Sorpresa, regocijo, hartazgo, reflexión

Se trata de una enredada maraña de intereses y complicidades que se extendió desde que se escapó (El Chapo) hasta el sábado pasado, y si las autoridades quieren recuperar credibilidad, tendrán que actuar… y pronto.

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Rafael Álvarez Cordero 27/02/2014 02:50
Sorpresa, regocijo, hartazgo, reflexión

¿También tú escribirás sobre El Chapo?, me preguntó Alicia, y le respondí que sí, porque lo acontecido en estos días permite hacer una serie de consideraciones cuyos sentimientos van de la sorpresa al regocijo, luego al hartazgo y finalmente a una reflexión.

Sorpresa: cuando al parecer toda la fuerza del gobierno se centra en Michoacán en donde se intenta conciliar intereses opuestos, en donde no se sabe quiénes son los “buenos” y quiénes los “malos”, en donde se mezcla la persecución de delincuentes con la resistencia y opacidad de algunas autoridades, en donde los partidos políticos meten su mano no para ayudar sino para estorbar, surge, de una zona muy distante, la noticia de la recaptura de un delincuente buscado por todo el mundo, y la sorpresa mayor fue que la captura no se hizo a sangre y fuego, sino con técnicas que envidarían las series televisivas yanquis. Sin disparar un tiro, lograron descifrar los sistemas de vigilancia y protección del señor Guzmán Loera, y ya está tras las rejas.

Regocijo: lógicamente esta noticia es bienvenida y comentada por casi todos, de Peña Nieto para abajo en el equipo gubernamental, en las Fuerzas Armadas (ojo, fue la Marina Armada de México la que hizo la captura, lo que merece una reflexión), en los partidos políticos, los hombres públicos, etcétera; y en el extranjero, los gobernantes de muchos países elogiaron la captura, y hasta un grupo yanqui afirmó que El Chapo era más importante y peligroso que Al Capone (sic). Lógicamente, aquí los escépticos dudan de todo, y el escéptico mayor, Andrés Manuel López Obrador, carente de originalidad, afirma que “es una cortina de humo”(sic).

Hartazgo: por supuesto que al leer el centésimo recuento de la captura, oír por enésima vez los pasos que se dieron, y ver una y otra vez la filmación del hombre más malo de todos los malosos, al cabo de unos días de “Chapomanía”, sufrimos “Chaposis aguda”, seguida de “Chapohartazgo”, estamos hasta la coronilla de relatos, recuentos, anécdotas, chismes y demás, como si no hubieran muchos otros asuntos que interesan e involucran a los ciudadanos.

Reflexión: pero una vez pasada la euforia de la recaptura de este delincuente, es preciso hacer un llamado a las autoridades de todos los niveles, preguntando: ¿Y sus cómplices, apá?, porque de poco sirve tener a un delincuente, por muy Forbes que sea, sin saber y sin actuar en contra de quienes lo rodeaban y sobre todo en contra de los que lo protegían, desde los celadores de la cárcel, pasando por el director del penal, los funcionarios del gobierno, y tal vez hasta los gobernadores y aún los presidentes en cuyos sexenios se escapó y permaneció libre.

Porque se trata de una enredada maraña de intereses y complicidades que se extendió desde que se escapó hasta el sábado pasado, y si las autoridades quieren recuperar credibilidad, tendrán que actuar… y pronto.

Porque en este caso, como en las declaraciones del auditor superior de la Federación, que puso al descubierto desviaciones por cuatro mil 300 millones de pesos en diversas entidades y dependencias, y señala con todo detalle a los responsables, sólo causa hartazgo y repudio saber que no se hace nada para detener a los responsables, enjuiciarlos, condenarlos y exigir la devolución de esas sumas millonarias; sí El Chapo está en chirona, pero sus protectores, sudando, están libres; total, todo ha sido sorpresa, regocijo y hartazgo y nada más.

Agradezco la gentileza de Excélsior al permitirme participar hasta hoy como colaborador.

                *Médico y escritor

                raalvare2009@hotmail.com

                www.bienydebuenas.com.mx

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