Simulación, abuso y corrupción en Ensenada
La historia vitivinícola de México ha sido azarosa desde siempre; impulsada inicialmente por Hernán Cortés al tiempo de la Conquista, fue más adelante prohibida por Felipe II en 1595, para que no compitiera con la producción peninsular. A pesar de esto, desde 1593 don ...
La historia vitivinícola de México ha sido azarosa desde siempre; impulsada inicialmente por Hernán Cortés al tiempo de la Conquista, fue más adelante prohibida por Felipe II en 1595, para que no compitiera con la producción peninsular. A pesar de esto, desde 1593 don Francisco de Urdiñola fundó en Santa María de las Parras, Coahuila, la primera empresa vitivinícola formal, y a ella siguieron otras más en diversas regiones del país; la uva llegó a Baja California, que se encuentra en el paralelo 32 semejante a los viñedos de Europa, por los misioneros jesuitas Juan Ugarte y Fray Junípero Serra y a partir de entonces hay una tradición vinícola en esa región.
Hacia 1906 se crearon los primeros viñedos en Valle de Guadalupe, y el crecimiento de los buenos vinos, en especial en los últimos 30 años, ha sido espectacular, de modo que muchos de ellos han obtenido premios nacionales e internacionales, los nombres de los promotores son muchos, y lo que sobresale es algo que los ignorantes no pueden entender: el cultivo de la vid es un proceso de amor, amor a la naturaleza, amor a la tierra, amor y paciencia desde la selección del terreno, la plantación de los sarmientos, la paciencia, paciencia infinita durante años hasta que el viñedo comienza a producir esas perlas de luz y sabor que son las uvas, y después, la recolección con escrupuloso cuidado, paciencia nuevamente para permitir que el vino sea, que logre todo su color, su aroma, su sabor; años de paciencia, sabiduría y amor están en el corazón de cada viñedo.
Pero eso no lo saben los sabuesos del dinero, eso no lo saben los comerciantes voraces que pretenden lograr ganancias millonarias violando la naturaleza, violando las leyes y violando una de las regiones vitivinícolas más hermosas y productivas del país.
Resulta que pasando por encima del reconocimiento ecológico, violando los reglamentos, tanto el presidente municipal saliente como casi todos los miembros del cabildo de Ensenada decidieron, a 30 días de dejar la presidencia, cambiar de un plumazo el uso del suelo en el área de Ensenada; usaron la simulación y el abuso, citaron a varias organizaciones a junta, pero “olvidaron” citar a otras, incluyendo residentes de la zona, ejidatarios y pobladores de las dos comunidades indígenas autóctonas de la zona, y subrepticiamente decidieron anular las disposiciones anteriores de uso del suelo, y de un total de dos mil 300 hectáreas que están destinadas al cultivo de la vid, ¡recortan a mil 800 hectáreas!, y el resto será destinado a crear edificios, hoteles y hasta campos de golf, asesinando así a una región que por siglos ha cuidado celosamente el equilibrio ecológico.
Pero los vinicultores no se han quedado quietos, y ya tuvieron una reunión con diputados de la LXII Legislatura y después de exponer la situación, lograron que se proclamara un punto de acuerdo que claramente “exhorta al presidente municipal saliente a que promueva la abrogación del reglamento del Programa Sectorial de Desarrollo Urbano-Turístico de los Valles Vitivinícolas de la Zona Norte del Estado de Baja California, para que su discusión pueda ser retomada por los ediles entrantes y, en ese sentido, se abstenga de continuar con la promoción de cambios que enrarezcan el equilibrio y tranquilidad social de las comunidades relacionadas a los valles vitivinícolas de la zona”.
Lo logrado es sólo un paso, porque no se debe permitir la simulación, el abuso y la corrupción, y menos en lugares excepcionales como los valles vitivinícolas de Baja California.
*Médico y escritor
