Optimismo o pesimismo: tú decides

“El pesimismo es asunto de la inteligencia, el optimismo, de la voluntad” A. Gramsci.

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Mi querido viejo: muchos amigos se sintieron aludidos cuando hablé de “salir del clóset”, y me han escrito diciendo que “ahora sí” van a hacer lo que querían, pero no se atrevían a hacer, viajes, estudios y tantas cosas más. ¡Enhorabuena!

Y me da mucho gusto que el ejército de viejos queridos vaya aumentando, que cada vez más amigos se unan a esa corriente de vida y optimismo, que es la única forma de vivir la vida, en especial en estos años en que, como los autos, ya no somos modernos, sino “clásicos”.

Y leo un excelente artículo que publicó Alfonso López Collada sobre la alegría de vivir, y tiene muchas frases que merecen repetirse porque son verdaderas gotas de sabiduría.

“No es feliz el que es feliz, sino el que se cree feliz”. ¿Qué te parece, querido viejo? Esto es una verdad de a kilo que puedes comprobar con sólo pensar en algunas personas que conoces, y encontrarás a un individuo que trabajó mucho y amasó una fortuna considerable; tiene una casa aquí y otra en la playa, dos automóviles, una cuenta bancaria seguramente muy grande y cuando lo saludas te dice: “Pues cómo voy a estar, con todos los problemas que hay en la ciudad, mi contadora me entrega malas cuentas y además tengo un dolor en la espalda que no me deja dormir”; de poco le sirve su fortuna o el reconocimiento de sus amigos, aunque al parecer tiene todo para ser feliz, no se siente feliz, y de poco o nada sirven sus riquezas y sus posesiones.

Por otra parte, conoces seguramente a un querido viejo que trabajó en una oficina modesta de una empresa pequeña, después de 40 años se jubiló y vive en su departamentito con su esposa porque los hijos ya se fueron y sale todas las mañanas a caminar, va al mercado a comprar algunas cosas para la comida, lee los libros que ha adquirido en una tienda de libros usados, a veces ve en la televisión un partido de futbol y una vez al mes va al cine o a un concierto. “No tengo de qué quejarme —dice—. Vivo bien, me siento sano, el ejercicio me hace bien,  tengo lo necesario para comer y tengo el amor de mi esposa”. Tal vez ese amigo no tiene lo que sería “deseable” para ser feliz, pero se siente feliz y no hay nada mejor que eso.

Querido viejo: tal vez me dirás que eres pesimista y no puedes cambiar porque todos en tu familia han sido así, depresivos y pesimistas. Te tengo una buena noticia: los estudios de neurociencias han demostrado que el cerebro tiene una capacidad de regeneración sorprendente. Ya te he hablado de casos de lesión cerebral que mejora gracias a eso que se llama “neuroplasticiad”. Esa capacidad de las neuronas de hacer funciones nuevas que sustituyan a las neuronas dañadas. Pues bien, en los sentimientos también sucede lo mismo, porque la neuroplasticidad del cerebro también se modifica con las “señales emocionales positivas”.

¿Y cuáles son esas señales?, actuar “como si” fueras feliz: poner atención en la postura, sentarse más erguido, caminar con pasos más amplios, escuchar música y las conversaciones con más atención, sonreír y a los pocos días se podrá notar que el ánimo cambia y está más relajado. “No es magia ni ilusión —dice López Collada—. Cambiar de ánimo es así de fácil.”

Las conductas saludables influyen tanto en el cuerpo 

—que será más sano y se enfermará menos— como en la mente, que tendrá pensamientos cada día más positivos, una actitud optimista, “verá siempre el lado soleado de la calle” y cumplirá lo que dijimos al principio: “No es feliz el que es feliz, sino el que se cree feliz”.

                Médico y escritor

                Raalvare2009@hotmail.com

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