La memoria también se graba: Ricardo Sanabria
En "Permanencia" el artista plástico construye un mundo de miradas, sus grabados exploran la memoria familiar, los vínculos afectivos y la posibilidad de conservar, mediante las imágenes, aquello que el tiempo transforma

CUERNAVACA, Morelos.— Los rostros que habitan la obra de Ricardo Sanabria (Toluca, Edomex, 1983) parecen surgir de un territorio donde la memoria evoca estelas de tiempo. Esta búsqueda articula Permanencia, exposición presentada en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca.
En entrevista con Excélsior, Ricardo Sanabria habla de los recuerdos que aparecen durante su proceso creativo, de las matrices que utiliza como diarios personales y de los personajes que encuentran una nueva existencia bajo la mirada del otro.
¿Por qué la memoria se ha convertido en una constante de tu obra?
He trabajado durante los últimos años diferentes series de obra, unas en gráfica, otras en pintura, incluso he indagado en la escultura. Al analizar mi trabajo, me doy cuenta de que persiste la necesidad de hablar de aquello que, aunque ya no está, sigue estando en nosotros."
Mi primera investigación estaba dirigida hacia la cuestión genealógica: hablar de dónde vengo, quiénes son mis antepasados y de dónde provenimos.
A pesar de los años y de las distintas técnicas, sigo recurriendo a personajes que formaron parte de mi vida.
Ahora estoy en Monterrey trabajando una obra gráfica y, mientras avanzo, empiezan a aparecer esas imágenes. No es algo premeditado.

Por ejemplo, apareció una gallina en uno de mis trabajos y recordé a mi hermano. Desde niño tenía pollos y gallinas que nuestro abuelo materno le regalaba."
Mi hermano lleva muchos años trabajando en Estados Unidos. Cuando apareció esa imagen, inmediatamente la relacioné con él. Así regresan ciertas personas y vivencias.
¿Cómo concilias la permanencia con los recuerdos que se transforman con el tiempo?
Creo que tiene que ver con la gente que parte, con las personas que dejan sus lugares de origen.
Hace más de 15 años fui por primera vez a Oaxaca y conocí la serie de los migrantes de Alejandro Santiago (Teococuilco, Oax., 1964). Me marcó profundamente: regresar a su pueblo y encontrar que ya no había hombres, porque se habían ido a trabajar a otros lugares, mientras las familias permanecían ahí, un poco a la deriva."
Eso me permitió entender que las cuestiones sociales y las vivencias pueden reflejarse en el arte. En mi caso, la reflexión no se centra directamente en la migración, sino en los vínculos afectivos que conservo. Es una obra personal, relacionada con mi familia y con las experiencias de la infancia.

¿Qué relación encuentras entre la memoria y el proceso del grabado?
En el grabado trabajamos una placa, una matriz, para conservar un registro. Esa matriz puede reproducirse y de ella van saliendo las impresiones.
De niño me gustaba observar cómo algunas personas escribían diarios. Después, durante mi formación profesional, nos pedían llevar una bitácora para desarrollar el proceso creativo, pero nunca pude ser disciplinado con el registro escrito. Yo recurría directamente a las imágenes.
Mi proceso consiste en mantener las imágenes en la mente hasta tener una placa y dibujar sobre ella. Como no escribo demasiado, tengo prácticamente todo en dibujos y en procesos realizados directamente sobre las matrices."
¿Qué influencia han tenido Gilberto Aceves Navarro, Francisco Toledo, Alejandro Santiago, Sergio Hernández, Antonio Saura y el grupo CoBrA en tu lenguaje artístico?
Gilberto Aceves Navarro (1931-2019) ha sido una referencia muy importante por la fuerza de su dibujo, la libertad de su trazo y la manera en que podía deformar la figura sin perder su intensidad humana.
Francisco Toledo (1940-2019) también ha sido fundamental. Su relación con Oaxaca, con los animales y con las historias de la comunidad muestra que el arte puede partir de lo cotidiano y alcanzar una dimensión simbólica profunda.
Cuando fui por primera vez a Oaxaca, además de conocer la obra de Toledo, tuve contacto con Alejandro Santiago y con otros artistas vinculados con su entorno. La serie de los migrantes me marcó porque hablaba de una realidad social concreta, pero también de la ausencia y de la transformación de un pueblo.

