Día de Muertos en Huixcolotla: el papel picado mexicano que cruza fronteras

Artesanos de San Salvador Huixcolotla mantienen viva la tradición del papel picado mexicano, con pedidos internacionales y mayor demanda por el Día de Muertos.

Por: AFP

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella

Por Anna Cuenca

En un taller artesanal de San Salvador Huixcolotla, tres hombres se aplican con atención y destreza a esculpir, con la ayuda de martillos y cinceles, gruesos pliegos de finísimo papel de seda que tomarán casas y calles de México por el Día de Muertos.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella

Esas láminas multicolores perforadas con dibujos se conocen como papel picado y son un elemento imprescindible en la decoración de los altares a los fallecidos.

El papel picado nació en esta pequeña localidad mexicana a finales del siglo XIX. Más de un siglo después, tres cuartas partes de sus casi 17 mil habitantes se dedican a producirlo. En tiempos de la inteligencia artificial y las cortadoras láser, muchos lo siguen haciendo completamente a mano y lo exportan a todo el mundo.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
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"Nos produce satisfacción que la artesanía hecha aquí se conozca en otros países (...) y que le den valor a lo hecho a mano", dice a la AFP Miguel Reynoso, de 58 años. Lleva 40 dedicado a esto y desde hace 28 tiene una empresa con su esposa, sus cuatro hijas y una docena de empleados.

Reciben pedidos de México, pero también de España, Estados Unidos, Italia, Corea o Japón.

Especialmente en esta época del año. Es "temporada alta", explica Mari Reynoso, de 26 años, que, como sus tres hermanas, decidió dedicarse a la artesanía familiar tras acabar la carrera de derecho.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella

Desde empresas que quieren reproducir su logo en papel picado hasta mensajes especiales para decorar fiestas de bautizos o quinceañeras, reciben pedidos a medida durante todo el año.

Pero en las semanas previas al 1 de noviembre, la demanda se dispara. Los mercados encargan cientos de miles de estas láminas que terminan decorando casas, calles y plazas.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella

"Es cultura, es mi tradición"

Fue en las haciendas del pueblo donde nació este arte.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
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Siguiendo una tradición mesoamericana, los campesinos ya cortaban a navaja sencillos dibujos geométricos en grueso papel amate, elaborado con corteza de árbol desde la época prehispánica.

La sofisticación ocurrió con la llegada del papel de seda, o papel de China, hacia 1850 a las "tiendas de raya", comercios en las haciendas donde los patrones vendían mercancías a sus trabajadores a cuenta del salario.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
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Por más de un siglo, las láminas se importaron desde China. Ahora ya se fabrican también en Huixcolotla, que tiene el orgullo de reunir todo el proceso.

Incluso los cinceles —rectos de diferentes tamaños, curvos o en zigzag— los fabrica aquí el "señor de los fierros", una figura tan imprescindible del pueblo que ya nadie recuerda su verdadero nombre.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella

Roberto Carlos toma una de esas herramientas y se esmera en cincelar un pliego de 50 hojas de un morado intenso para dibujar en él, guiándose con una plantilla de plástico, una calavera tocada con un elegante sombrero.

Pone especial atención a las partes más pequeñas. Si se rompe ahí el papel, "la plana queda inservible aunque todo esté bien", por eso hay que "tener mucha delicadeza", explica este artesano de 34 años.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
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Verde limón, rosa mexicano, azul rey, bugambilia, cempasúchil: la gama se fue ampliando a medida que "el cliente empezó a pedir más colores", explica Miguel Reynoso mientras, al fondo de su taller, cuatro mujeres alternan los colores al pegar delicadamente las hojas sobre hilos de algodón de 5 metros de largo.

La mayor amenaza a esta tradición es "lo industrializado", reconoce Mari Reynoso.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
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Pero el arte manual representa "lo que es México (...) porque justamente es algo representativo de nosotros, algo que con solo verlo queremos que digan es cultura, es mi tradición", agrega.

Patrimonio cultural

El papel picado de San Salvador Huixcolotla, en Puebla, es más que un elemento decorativo de las ofrendas del Día de Muertos: constituye un patrimonio cultural que articula identidad comunitaria, transmisión de conocimientos y actividad económica. Su elaboración artesanal forma parte de una tradición que ha logrado adaptarse a los mercados contemporáneos sin perder el trabajo manual que le da su carácter distintivo.

En 1998, el papel picado de Huixcolotla recibió el reconocimiento de Patrimonio Cultural del Estado de Puebla, una distinción que contribuye a visibilizar su importancia histórica y artística. Sin embargo, la continuidad de esta expresión cultural depende también de las condiciones en que trabajan sus artesanos: la remuneración, el acceso a nuevos mercados y la posibilidad de transmitir el oficio a las siguientes generaciones.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella

La incorporación de diseños personalizados y la venta internacional muestran que la tradición puede convivir con las exigencias comerciales actuales. El reto consiste en evitar que la producción industrial desplace el trabajo especializado o reduzca su valor a una mercancía estacional. En una comunidad donde el conocimiento se transmite de generación en generación, preservar el papel picado significa también sostener una fuente de empleo y una identidad colectiva.

El papel picado artesanal de San Salvador Huixcolotla, Puebla, se exhibe en distintos colores y diseños durante los preparativos para el Día de Muertos.
AFP / Alfredo Estrella
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