De la física al teatro: la ruta artística de Daniel Giménez Cacho
El actor mexicano, invitado al foro “Las mil formas del libro” en la FIL de Monterrey, recuerda cómo dejó la carrera de Física para estudiar Teatro en la UNAM y reconoce la influencia de la literatura en su formación artística.

MONTERREY, N.L.– “El trabajo que me interesa es tocar corazones, generar empatía, conmover, emocionar. Y eso sucede si estás conectado y se vuelve algo personal”, afirma el actor mexicano Daniel Giménez Cacho (1961).
El intérprete reconocido por dar vida a personajes tanto en obras de teatro como en películas admite que la literatura ha sido fundamental en su formación.
“Lo fabuloso de la literatura es que te interpela, mientras tú estás construyendo con imágenes”.
En entrevista con Excélsior, confiesa que se hizo buen lector hasta su etapa adulta.

“De joven leía algunas cosas. Pero no soy de esos que empezaron a leer desde niños. Aunque en mi familia sí había acceso a los libros. Mi papá tenía una biblioteca. Me acuerdo, por ejemplo, de Platero y yo, que él me daba y leía algunas partes. Pero la verdad me tardé.
“Ya adolescente, me atraparon Julio Verne y Ray Bradbury, pero eran lecturas eventuales. Después, en la preparatoria, leía ensayos de historia y de crítica. Me marcó La revolución sexual de los jóvenes, de Wilhelm Reich, y ahí me empezó a interesar la filosofía. Tal vez era lo más difícil, pero como que esas lecturas me hablaban más directo”, explica.
El también director y productor de cine comenta que
más que novelas, que sí leo, me conecto más con ensayos de filosofía e historia y, en ocasiones, con la poesía”.
Señala que quería ser científico, físico. “Estudié esta carrera dos años, antes de pasarme a Teatro en la UNAM. Me gustaba la física, sobre todo la experimental, la que investiga de qué está hecha la materia. Tenía un maestro muy bueno, Francisco Rebolledo, que luego se convirtió en escritor. Era extraordinario, apasionado. Ahí me conecté.
“Lo cierto es que estudiar física era una decisión más correcta para mi familia. Pero después me rebelé, no les pregunté y estudié teatro. Mi papá quería ser actor, pero a él se le atravesó la Guerra Civil española y tuvo que salir adelante. Yo vine a realizar su sueño. Así pasa”, agrega.
Giménez Cacho detalla que la vena artística también viene de su madre.
“Tuve un acercamiento a la plástica; pues mi mamá, después de ser ama de casa, se convirtió en pintora, fue toda una batalla emancipadora. Yo vi cómo empezó a dibujar y a exponer. Eso me inspiró”.
Añade que como actor aprendió a leer guiones y obras de teatro.
“Las primeras fueron las del Siglo de Oro español. Tardé en entender ese universo y lenguaje, el uso de las metáforas. Debes entenderlo para que lo puedas interpretar. Representar es una buena manera de leer, pero debes apropiarte de la historia.
Las primeras fueron las del Siglo de Oro español. Tardé en entender ese universo y lenguaje, el uso de las metáforas. Debes entenderlo para que lo puedas interpretar. Representar es una buena manera de leer, pero debes apropiarte de la historia.
“Interpretar posee un infinito de posibilidades. Los clásicos aguantan todo, actualizaciones, modernizaciones. Debes entender eso como un pretexto para expresar algo propio. Qué propones sobre algo que se ha representado durante siglos, tú qué vas a decir, dónde te vas a poner, qué es lo que te resuena”, indica.
Incorporó los libros a su vida, pero no la creación.
Escribir literatura nunca se me ha dado. Estoy traumado, acomplejado. Lo he intentado. Soy buen lector, pero generar historias, no. Conozco mis limitaciones. Eso no es para todos”.
Participó ayer en el foro Las mil formas del libro en la FIL de Monterrey.