De Totocalli a centro de conservación; Zoológico de Chapultepec cumple 90 años
A lo largo de su historia se ha transformado hasta convertirse en un lugar de investigación de animales, educación ambiental y recreación
CIUDAD DE MÉXICO, 13 de septiembre.- Hace 90 años comenzó la construcción del Zoológico de Chapultepec con la colocación simbólica de la primera piedra del primer parque de este tipo. El científico mexicano Alfonso Luis Herrera, autor intelectual del proyecto, buscaba recrear la colección de animales que tuvo Moctezuma 400 años atrás (Totocalli, Casa de Animales), peculiar por sus aves. A la vez, quería que el zoológico estuviera a la vanguardia y tomó como modelo el que existía en Roma, Italia. Arrancó con 243 ejemplares.
Ubicado en el corazón de la capital, flanqueado por una de las avenidas más importantes, como es Paseo de la Reforma, el espacio de 17.5 hectáreas es uno de los centros de conservación de la fauna más importantes no sólo de México, sino de América Latina.
Actualmente, el zoológico de Chapultepec cuenta con mil 300 ejemplares de 225 especies de mamíferos, aves y reptiles. Al año recibe a más de 6 millones de visitantes y ha sido testigo de la historia de la Ciudad de México, la urbanización de sus alrededores, los cambios de gobierno y decisiones políticas que lo han impactado; sin embargo, sigue siendo el noble albergue animal al que varias generaciones han visitado.
La primera piedra
El 6 de julio de 1923 fue colocada la primera piedra del Zoológico de Chapultepec, lo cual fue un suceso muy sonado en toda la ciudad, ya que era el primer parque de este tipo, según lo constató Excélsior en su edición del día siguiente.
Con el financiamiento de la Secretaría de Agricultura y Fomento, de la Sociedad de Estudios Biológicos y la sociedad civil, el parque animal se terminó de construir y un año después abrió sus puertas al público.
Según libros que relatan la historia de este importante lugar como El Zoológico de Chapultepec, de Antonio Pastrana, la primera colección fue de 243 animales, entre los que destacaban tres cachorros de león y dos bisontes americanos, que consiguieron a través de donaciones; otros fueron intercambiados con otros países y hubo algunos comprados, ya que en ese tiempo el comercio no era ilegal o al menos no estaba controlado. También había una colección botánica que constaba de árboles, cactáceas y orquídeas.
Para garantizar su mantenimiento y adquirir nuevas especies, se lanzó en aquellos años una campaña de recolección de fondos, tal como lo indica el texto conmemorativo del 75 aniversario del sitio, escrito por Carlos del Río Estrada, quien cuenta que en los tranvías eléctricos había carteles en los que se mostraba la silueta de algún animal acompañado de la frase “Ayúdanos a traerlo a México”.
Aunque desde su origen Herrera quería que el zoológico fuera espacio de conservación e investigación, la necesidad de recursos para su mantenimiento obligó a cambiar el rumbo y convertirse en un lugar meramente recreativo y de espectáculo, ya que los cuidadores y entrenadores de los animales ofrecían shows y la gente comenzó a ir sólo para entretenerse, pero no para aprender de ellos.
Con el paso del tiempo, se presentaron incidentes entre animales y visitantes, los cuales llegaron a ser muy frecuentes. En notas publicadas por este diario se daba cuenta de agresiones, principalmente de primates, hacia las personas que confiadas se acercaban, metían las manos o brazos en las jaulas y eran mordidas o
rasguñadas.
Por razones meramente políticas, la administración y mantenimiento del zoológico pasó a manos del entonces Departamento del DF, lo que pronunció su declive y estancamiento, a una época que la ubican como del “oscurantismo”, la cual duró varias décadas.
La transformación
De junio de 1992 a 1994, el zoológico vivió la transformación más grande en su historia que consistió en el cambio de las jaulas para convertirlas en exhibidores, donde se recreaba el hábitat natural de cada animal, acompañado por una serie de señalamientos informativos sobre las características biológicas y su amenaza en el mundo.
Los nuevos espacios se dividieron en biomas o ecosistemas, en lugar de estar todos en una misma zona y en jaulas tipo esferas que poca privacidad y sombra les daban. La apuesta fue diseñar espacios amplios, con características que se asemejaran a las naturales en cada zona y así promover su bienestar.
Desde entonces, el recorrido por el zoológico permite que, en tan sólo unos pasos, el visitante se traslade del desierto a los pastizales, de ahí al bosque tropical y otras áreas, siendo la más impresionante el aviario, que con una altura de 22 metros y mil 700 metros cuadrados de superficie, alberga importantes especies como el Águila Real y el Cóndor de California.
