Protesta legítima, oportunismo conocido

Ayer, en la Ciudad de México hubo una movilización de trabajadores y trabajadoras del Instituto Mexicano del Seguro Social que partió del Centro Médico Nacional Siglo XXI hacia Paseo de la Reforma. Algunas de las principales demandas tenían que ver con aumento salarial y con la destitución del secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS). De hecho, quienes pasamos cerca de la marcha, pudimos dar cuenta de que la consigna que más se repitió fue la referente al dirigente sindical.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha reconocido las legítimas demandas de las y los trabajadores del Seguro Social y los pendientes que quedan por resolver, por ejemplo, en lo que respecta a la regularización contractual de quienes se incorporaron al instituto durante la pandemia. En este sentido, Zoé Robledo informó que esta semana inició un proceso de diálogo y escucha activa entre el instituto y los más de 264 mil profesionales de la salud que trabajan en los 277 hospitales del IMSS. La finalidad es conocer, de voz de quienes sostienen a una de las más nobles instituciones del Estado mexicano, lo que afecta la operación, el equipo, las condiciones laborales, el abasto de insumos o el surtimiento de recetas.

Sobre las demandas mencionadas, vale la pena decir que precisamente hoy se está realizando la consulta del SNTSS sobre el aumento salarial que, por cierto, ya había sido aceptado por el propio sindicato, pero que hoy desconoce parte de la base trabajadora. En este ejercicio van a manifestar su opinión en las urnas alrededor de 475 mil trabajadores del instituto en todo el país y la supervisión de la jornada estará a cargo del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral, cuyos inspectores van a estar presentes en los 670 centros de votación. Por otro lado, en lo que tiene que ver con la dirigencia del sindicato, no está de más recordar que ni la Presidenta de México ni Zoé Robledo tienen las atribuciones para destituir a sus integrantes. Esa facultad le corresponde única y exclusivamente a los miembros del sindicato.

Regresemos a la movilización de ayer porque, sin duda, pasaron cosas muy extrañas. Compañeros de los medios de comunicación que asistieron a cubrir documentaron la presencia de personas que portaban el chaleco de Somos Mx, el partido político de Guadalupe Acosta Naranjo, Lorenzo Córdova, Emilio Álvarez Icaza, Enrique de la Madrid, entre otros exprianistas. Al ser cuestionados sobre los motivos que llevaron a su partido a asistir a la movilización, uno de ellos les indicó a sus acompañantes no responder y prefirieron alejarse de los micrófonos. Otra presencia que llamó la atención fue la del coordinador del llamado Movimiento del Sombrero en la alcaldía Iztacalco, Héctor Homero Zavala, quien, además, es secretario general del Sindicato de Trabajadores del Metro; así como la de personajes cercanos al Partido del Trabajo, como el líder del Simesa, Ricardo Cruz.

Cuando menos, resulta sospechoso el interés que han mostrado estas agrupaciones políticas, algunos columnistas, dirigentes partidistas y hasta creadores de contenido relacionados con la oposición en las demandas de las y los trabajadores, considerando que cuando gobernaron los partidos con los que simpatizan desmantelaron el sistema de salud en México. Resulta extraño también que en días recientes haya habido quien se atrevió a hacer un llamado a las y los trabajadores del IMSS a no atender a los pacientes. Sacrificar la salud de las y los derechohabientes como mecanismo de presión es algo perverso.

Las demandas del personal de salud son legítimas y requieren atención, tal como ha reconocido el gobierno de México. Sin embargo, es importante mirar todo lo ocurrido con ojo crítico. La irrupción de viejos actores políticos a la protesta no responde a la solidaridad, sino a un intento por capitalizar un malestar que por décadas ignoraron y al clásico oportunismo para hacerse de una lucha que nunca les ha pertenecido.