De pactos, reformas, triunfos y fracasos

Termina el año con un México potencialmente diferente gracias a lo que se logró en las cámaras.

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Rafael Álvarez Cordero 19/12/2013 05:48
De pactos, reformas, triunfos y fracasos

Sea usted del partido que sea, estimado lector, se interese o no en la política, no podrá negar que en este año sucedieron cosas que hubieran sido impensables hace apenas 12 meses. Mientras escribo, escucho la música de El Padrino escrita por Nino Rota, y no puedo menos que imaginar a Enrique Peña Nieto y su equipo que, como los Corleone, sorprendieron a propios y extraños al lograr la firma por los titulares de todos los partidos de un Pacto con más de 90 compromisos, lo que no se había ni siquiera intentado en la historia reciente del país.

El Pacto fue todo: compromiso, moneda de cambio, amenaza, chisme, chantaje, por parte del PRI, el PAN y el PRD, todos chicanearon el Pacto para su propio beneficio, pero, sin duda, el que ganó fue el PRI, que logró en este año la aprobación de una serie de cambios legislativos, reformas más o menos importantes, algunas que pueden ser de trascendencia para la vida del país, aunque bien nos damos cuenta de que a todos los “qués” de cada reforma les faltan los “cómos”, los “cuándos” y los “con qués”, y, como el diablo se esconde en los detalles, veremos qué pasa en los próximos meses; sin embargo, no se puede escatimar el trabajo del grupo de Peña Nieto y del PRI: Beltrones, Gamboa, los diputados y senadores que lograron lo que nunca se había logrado.

A lo largo del año se destacaron dos hechos importantes en los partidos políticos: el PAN dejó de ser un partido unido, para convertirse en una mezcla confusa de propuestas partidarias y ambiciones personales. Derrotado como nunca en 2012, aún no encuentra su lugar y sus lugartenientes; nadando en la mediocridad, se pelean entre sí y exhiben sus trapitos al sol como verduleras; las pocas voces sensatas son acalladas por las murmuraciones y componendas bajo la mesa. Si sigue así, fracasará nuevamente en 2015.

Y el PRD y la izquierda (PT, MC) exhibieron en este año todas las lacras que impiden que sea el partido auténticamente de izquierda como México necesita; además, la creación del Movimiento de Regeneración Nacional partió en dos a los perredistas históricos, y los que quedaron en el PRD siguen formando hordas cavernarias que se pelean a morir; los desfiguros entre René Bejarano y Miguel Ángel Mancera, entre Silvano Aureoles y Jesús Zambrano, son sólo un ejemplo del desorden interior del PRD.

Y para colmo, Andrés Manuel López Obrador sufrió un infarto del miocardio, que lo dejó fuera de la jugada cuando se discutía la Reforma Energética y puso al descubierto dos hechos: AMLO ha sido un cacique que no admite segundos, y en su ausencia Morena se quedó sin líder; y tal vez por eso, o por la personalidad del tabasqueño, sus seguidores lo abandonaron y la protesta contra las reformas fue poco menos que simbólica; hoy por hoy, las izquierdas son ejemplo de confusión y fracaso.

Y mientras escucho fragmentos de El violinista del tejado escrita por Jerry Bock (“si yo fuera rico…”), pienso que termina el año con un México potencialmente diferente gracias a lo que se logró en las cámaras, y que serán los próximos meses y años los que confirmarán o desmentirán el optimismo de hoy, porque no hay que olvidar que hay aún otras asignaturas pendientes: violencia, inseguridad, carestía, desempleo, que siguen lacerando la vida nacional y el bienestar de todos nosotros.

                *Médico y escritor

                Raalvare2009@hotmail.com

                www.bienydebuenas.com.mx

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