El retiro del gobierno

La responsabilidad de gobernar es incompatible con el rompimiento del diálogo.

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Roberto Gil Zuarth 28/04/2014 03:42
El retiro del gobierno

El gobierno ha dejado la mesa de la reforma política en el Senado. La razón: la pretensión de imponer como base de la discusión un documento inacabado, inconcluso, insuficiente, que no refleja los contenidos constitucionales ni los acuerdos previos entre los partidos políticos. El PAN quiso construir consensos alrededor de los temas. Usar el documento, pero también sus complementos necesarios. Presentó, a solicitud del PRI, redacciones para todos los temas que habían sido omitidos, pero también para enmendar los que habían sido mermados e incorporar las precisiones que darían fuerza a la reforma constitucional. El gobierno rompió su compromiso de analizar y responder a los planteamientos del PAN y del PRD. Se levantó de la mesa de negociación para acotar los márgenes de la negociación, para ganar lo que perdieron en la reforma constitucional, para cercenar al Congreso.

Es la primera vez que el gobierno abandona una mesa de negociación de reformas al sistema político o a la institucionalidad electoral. No sucedió en los difíciles y complejos tiempos de la democratización del país. No lo hicieron los gobiernos en la época del régimen autoritario. Lo ha hecho la supuesta “presidencia democrática” de la segunda alternancia. Un desplante inédito en la breve historia de los gobiernos divididos. Sí, en efecto, esa estrategia se ha visto antes en los parlamentos. Un recurso habitual de los partidos para replantear los términos de sus relaciones y de sus coyunturas. Un acicate para abrir un nuevo ciclo, para vencer una inercia, para romper una resistencia. Nada habitual, sin embargo, en la actitud de un gobierno. La responsabilidad de gobernar es incompatible con el rompimiento del diálogo. Un gobierno que rompe las mesas renuncia a construir mayorías futuras. Se inhabilita para pedir los votos de sus oposiciones. Pierde credibilidad sobre sus intenciones y sobre su apertura para asumir otras posiciones. Gobernar entraña el desagradable deber de tragar sapos para alcanzar fines, para lograr votaciones, para construir decisiones. Implica la responsabilidad de saberse separar de la convicción propia y de los intereses de su partido. La obligación de buscar salidas y plantear alternativas. La paciencia de nunca dejar de hacer política.

Lo más preocupante de la decisión del gobierno es la amenaza implícita: estamos dispuestos a poner en vilo los procesos electorales futuros y la relación con el Congreso. El mensaje de su gesto es el chantaje del caos. O una reforma electoral a modo o la ley de la selva. O una autoridad electoral maltrecha o elecciones sin reglas. O controles sin dientes o el agandaye. Este gobierno advierte que la estabilidad política es moneda de cambio. Es un gobierno que es capaz de dinamitar la democracia como coacción a sus adversarios. Un gobierno dispuesto a apretar el botón que desata la escalada. Un gobierno que no modula a su partido para construir equilibrios, sino que lo atiza hasta lo irreconciliable. Un gobierno que no milita en la ética de la responsabilidad.

El retiro del gobierno es la confirmación de su talante autoritario. La muestra de que su reformismo es pose y nula su convicción democrática. Pero también, la mayor razón para no ceder en una auténtica reforma política que contenga la intención de restauración del viejo régimen. El retiro del gobierno es la señal más clara de la necesidad de una autoridad electoral fuerte e independiente, de reglas que limiten la influencia del dinero en las elecciones y la intervención del aparato estatal, de mecanismos para proteger las libertades políticas del país. Es la señal de alerta de que a este gobierno le importan muy poco la competencia, la pluralidad y la democracia. El gesto que dice más que mil palabras.

         *Senador de la República

        roberto.gil@senado.gob.mx

            Twitter: @rgilzuarth

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