Sergio Hernández (Huajuapan de León, Oax. 1957) es otra referencia por la manera en que construye mundos llenos de personajes, animales, signos y escenas. También me interesa Antonio Saura (1930-1998) y su forma de abordar la figura desde la deformación, la tensión y la materia.
Recuerdo una exposición del grupo CoBrA en el Museo de Arte Moderno. Sus propuestas también habían influido en maestros como Alejandro Santiago y Sergio Hernández. El informalismo me permitió entender que la imagen puede construirse desde el gesto, la textura y la energía del material.
Las visitas a Oaxaca y el contacto con otros artistas han sido fundamentales. Además de desarrollar mi propia obra, tenemos un taller de gráfica donde realizamos ediciones de otros creadores. Esa convivencia permite observar procesos, compartir preocupaciones y ampliar la manera de trabajar.
¿Por qué los rostros de tus personajes parecen carecer de una identidad definida?
Mucho de lo que hago pretende que el espectador complete las imágenes.
No busco representar algo que pueda describirse literalmente, sino que quien observa encuentre una relación con sus propias experiencias.
Cuando comencé mi producción artística trabajaba desde una perspectiva más realista. Buscaba el parecido y una representación casi idéntica de lo que observaba.
Con el tiempo eso cambió. Ahora me interesa captar la esencia de las cosas, lo que siento y pienso acerca de ellas.

¿Qué papel desempeña el espectador en la interpretación de tus imágenes?
No creo que sea necesario un código establecido.
El espectador puede interpretar las imágenes a partir de sus conocimientos sobre el arte o de sus vivencias. Algunas personas me han dicho que mi trabajo les provoca miedo o que encuentran personajes tenebrosos, pero eso tiene más relación con la mirada de quien observa.
Yo no intento representar necesariamente algo aterrador. Son personajes que no están construidos por completo y cada persona puede entenderlos de acuerdo con lo que lleva consigo.
¿Cómo surgió la exposición Permanencia en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca?
Trabajo de manera permanente con Miguel Vives, quien participa como curador y gestor de exposiciones. Hace aproximadamente medio año me invitó a exponer en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca.
Decidimos presentar una selección de obra gráfica de pequeño formato. Actualmente trabajo piezas mucho más grandes, pero para las características de esta sala elegimos las obras que integran la exposición.
También invitamos a la maestra Flor Minor (Santiago de Querétaro, Qro., 1961), grabadora y escultora, amiga desde hace muchos años, quien tuvo la generosidad de inaugurar la exposición.
Fue un momento especial porque se generó un diálogo con varios artistas. Además, Flor me conoce desde mi etapa de estudiante y pudo observar mi trabajo en esta exposición.
¿Cómo transformaste la experiencia del dolor físico en la serie Dolor de muelas?
Esa serie la trabajé entre 2023 y 2024.
Desde niño he tenido problemas con los dientes y la experiencia de ir al dentista siempre ha sido tortuosa. Pero lo que me interesaba representar no era el tratamiento dental, sino el dolor mismo, esa sensación física que puede llegar a ser insoportable y que resulta difícil expresar mediante palabras.
Recurrí a mi manera habitual de trabajar, dibujando directamente. Los colores fuertes y estridentes buscan transmitir esa intensidad, la incomodidad y la desesperación que provoca el dolor.
La serie está integrada por ocho grabados, aunque en la exposición solamente se presentan siete.
¿Qué buscas expresar con la imposibilidad de gritar que aparece en esta serie?
También aparece esa necesidad de gritar y no poder hacerlo. Quieres expresar algo, pero no puedes hacerlo como quisieras. Al final tienes que contenerte.
La obra Hermano regio surge de la experiencia de trabajar en Monterrey y de los vínculos construidos entre grabadores. Remite a las relaciones que nacen del trabajo compartido, del intercambio de conocimientos y de la convivencia en los talleres.
Ese vínculo con el oficio tiene sus raíces en la adolescencia de Sanabria, cuando encontró en el dibujo una forma de expresar aquello que no podía comunicar mediante palabras. Al recordar sus primeros acercamientos a la creación artística, el grabador explica:“Nunca imaginé que iba a dedicarme profesionalmente a crear imágenes.”
Todos dibujamos cuando somos niños, pero en mi caso lo importante ocurrió durante la adolescencia. “Viví esa etapa de una manera un poco reprimida, particularmente en cuanto a mi forma de vestir y de expresar lo que pensaba.
La obra Hermano regio surge de la experiencia de trabajar en Monterrey y de los vínculos construidos entre grabadores. Remite a las relaciones que nacen del trabajo compartido, del intercambio de conocimientos y de la convivencia en los talleres.
La exposición Permanencia estará abierta durante todo octubre en el Museo de la Ciudad de Cuernavaca, ubicado en avenida Morelos 265, Centro Histórico.
La muestra reúne figuras de identidad abierta, escenas de dolor y vínculos afectivos que revelan una obra construida entre la experiencia personal y la interpretación del espectador.
Ricardo Sanabria es heredero de un lenguaje vinculado con los tlacuilos y los tlapalli, los colores y pigmentos empleados para transmitir historias. Es, en ese sentido, un tlacuilo moderno que graba la memoria de una comunidad.