Vive en una isla de pet

En Laguna Macax, una de las zonas más exclusivas de Isla Mujeres, un inglés se ha integrado al ambiente y vive sin contaminar

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ISLA MUJERES, Quintana Roo.— Richard Sowe, Richart, dejó hijos, familia y su trabajo como carpintero y albañil en Londres para venir a México. Debía cumplir su sueño de construir su propio hábitat autónomo e integrado a la naturaleza y escogió a México para realizar el proyecto. Una especie de Jardín del Edén.

Un tarde de un día gris, lluviosa y fría, como son la mayoría a lo largo de año en Richmond, un poblado en las afueras de Londres, Sowe tuvo una visión. Empezó a martillar en su cabeza la idea y no se quedó tranquilo hasta poner manos a la obra. Tenía 44 años, ahora está a punto de cumplir 60.

Desde entonces han pasado más de 15 años y Richard cambió su nombre por el de Richart (un juego de palabras junto con el vocablo inglés “art”, que en español significa arte). Muchas cosas han cambiado y ahora hasta habla un español fluido.

Luego de dos intentos anteriores, uno en Zipolite, Oaxaca, y otro más en Puerto Aventuras, aquí en Quintana Roo, ya va para siete años disfrutando de una curiosa forma de vida en su isla privada a la que bautizó con el nombre de Joysxee, cuya traducción libre sería algo así como “la llave de la felicidad”, y la cual construyó con material que en su mayoría se considera basura.

Un 75% de la isla y la casa que tiene está hecha con madera, telas multicolores, pero sobre todo con más de 100 mil botellas de plástico distribuidas en la base, como el único instrumento que le da flotabilidad a su sueño cumplido.

La isla es punto de referencia de navegantes que pasan diariamente por esa laguna interior de Isla Mujeres, que bebe también del Mar Caribe. Marinos dedicados a paseos turísticos, magnates que disfrutan de lujosos yates y los residentes de este municipio isleño se refieren a Richart como “El loco de la casa flotante”. Saben que es sociable, pues a veces suele caminar por el centro buscando tablas o recolectando plástico y más botellas, pero pocos son los lugareños que se han atrevido a pedirle una invitación para visitar su paraíso particular.

75 por ciento de la isla y la casa fue hecho con madera, telas multicolores y botellas de pet.

Para este rubicundo personaje de un bronceado de pescador y una cabellera que danza con la brisa, los verdaderos “locos” son quienes se empeñan día con día en destruir el planeta con la gran cantidad de basura que generan, sobre todo de esos desechos plásticos que “no se degradan ni pasando diez mil años.

“Se trata de una isla completamente autónoma, donde he creado las condiciones naturales para que crezcan árboles, plantas y hortalizas para que al final se integre completamente a la naturaleza, sin generar ningún tipo de contaminación, y procurando que produzca también algunas frutas, legumbres y otros productos para el consumo humano”, dijo.

Piensa que si muchas otras personas tomaran la decisión de integrarse a la naturaleza y evitar prácticas como el consumismo, que genera las cantidades descomunales de basura, “tendríamos un mundo limpio, como el Jardín del Edén que hizo Dios para Adán y Eva”.

Para sustentar su idea, visitó primero la Ciudad de México y encontró Xochimilco, esa delegación del sureste del Distrito Federal cuyos pobladores primigenios, en la época prehispánica, desplegaron una ciudad flotante, con canales navegables y utilizando la técnica de construcción de chinampas para sembrar y producir los ingredientes de su dieta regular.

Explicó que su primer intento por hacer flotar la casa fue en las aguas del Pacífico, en el poblado de Zipolite, Oaxaca.

“Allá la policía no entiende nada y cuando apenas estaba haciendo pruebas, intentando colocar la base de lo que sería la isla, me pidieron que me fuera. Y me vine para Quintana Roo”, aseveró.

Richart halló en Puerto Aventuras, un exclusivo centro residencial, habitado actualmente por estadunidenses y mexicanos acaudalados, un apoyo irrestricto, entre otras personas, por parte del propietario, Román Rivera Torres, un emblemático empresario, pionero del desarrollo turístico en la Riviera Maya, no sólo le respaldó en su proyecto, sino que además le permitió instalarse y empezar a construir su segunda casa flotante frente al lujoso fraccionamiento.

Armonía
  • El inglés dice que recibió “una señal” para realizar su proyecto: Una isla en forma de pez y con un nombre especial, Isla Mujeres.
  • Richard Sowe, en un recorrido por el norte de Quintana Roo, se encontró con Isla Mujeres y sintió el flechazo de inspiración.
  • Afirma que le gustó Isla Mujeres porque ahí estaba el santuario de la diosa maya Ixchel, símbolo de la fertilidad.
  • La casa de la isla tiene un “horno de espejos”, que colecta la energía solar y en donde este singular inglés cocina su mejor postre: un pastel de 50 frutas.
  • La casa tiene tecnología que respeta la naturaleza: en el techo hay un colector de agua de lluvia que surte del líquido necesario para llenar un jacuzzi, y para las duchas refrescantes que salen de conchas de caracol convertidas en grifos para lavabos y regaderas.
  • El baño es un sistema de “letrina seca ecológica”, donde los desechos se mezclan con plantas hasta convertirse en composta para nutrir la tierra en la que cultiva hortalizas: tomates, chiles y, desde luego, especies de árboles y palmas que sirven para sustentar la vida y la integración absoluta de la isla flotante con su entorno.
  • Para elaborar sus alimentos cuenta con una cocina tradicional, con estufa de gas, pero prefiere cocinar sus viandas en una plancha y una parrilla que funciona con madera en una fogata controlada.
  • Cuenta con unas aspas de viento que hacen girar un garrafón plástico para agua, donde coloca la ropa para lavarla.

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