Señoras y señores, la nueva era de Rafael Márquez comenzó con cuatro partidos en Estados Unidos, cuatro oportunidades para ilusionarse convertidas en cuatro razones para preocuparse. Dos empates, dos derrotas, cero victorias. Colombia 1-1, Perú 1-1, Estados Unidos 3-0 y Chile 2-0. Dos goles a favor y siete en contra. Un balance tan pobre que me cuesta encontrar algo positivo, sólo podría ser la palabra “proceso”.
El proceso claro que existe, Márquez apenas comienza. Nadie puede exigirle que construya una selección campeona con cuatro partidos amistosos. Lo que no se puede es aceptar que el equipo juegue tan mal. El problema no fue perder o empatar, México fue incapaz de convencer.
Contra Colombia y Perú rescató dos empates que pudieron justificarse como partidos de evaluación. Después llegó Estados Unidos y se acabaron los argumentos. Un 3-0 contundente, acompañado de errores defensivos, una expulsión absurda y una sensación de inferioridad que enojó más, por haber sido su principal rival. Después, para rematar, Chile ganó 2-0 en Los Ángeles.
Cuatro partidos y la selección terminó llena de dudas.
México necesita futbolistas comprometidos. Los últimos partidos mostraron falta de contundencia en el ataque. Así no se puede ganar. Mi impresión es que México quiere jugar como una selección protagonista, pero aún no se comporta como tal. Cuando tiene espacios, le cuesta aprovecharlos; cuando debe remontar, pierde claridad, y cuando recibe un golpe, parece incapaz de reorganizarse con rapidez y se viene para abajo anímicamente.
Márquez heredó una selección que lleva años viviendo de momentos de ilusión con decepciones profundas.
Sin embargo, se esperaba más de estos cuatro partidos. Era importante empezar a ver tácticas ofensivas más claras, una defensa coordinada, mayor intensidad y una reacción competitiva ante cualquier dificultad.
Dirigir obliga a tomar decisiones, corregir errores, gestionar egos y transmitir idea y motivación. Su primera prueba ha dejado muchas preguntas y dudas.
No se le puede condenar por cuatro partidos, pero sí se le puede exigir que explique qué quiere construir y que empiece a hacerlo. Las derrotas no son un fracaso cuando forman parte de un aprendizaje. Lo preocupante es perder sin que se aprenda.
El problema histórico de la Selección Mexicana es que utiliza cada cambio de entrenador como una promesa de renovación y éxito. Se presenta un nuevo nombre, se habla de una nueva filosofía y se pide paciencia. Después, cuando llegan los malos resultados, comienza la búsqueda de culpables, se busca un sustituto y se vuelve a empezar. Así no se construye una selección competitiva y triunfadora.
El futbol mexicano necesita revisar la capacidad y calidad de sus jugadores, la continuidad de los proyectos y enfrentar rivales de mayor exigencia.
No se puede justificar el mal rendimiento por tratarse de partidos amistosos. Este tipo de encuentros deben servir para detectar errores, probar alternativas y consolidar un equipo que sea la base de la selección. La preocupación es que el equipo siga arrastrando los mismos problemas de siempre sin encontrar soluciones y, en vez de avanzar como el resto del mundo, retroceda. Los próximos compromisos oficiales como, próximamente, la eliminatoria de la Nations League frente a Jamaica permitirán evaluar si esta gira fue un tropiezo inicial o el anticipo de problemas más serios.
Mi conclusión es incómoda, el arranque de Rafa Márquez ha sido decepcionante. Dos empates y dos derrotas no son una buena señal. El equipo necesita mucho más que buenas intenciones, discursos y la esperanza de que el tiempo resuelva las cosas.
Márquez es un novato, sin experiencia dirigiendo. La afición merece ver avances y tener confianza. México necesita una selección que sepa a qué juega, que compita contra sus rivales cara a cara y que tenga el carácter para levantarse cuando las cosas salen mal.
La nueva era apenas comienza, pero los focos rojos ya están encendidos. Y sería un error ignorarlas simplemente porque el entrenador tiene un apellido que hizo historia.
Rafa Márquez: ¿por qué cuando el partido se complica, no te sientas al lado de Juan Manuel Lillo, que tiene una gran experiencia, le pides un consejo y que te ayude a dirigir? Tú los llamaste, confía en tu cuerpo técnico. Si no, te vas a hundir como técnico.
