Ganar la guerra, ganar la paz

Dos acontecimientos en esta semana nos recuerdan la importancia de la paz, sea la paz interior, la paz familiar, la paz social, la paz de nuestro país o el mundo: uno fue la firma definitiva de paz en Colombia y el otro la muerte de un personaje singular que halló la paz a través de la guerra, Shimon Peres.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Nuestros hermanos colombianos vivieron durante décadas una mal llamada guerra, porque nunca lo fue, la lucha sorda de un grupo denominado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, pertrechado en las intrincadas selvas colombianas, desde donde se dedicó a robar y secuestrar, matar y desaparecer a los colombianos;  los esfuerzos de varios gobiernos fueron infructuosos, y los guerrilleros encontraron su modus vivendi en esos delitos, así como en el cultivo y distribución de droga. Finalmente, después de múltiples conversaciones, encuentros y desencuentros, el presidente colombiano Juan Manuel Santos  y Rodrigo Londoño Echeverri, Timochenco, uno de los jefes de las FARC, firmaron ante el mundo el decreto de paz, que esperamos sea el presagio de un cambio radical para esta nación hermana.

Y mientras eso ocurría en América, del otro lado del mundo agonizaba un individuo que ha sido definitivo y definitorio para lo que ocurre en el oriente medio: Shimon Peres murió a los 93 años...

La historia de este individuo, cuyos familiares fueron víctimas de Hitler en su momento, es singular: se unió a la primera ola de israelitas en el territorio cedido por la ONU; se alistó en el ejército y se preparó para la guerra de manera tal que, cuando en 1967 estalló el conflicto con los palestinos, en seis días Israel conquistó todo lo que deseaba; y comenzó una guerra de guerrillas, escaramuzas que no han cedido, en parte por el afán expansionista de Israel, en parte por la negativa de los palestinos a encontrar una salida pacífica al problema.

Años pasaron, y surgió un líder palestino, Yasser Arafat, que comandó la llamada Autoridad Nacional Palestina y pasó toda su vida luchando por la autodeterminación de su pueblo hasta que, entendiendo como Shimon Peres que  era inútil y estúpido seguir una guerra eterna, participó con él en la Conferencia de Paz en Madrid, luego en Oslo en donde se firmaron varios acuerdos, y finalmente en la cumbre de Camp David en Estados Unidos en el 2000, cuando en presencia de Bill Clinton, firmaron ambos la paz.

Usted y yo sabemos que esa paz —que les valió a ambos el premio Nobel en 1994— no ha sido real, que hay tal cantidad de intereses por ambos lados que el problema será poco menos que eterno, a pesar de los múltiples intentos por hacer que los israelitas y palestinos vivan en armonía y paz.

Pero Shimon Peres siguió en todos los años de su vida promoviendo la paz, hablando en todos los foros, esperando que el mundo entienda que no hay nada más estúpido que la guerra, porque nunca habrá vencedores; hoy todos los países expresan su admiración por él y su lucha incesante por la paz. 

Y aquí en México, parece que no nos damos cuenta de que estamos en guerra, una guerra no con piedras y bombas como en Israel y Palestina o con guerrillas como en Colombia, pero vivimos en guerra, una guerra estúpida que los gobiernos ni han entendido ni saben cómo enfrentarla.

La falta de autoridad, la impunidad y la corrupción de los gobiernos de varios sexenios atrás, hizo un vacío que fue llenado de inmediato por delincuentes de todo tipo: desde miserables rateros, asaltantes y violadores, hasta narcotraficantes, asesinos en serie, y grupos delincuenciales cada vez más sanguinarios y violentos, que además se asociaron con funcionarios gubernamentales en una ola inacabable de corrupción. Hace años, el presidente Felipe Calderón declaró “la guerra” a los narcos sin tener una idea real de lo que debía hacer, falló y los enemigos de México siguieron avanzando en esta guerra inacabable

Cuatro años después, el panorama es peor, porque el presidente Enrique Peña Nieto no tiene la más peregrina idea del tamaño del problema ni le interesa, al secretario Osorio Chong tampoco le importa y ya promueve su candidatura con un comercial inane; el resto del gabinete ve cómo la delincuencia se infiltra como la humedad por todos lados, los gobiernos estatales miran para otro lado y el gobierno central, paralizado, se la pasa en declaraciones; cada día estamos peor, es una guerra silenciosa que millones de mexicanos estamos perdiendo.

Es ofensivo e incongruente ver en la televisión plantones, secuestros y autobuses incendiados, y luego ver al Presidente cortando listones, develando placas en carreteras o hablando de los “logros” de su gobierno; esto, señor Presidente, se llama incongruencia, esto, señor secretario, se llama incapacidad, esto, señores funcionarios, se llama gobierno fallido.

 Confieso que no sé cuál es la solución, pero todos tenemos que ganar esta guerra contra los enemigos de México, y sólo después de ganar la guerra podremos ganar la paz.

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