El legado del cempasúchil: las familias que trabajan para darle color al Día de Muertos
La familia Calleja encuentra entre los surcos del cempasúchil mucho más que un sustento. Cada cosecha representa meses de trabajo, pasión y retos superados juntos.

Mientras miles de familias se preparan para recibir a sus seres queridos en los altares de Día de Muertos, hay otras que trabajan la tierra para hacer posible una de las tradiciones más profundas de México. Detrás del color que acompaña a esta festividad existe también una historia familiar hecha de trabajo, raíces y perseverancia.
Tal es el caso de la familia Calleja, con más de 75 años dedicada al cultivo de flores, una actividad que ha pasado de generación en generación en la zona conocida como la Concordia, en la ciudad de Chihuahua.
Uy muy bonito, yo no dejo de hablar de cuando estaba en mi casa con mi papá; él era español y llegó a México y ahí conoció a mi mamá; él se vino porque anduvo en la guerra civil de España, empezó él a sembrar flores y nosotros a ayudarle; falleció y fueron mis sobrinos quienes siguieron con la tradición que es muy bonita”, explicó Martha Calleja, floricultora.
Lo que comenzó como un desafío para hacer producir la tierra se convirtió en una tradición familiar que hoy forma parte de la identidad de sus integrantes y de una actividad agrícola que llena de color los campos chihuahuenses cada año.
La familia Calleja encuentra entre los surcos del cempasúchil mucho más que un sustento. Cada cosecha representa meses de trabajo, pasión y retos superados en familia; memorias que forman parte de su historia en el campo.
Nos levantaban a las cinco de la mañana a prender las fogatas alrededor de las flores, de todo el pedazo, para que no se helaran, porque en este mes de octubre caían unas heladas feas. Mi papá no era de las personas que decía ya no sembramos, decía no se apuren muchachos, mientras haya vida salimos adelante”, añadió.
Ese es el recuerdo más bonito que tengo, la unión familiar, sí, sí, el vender flores con mi mamá, papa, hermanos. Estos son cempasúchil de maceta y allá tenemos de los normales, tenemos tres tonos, color oro, como el que tiene usted en su mano, amarillo y anaranjados, es un paraíso”, detalló Rafael Calleja, también de oficio floricultor, sobrino de Martha.
Para esta familia, lo que nace de la tierra va más allá de una temporada. Es el resultado de un legado que busca mantener vivo cosecha tras cosecha.