Nueva seguridad pública en la CDMX

Los hechos violentos han comenzado a mezclarse con los cotidianos de nuestra ciudad y pareciera que nos estamos acostumbrando

La Ciudad de México vive una crisis en materia de seguridad pública que está mermando la calidad de vida de los ciudadanos, pero, sobre todo, comienza a pasar facturas a la administración pública.

Los hechos violentos han comenzado a mezclarse con los eventos cotidianos de nuestra ciudad y pareciera que ya nos estamos acostumbrando a ellos, y esto no puede ser así de ninguna manera, porque no es la aspiración de nuestra ciudad.

Esta semana fuimos testigos de la salida de Hiram Almeida de la administración capitalina, quien se desempeñaba como secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, puesto que tuvo por más de tres años, y que ahora deja justo cuando es momento de replantear la estrategia en la materia y para poner en marcha nuevos mecanismos que nos permitan recobrar la tranquilidad de nuestros ciudadanos.

Afortunadamente, estamos en un punto en donde la estrategia está a punto de cambiar drásticamente. Como resultado de la nueva Constitución Política de la CDMX, los diputados electos que iniciarán su gestión en septiembre tendrán en su responsabilidad le creación de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, instrumento con el cual la perspectiva cambia y se replantea como una actividad que involucra tanto a sociedad como a autoridades.

La salida de Almeida tiene que ver con este inicio de cambio de dirección en la estrategia. Si bien el nuevo ordenamiento está a un año de distancia, una vez iniciada la legislatura del primer Congreso capitalino es el envío de señales en donde se admite que hay que comenzar a analizar nuevos planes y acciones.

Para ello es precisa la creación de un Consejo Técnico que evalúe en qué y cómo se gastan los cerca de 37 mil millones de pesos anuales que se ejercen en materia de seguridad pública en la ciudad, y que, francamente, hoy no se perciben con base en resultados, pues no hay criterios claros de ejecución con políticas desarticuladas.

Almeida se va y se queda un tema pendiente que deberá ser atendido a partir de la nueva Constitución, pues se convierte en un tema local para ser resuelto en coordinación entre el gobierno de la ciudad y las alcaldías. Es decir, se trata de un cambio de paradigma para la ejecución de la estrategia con inversión inteligente y ya no en ocurrencias.

La seguridad es un problema que nos compete a todos los niveles de gobierno y se convierte en una materia de responsabilidades de la sociedad y de las autoridades, trabajando en conjunto y con decisiones articuladas que nos lleven a combatir eficazmente la inseguridad que hoy vive nuestra ciudad y sus habitantes.

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