, que los retenga, que les ayude a desplegar todo su potencial, porque son talentosos, pero ya son diferentes, son digitales, tienen cortos periodos de atención y es ahí donde no hemos podido adaptarnos como escuelas de bachillerato”, admitió.

En la actualidad, esos jóvenes de 15 a 18 años tienen más riesgos, por lo que en vez de pedirles que se adapten a la escuela, apuntó que los docentes son los que deben adaptarse a su realidad y “eso no quiere decir que no haya disciplina, orden y una buena conducción pedagógica, pero tenemos que cambiar y rápido”.

Concluyó que aumentar la cobertura y al mismo tiempo lograr que los estudiantes no se vayan representa un “doble desafío” que no se puede minimizar, porque el gobierno tiene que asegurar que lleguen todos los que deben entrar, es decir, ampliar la oferta y usar opciones para ofrecer servicios de buena calidad a todos, porque es su derecho.

Pero el segundo desafío es evitar que deserten y que todos los que se fueron y tienen menos de 25 años de edad, regresen y obtengan su certificado, y ahí hay que insistir que importa tener un diploma de bachillerato, porque es la llave que cierra o abre puertas para llegar más lejos.

Actualmente, el  Colegio de Bachilleres ofrece dos modalidades de atención: el sistema escolarizado y el sistema no escolarizado.

“Mis compañeros no ven la importancia de los estudios”

Un día antes de que llegara la fecha para presentar el examen de ingreso al bachillerato en la zona metropolitana, entre los alumnos de tercer grado de la secundaria Diurna 134 Leandro Valle se desearon suerte, sin embargo, con Alejandra Rojas Hernández hicieron una excepción, y le repetían “es que tú no la necesitas”.

Y todos sus compañeros de clase tuvieron razón. Alejandra no necesitaba echar a la suerte ese examen, porque suficiente había estudiado durante los tres años de secundaria para lograr buenos resultados. El certificado de calificaciones que recibió por parte de la escuela se imprimió con un promedio de 10.

El viernes que la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems) dio a conocer los resultados del concurso de bachillerato, de los cuales sólo cinco alumnos, de los 310 mil 163 aspirantes, tuvieron un examen de excelencia con 127 de 128 aciertos.

Alejandra es parte de estos cinco jóvenes, que representan apenas el 0.001 por ciento de los aspirantes que obtuvieron una prueba casi perfecta.

“Al enterarse de los resultados, algunos de mis compañeros me llamaron para felicitarme y me decían que me lo merecía, porque me aplico mucho”, contó Alejandra a Excélsior.

Después de hablar con ella queda muy claro que lo único que la llevó al éxito fue su dedicación y constancia.

A pesar de llevar un promedio de diez en la secundaria, jamás se confío. Desde enero, un semestre antes del examen, pidió a sus papás que le pagaran un curso sabatino en el IPN, de mil 300 pesos, para prepararse y reforzar las áreas que ella sentía débiles: biología y física.

“Ésas dos no eran de mis materias favoritas”, confesó.

Además, desde un mes antes del examen se propuso estudiar dos horas diarias por su propia cuenta.

Por eso, cuando llegó el momento de tener enfrente la prueba y contestarla, no sintió mayor dificultad más que en una o dos preguntas que se le complicaron, precisamente de biología y física, y pudo terminar el examen en una hora y media, la mitad del tiempo que le habían dado.

“Yo creo que cada quien tiene lo que se merece. Si queremos grandes cosas también tenemos que hacer grandes esfuerzos”, dijo.

A sus 15 años, Alejandra tiene una madurez y la visión de un adulto. A diferencia de sus compañeros de clase, cada vez que sus profesores preguntaban cuál era su plan de vida, ella inmediatamente se veía como una economista graduada del ITAM, ganando un buen salario, tal vez comprando una casa en Santa Fe y estudiando una maestría; mientras sus compañeros apenas aspiraban a concluir la secundaria.

“Ellos no tienen un plan de vida, como están acostumbrados a que sus papás les dan todo, piensan que nunca les va a faltar nada. Lo que yo observo de mis compañeros es que no ven la importancia que tienen los estudios, la mayoría no entregaban tareas, le faltaban el respeto a los maestros y como que no se interesaban por las materias”, explicó Alejandra.

Al escucharla, cualquiera comprende por qué hubo un alumno que pudo sacar sólo dos aciertos en el Concurso de Ingreso a la Educación Media Superior en la Zona Metropolitana o por qué a diario desertan mil 800 alumnos de nivel medio superior, de acuerdo con cifras de la SEP.

Alejandra, desde la adolescencia, ya es muy estratégica para su vida, pues pensó en ingresar a un bachillerato público para que así sus papás pudieran ahorrar recursos y hacer un colchón económico para cuando entre a la universidad.

Además, buscó que la escuela le ofreciera una carrera técnica de Contaduría, por si al graduarse del bachillerato fuera necesario trabajar para financiar sus estudios.

“La vida no es fácil, y hoy en día las oportunidades no se te dan en las manos, entonces tú las tienes que buscar y aprovecharlas”, concluyó.

El próximo 5 de agosto, el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos, Cecyt 13, Ricardo Flores Magón, del IPN, abrirá sus puertas a una de las mejores alumnas del Distrito Federal.

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