Saldívar y Talavante obtienen dos orejas en la Plaza México
Ambos matadores salen a hombros por la Puerta del Encierro en la tercera fecha de la Temporada Grande Arturo Macías, con las manos vacías
CIUDAD DE MÉXICO, 9 de noviembre.- El diestro Arturo Saldívar cortó dos orejas en el tercer festejo de la Temporada Grande de la Plaza México, una corrida que Alejandro Talavante le puso el broche de oro con un par de orejas más, en el sobrero de regalo.
Saldívar abrió con el tercero de la tarde, un toro sin furia, ni embista que se quedaba a medio camino, la faena no terminaba de ser armada y al final hubo silencio tras aviso.
Luego enfrentó el sexto de la tarde, aquel toro de buena calidad que pudo aprovechar sus mejores pases por la izquierda y a pesar de una estocada defectuosa, fue recompensado con doble premio.
En tanto, Alejandro Talavante se apuntó con el segundo toro, del hierro de Marrón, bien presentado y que podía haberle dado algún premio, pero un golpe en el burladero lo dejó tocado, por lo que el español intentó con el capote sin mucho éxito y hubo palmas de un sector del público.
En su segundo, no estuvo al nivel de su raza, el matador volvió a dar destellos de buenas faenas, pero abrevió y se fue sin opciones, por lo que aplicó para un toro de regalo. El segundo de la tarde, donde vendrían mejores resultados, el animal de Campo Real fue más noble, buena embestida y fue entonces cuando Talavante se sintió por fin libre.
Comenzó la lidia de rodilla y con eso se ganó al público para dar por la izquierda sendos muletazos, que gustó, a pesar de la estocada tras pinchazo, se llevó dos orejas y un arrastre lento para el astado.
Arturo Macías el “Cejas” se fue con las manos vacías, ovación tras aviso en el primero, silencio y nuevamente silenció con el de regalo. El torero hidrocálido le tocó abrir plaza con una res de mucha nobleza, pero poca tracción, tuvo buenas figuras con el capote pero con la espada falló y eso le arrebató una posible oreja.
En el cuarto de la tarde, de Marrón, el público ya impaciente le condicionó mucho la lidia y tuvo que exigirse más para gustar, pero no hubo brillo en sus faenas, luego vino entonces el primer sobrero, también de Campo Real, episodio con muchos muletazos y poca virtud del toro.
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