El “diablo” Jáuregui: la otra versión

Personas informativamente confiables para mí cuestionaron mi columna de ayer: Almoloya y el paredón para el traidor a la causa. Dibujé en ella un abandono estructurado por parte de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, al exfiscal de la entidad, César Jáuregui: hoy bajo proceso en el penal de Almoloya por supuestos delitos federales.

Afirmé también que, al hacerlo, Maru redondeaba la narrativa de Palacio Nacional sobre el conflictivo y trágico episodio de los agentes de la CIA, ocurrido en abril.

Dichas personas me hicieron ver esto. 1. Que Jáuregui no es un santo, sino más bien un diablo: nada transparente e investigado en Chihuahua, entre otras cosas, por presuntas extorsiones mediante el uso de expedientes judiciales.

2. Que, aun así, las autoridades de Chihuahua lo acusaron de dos delitos menores: el objetivo era visibilizar las diferencias y desmarcarse de él sin que pisara la cárcel.

3. Que fue entonces cuando apareció, por su cuenta, la FGR con la traición a la patria y el traslado a Almoloya.

4. Que la relación entre la gobernadora y la Presidenta sigue siendo muy tensa.

5. Que escarbe en la relación de años de Jáuregui con el alcalde de Ciudad Juárez y candidato de Morena, Cruz Pérez Cuéllar, con quien supuestamente seguía “operando” hasta el sábado pasado. Tomo nota.

En los complejos e inciertos mundos de la política y el crimen, las primeras versiones rara vez son las últimas.