De la eficacia inanimada

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Roberto Gil Zuarth 13/01/2014 02:07
De la eficacia inanimada

Este fin de semana, Michoacán se nos volvió a evidenciar como una zona que reclama la urgente e ingente acción del Estado mexicano. Michoacán regresa a la atención pública para recordarnos que la eficacia del Estado radica en su capacidad para erigirse como monopolio de la fuerza legítima y como garante de la seguridad. Nos recuerda también que la política de la imagen coordinada, de la declaración zalamera, de las reformas grandilocuentes muchas veces resulta poco eficaz para revertir inercias y corregir excesos en el uso del poder fáctico.

El viernes pasado, los medios de comunicación dieron cuenta de actos violentos por parte de grupos armados que se oponen a la acción de los grupos de autodefensa en Apatzingán. El líder de estos autodefensas, Hipólito Mora, declaró, por su parte, que intentarían tomar este municipio, además de Los Reyes y Uruapan. Dos días después vino la respuesta del gobernador, Fausto Vallejo, quien se apersonó con la promesa de que no se tolerarán la zozobra y la ilegalidad, de que solicitará ayuda a las autoridades federales, mejor coordinación, etcétera. No hay un diagnóstico, no hay una estrategia, no hay una propuesta de acción para una entidad que lleva años reclamando la seguridad como una carencia insostenible. Pero, sobre todo, no pareciera existir la convicción de que tanto los grupos de autodefensa, como el fenómeno que les dio origen— a saber, la presencia de Los Caballeros Templarios— son situaciones, ambas, que implican una afrenta al Estado y, por tanto, deben ser intolerables para la autoridad.

En diciembre de 2006, el presidente Felipe Calderón decidió iniciar los operativos conjuntos precisamente en el Estado de Michoacán. La situación de violencia reclamaba toda la fuerza del Estado. Hoy, el Estado parece haberse replegado, dejando que la confrontación entre civiles dirima la falta de equilibrio entre sus fuerzas y la legalidad. La autodefensa, que incluso penalmente se erige como una motivación legítima, pierde este carácter cuando busca situarse por encima del Estado. Puede decirse mucho de la eficacia o falta de eficacia del Operativo Conjunto Federal en Michoacán. Puede seguirse cuestionando su temporalidad, su naturaleza o su pertinencia. Sin embargo, es claro que su mera existencia revelaba una preocupación del gobierno mexicano por resolver una crisis que aquejaba a la ciudadanía, y que sigue vulnerándola; demostraba la convicción de que, fuera del marco legal, el Estado no puede tolerar acción alguna.

Hoy día, el gobierno de Enrique Peña Nieto tiene una deuda de eficacia con Michoacán. Al gobierno al que debemos reconocerle la capacidad política de tejer acuerdos y de sumar aliados, debemos exigirle también que asuma el compromiso ante el vacío de autoridad que hoy reina en Michoacán. Al gobierno que nos prometió eficacia, debemos exigirle que la rellene de sentido de Estado, que la amplíe a las áreas que realmente lo ponen a prueba. Ceder ante los grupos de autodefensa como si devinieran de una acción legítima no sólo sería una claudicación política y ética, sino que implicaría la renuncia del gobierno a ser Estado.

                *Senador de la República

                Twitter: @rgilzuarth

                roberto.gil@pan.senado.gob.mx

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