Triste por la partida de Pancho Garfias.
Su fuerza, su dignidad y su erudición, son méritos reconocidos con la entrega del Nobel de Literatura 2026. Pudiera ser nuestra Artemisa del siglo XXI, el espíritu indomable de la mujer inquebrantable. Vive su tiempo trastocando los deseos de aquella virgen eterna. Al conocer al artista visual Robert Currie, pactan ser compañeros-esposos personas. Es, además, “el randomizer” de su vida.
Anne, como Artemisa, dadora de luz, ilumina el presente buscando en tiempos idos, huellas de posibles respuestas. Ha capturado una pregunta inquietante que ronda siglos de historia. ¿Por qué la ciudadanía guarda silencio?
En el Siglo de Pericles, apogeo de la democracia sin mujeres, Sófocles imagina a Antígona. La ubica en Tebas, cuando el silencio fue impuesto por las “órdenes ejecutivas” de Creonte, que alteran el orden moral. Ella, castigada por desobedecer al poder.
En México, en el segundo añlo de la primera Presidenta, plena destrucción de la democracia, además de castigar con negación y desprecio a las madres buscadoras por la desaparición de 135 mil personas, dictan arrogantes la ley antimemes y una nueva versión de derechos de autor, que inducen autocensura. Miedo y terror.
Según la versión de Anne, Antigonick se rebela con furia, decidida a defender su derecho, sus derechos contra quien quiera doblegarla. El gobierno la señala: “Eres la única que ve así las cosas”. Ella responde: “En realidad no, todos piensan como yo, pero les has hecho callar”.
Aquí, las madres buscadoras, con el dolor a cuestas, encabezan la denuncia de la máxima violación posible a los derechos humanos: la desaparición de personas y, ante la indiferencia del gobierno al incumplimiento de su deber básico, proteger la vida de las y los ciudadanos, ellas gritan “No nos callarán. Porque las madres no nos rendimos: llegaremos a la verdad”.
Es precisamente el género de Antígona y de las madres, y su red de relaciones lo que propiciará, esperamos, el cambio sociocultural necesario para derrocar el dominio de Creonte y del autoritarismo. “El enemigo siempre es enemigo, vivo o muerto”. La respuesta: “Nací para amar, no para odiar”, “Porque los amamos, los buscamos”. Las declaraciones de Palenque, reforzadas por Palacio Nacional, repiten a Creonte, destilan odio. Amargo, perdió la brújula moral.
En Tebas, a pesar de las advertencias del vidente ciego Tiresias, “¡Cuidado, Creonte!/ ¡Cuidado! Veo el futuro precipitarse hacia ti”; y en México, de analistas, expertos internacionales y sabias mujeres, ¡Cuidado, Claudia!/ ¡Cuidado! Vemos el futuro precipitarse hacia Morena. El hijo y la esposa de Creonte fallecen. ¿Morena se desmorenará por la persecusión a narcopolíticos? ¿El hijo y la señora? Arenas movedizas.
Anne: “Pero por supuesto que hay esperanza, mira, aquí viene la esperanza, que viene a hacerte cosquillas en los pies. Entonces te das cuenta de que las suelas están en llamas”. Así han vivido las madres buscadoras ante cada declaración gubernamental. ¿Así vivirán quienes creen que la defensa de su extraña soberanía será suficiente?
El conflicto central de la obra de Sófocles, de Ann Carson y de este artículo: la resistencia estratégica de una mujer, de muchas madres, de la jueza Martha Magaña contra un estado tiránico. Anne nos recuerda que el imperativo es negarnos a apartar la mirada del sufrimiento infligido por la opresión y la injusticia, dar testimonio y alzar la voz de quienes han sido silenciadas, silenciados.
Lo único que es permitido prohibir, “es que pierdas tus gritos”. Antígona, madres buscadoras, aliadas y aliados, no lo olviden. Por benigno que sea el poder, que nunca lo es, la tiranía menos, no podemos dejar de cuestionarlo. Nuestra libertad está en peligro.
“Solo nos queda el último instante —el lapso antes de que sea demasiado tarde— y ese instante es ahora”.