María Elena Hoyo, entonces directora del lugar, comentó en una de las memorias publicadas sobre su gestión, que entre los factores que influyeron en la decisión para transformarlo estaban “la inseguridad y la falta de higiene, los frecuentes accidentes ocurridos entre los animales debido a la estrechez de las jaulas y el deterioro de la herrería, al grado que algunos especímenes quedaron marcados por amputación de miembros”.
En entrevista para Excélsior, comentó que la población fue comprensiva a los dos años que permaneció cerrado y al interior fue un reto trabajar en el replanteamiento de las instalaciones, mientras los animales permanecían ahí mismo.
A la reapertura del lugar asistieron el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari y el regente de la ciudad, Manuel Camacho Solís.
Hoyo recordó que hubo tiempos difíciles para el zoológico ante la falta de recursos y requerían cantidades importantes para su manutención.
“Hubo un atorón presupuestal muy difícil en el que recuerdo el apoyo que dieron todos los proveedores de servicios, que me llevaban alimento, forraje, jardinería, vigilancia, surtido de carne; aguantaron seis meses de no pagarles, todo por cariño al lugar”, comentó.
Aseguró que el parque animal es icono no sólo en la ciudad, sino en todo el país, ya que cada persona que lo ha visitado, tiene una historia que contar y recordar gratamente.
“(El zoológico) es un viejo amoroso que fue renovado, un viejito dulce que todos queremos. Tiene ahora una cara joven y hay que seguirlo apoyando. Fue una oportunidad que la vida me dio, nunca terminaré de darle las gracias a los animales y sobre todo a la ciudadanía que aguantó el cierre, sufrió y gozó conmigo este periodo”, sostuvo.
Durante la época en que estuvo al frente, a María Elena Hoyo le tocó poner en marcha el programa de reproducción de pandas gigantes, que en su momento fue de los más exitosos en el mundo al haber nacido varias crías, sin embargo, el programa está por desaparecer en México, ya que médicos tanto chinos como mexicanos han fracasado en los intentos por inseminar a los dos únicos ejemplares que aún existen con vida en Chapultepec.
La relación entre los visitantes y los animales también comenzó a cambiar en esos años, dejando atrás el interés único por verlos hacer “monadas”, para ahora informarse de sus características, respetarlos y entender su situación. Desde entonces, Chapultepec ha sido un centro de conservación de animales, con objetivos muy claros de investigación, educación ambiental y también recreación.
El ahora
Actualmente, el zoológico de Chapultepec cuenta con mil 300 ejemplares de 225 especies de mamíferos, aves y reptiles.
Pese a que los alrededores son cada vez más ruidosos por el tránsito vehicular en Paseo de la Reforma, los animales están muy bien adaptados y soportan hasta las inclemencias del clima y la contaminación de la capital.
Cuenta con un museo interactivo que se ubica en la entrada, en lo que era la antigua estación del tren que hace 90 años rodó por el bosque y parte del zoológico.
La visita, además de ser una experiencia de convivencia familiar, procura inculcar temas educativos ofreciendo a la gente información importante sobre la condición de cada animal exhibido.
Adriana Fernández, actual directora, comentó que el público está cada vez más interesado por saber de los animales que ahí conocen y buscan la manera de apoyarlos.
“El público esta ávido de saber y vincularse con los animales que no puede tocar, ni interactuar, por ello tenemos programas interactivos muy importantes que ayudan a esto”, comentó.
Dijo que en los últimos años, la tendencia en los zoológicos ya no solamente es mantener a los animales con buena salud, sino procurar su bienestar emocional y social, por ello cuentan con programas de salud preventiva y otros de estimulación y enriquecimiento que les permiten hacer más llevadero su cautiverio.
En la red
Para estar al día, el zoológico le entró a las redes sociales y además de tener su cuenta general, convirtió en personajes a sus inquilinos como el hipopótamo Manik, que tiene la cuenta de Twitter @HipoManikCDMX que tiene casi tres mil seguidores y @DromeSulikCDMX que suma 845.
Los fines de semana son los más concurridos por familias y entre semana las excursiones escolares, en visitas guiadas son las más frecuentes, desde preescolares hasta universidades. También en los días hábiles, al menos el 15 por ciento de los paseantes son extranjeros, que tienen como punto importante en su visita a la capital, conocer el gran Zoológico de Chapultepec, que desde sus inicios ha sido gratuito al público.








