El misterioso caso de los años bisiestos: ¿por qué unos tienen 366 días?
La complejidad de medir la duración de un año es más grande de lo que uno podría creer. Se requieren cálculos y ajustes meticulosos
Desde tiempos inmemoriales, se ha enseñado que un año tiene 365 días. Sin embargo, esta afirmación es casi exacta, ya que el tiempo que nuestro planeta tarda en completar su órbita alrededor del sol no es exactamente un número entero de días. Siempre existe una fracción de día adicional, explicó Daniel Flores, del Instituto de Astronomía de la UNAM.
Si permitiéramos que este excedente se acumulara, rápidamente nos enfrentaríamos a un desajuste entre los meses y las estaciones del año, lo que obligaría a realizar ajustes drásticos. Un ejemplo histórico es Julio César, quien añadió 90 días al año 46 a.C. Otro ajuste significativo fue en 1582, cuando el Papa Gregorio XIII eliminó 10 días del calendario y estableció que cada cuatro años habría un 29 de febrero, dando origen al año bisiesto.
La complejidad de medir la duración de un año es más grande de lo que uno podría creer. Se requieren cálculos y ajustes meticulosos, tanto así que la mayoría de las personas desconoce que hay casos excepcionales en los que transcurren ocho años entre un año bisiesto y otro, y no cuatro. "Cuando el año es divisible entre cuatro se hace la corrección, pero cuando es múltiplo de 100, por ejemplo, ya no se corrige, a menos que también sea múltiplo de 400", aclaró Flores.
Por lo tanto, mientras que 1700, 1800 y 1900 fueron años comunes, 1600 y 2000 fueron bisiestos, y lo mismo ocurrirá con el año 2400. Esto significa que muchos vivirán y morirán sin presenciar estos ajustes inusuales.
Además, ocasionalmente ajustamos los años por un segundo adicional, conocido como "segundo intercalar". "El último que tuvimos fue hace aproximadamente cinco años, y faltan unos tres o cuatro años para hacer esta corrección nuevamente", comentó Flores. Este ajuste se basa en la observación astronómica directa.
En conclusión, medir el tiempo implica una serie de cálculos y ajustes complejos, una tarea que comenzó hace siglos y que probablemente continúe hasta que la humanidad deje de existir.
Daniel Flores, del Instituto de Astronomía, comparte que los calendarios son un conjunto de tablas para medir el tiempo y los días a lo largo de un ciclo determinado. La observación astronómica ha jugado un papel crucial en el desarrollo de estos sistemas, ayudando a los astrónomos a seguir y registrar eventos celestes importantes. "La duración del año es 365 días, pero siempre hay una fracción de día que no se cuenta, y a lo largo de los años, esencialmente cada cuatro años, hay una corrección de un día", concluye Flores.
Con información de UNAM Global TV.
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