Después de la captura

La debilidad del cártel de Sinaloa puede abrir un espacio de relativa calma para grupos adversarios.

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Roberto Gil Zuarth 24/02/2014 02:26
Después de la captura

La aprehensión de Joaquín Guzmán Loera es la acción más relevante, en materia de seguridad, de la actual administración. Un logro indiscutible de los mandos políticos, militares y de inteligencia. El gobierno rápidamente hizo valer que estaba al frente de una secuencia de acciones que derivaron en la captura. No dejó vacío por el que se escapara la percepción de que fue una circunstancia fortuita. El operativo resultó impecable en su ejecución, gracias a que se recurrió a las capacidades adquiridas en los últimos años por las fuerzas especiales de la Armada y el Ejército. Se conjuraron las potenciales fugas de información que suelen frustrar este tipo de actuaciones, sobre todo cuando se trata de organizaciones criminales que gozan de sólidas coberturas institucionales. Es posible suponer que se ha logrado compartimentar correctamente los tramos de actuación de los servicios de inteligencia. La ausencia de autoridades locales en el operativo demuestra que persiste la desconfianza sobre éstos, dato que desdice aquel discurso que fijaba el problema en la débil coordinación con las entidades federativas. El gobierno, por fortuna, se despojó de los recelos nacionalistas iniciales que abrieron una seria —y evidente— distancia con Estados Unidos en términos de cooperación para la seguridad. La acción conjunta abre una nueva etapa en la relación táctica y operativa con las agencias estadunidenses y, quizá, un periodo de entendimiento y confianza que puede redituar en otros golpes de similar envergadura. El balance es positivo en cualquier ángulo. El gobierno recupera el halo de la eficacia. Bocanada de oxígeno para superar la disnea de los últimos meses. 

La captura de Joaquín Guzmán tiene varias implicaciones. Primero, no se puede asegurar que la violencia disminuirá. Al contrario, la decapitación del cártel de Sinaloa puede provocar una violenta disputa por el liderazgo de una verdadera organización transnacional, la más potente de la cual se tenga registro en las últimas dos décadas. Las escisiones con antiguos socios y los sistemáticos enfrentamientos con otros cárteles por el control de territorios en los últimos diez años, no hacen previsible una sucesión natural dentro de la organización. El clan de Sinaloa controla 45% de la droga que transita por México y coloca una cuarta parte del total de enervantes que se consumen en Estados Unidos. Es altamente probable que su dislocación presione al alza el precio de la droga y, en consecuencia, sea más apetecible el control de la organización o de las zonas bajo su influencia. Segundo: en los últimos años, las organizaciones criminales han diversificado sus actividades ilícitas. El viejo modelo de cárteles especializados en trasiego ha muerto. Las actuales organizaciones criminales se dedican, simultáneamente, a distintas modalidades de extracción ilícita de rentas: desde el robo hasta la extorsión y el secuestro. El desmoronamiento del cártel de Sinaloa puede derivar en el aumento de capacidades de las organizaciones criminales de corte local, más violentas y que se han mudado al crimen común. Habrá delincuentes, armados y sin ingresos, en búsqueda de un nuevo empleo. Tercero: la debilidad del cártel de Sinaloa puede abrir un espacio de relativa calma para grupos adversarios, situación que puede ser aprovechada para la reorganización de las que se habían debilitado como resultado de la acción del Estado o de la confrontación intercárteles. Muchas organizaciones, sobre todo Los Zetas y el cártel del Golfo, tendrán, por lo menos en el corto plazo, una amenaza menos que atender. 

La aprehensión de Guzmán es un logro destacado. Pero está lejos de ser la conquista definitiva del Estado de derecho. Después de la captura, tendremos las mismas policías, las mismas instituciones, las mismas capacidades y, muy probablemente, nuevos fenómenos de criminalidad. La misión es de largo plazo. No hay que perderlo de vista, por más que surjan sábados esperanzadores. 

                *Senador de la República

                roberto.gil@senado.gob.mx

                @rgilzuarth

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