Lindo Michoacán

No es asunto menor la muerte cotidiana en los caminos de Michoacán, no es asunto menor que los habitantes desesperados tomen la justicia en sus manos y que sus actos se confundan con los de los delincuentes.

Conocí Michoacán hace muchos años, cuando los médicos de la generación de mi padre hacían reuniones llevando a toda la familia a diversas ciudades; me enamoré de Michoacán, en parte porque no era fácil llegar y el camino era muy interesante, y en parte porque me enamoraron sus bosques y sus lagos.

El tiempo pasó y ya como médico fui invitado varias veces a impartir conferencias, lo que me llevó, cuando me jubilé, a construir una casa en la loma de Morelia y abrir mi consultorio junto al acueducto; desde entonces supe que junto con los aguacates, las mejores cosechas eran de droga, que circulaba libremente por todas las carreteras del estado; de vez en cuando, en los diarios aparecía una notica: “Se incautaron dos toneladas de mariguana”, y mis amigos comentaban: “Sí, y los policías se quedaron con cuatro más”.

A finales de los 80, las cosas se pusieron peor cuando los perredistas comenzaron a bloquear carreteras, tomar alcaldías y secuestrar autobuses, mientras los eternos zánganos de las “casas del estudiante” y los vándalos de la Normal de Tiripetío hacían sus desmanes a ciencia y paciencia de las autoridades.

Y ahora, años después, regresa un gobernador menguado en su salud y aún más en su autoridad, enemistado y distanciado de quien lo sustituyó y alejado de la realidad, no entiende lo que ocurre e intenta tapar el sol con un dedo.

Lo que ocurre en mi Michoacán no es “un asunto de unos cuantos municipios”, señor Vallejo, es la más grave insurrección que nació hace tiempo, cuando los delitos fueron ignorados y solapados por sus antecesores, y cuando la complicidad e incluso el parentesco entre narcos y funcionarios se estableció como modus vivendi para ambos, y eso lo saben todos los michoacanos.

Cuando hay un vacío de autoridad, alguien ocupará el lugar, y en Michoacán ese lugar lo han ocupado los narcos y delincuentes, así de simple; no es un asunto menor el incendio de presidencias municipales y el sabotaje de las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad, no es asunto menor la muerte cotidiana en los caminos de Michoacán, no es asunto menor que los habitantes desesperados tomen la justicia en sus manos y que sus actos se confundan con los de los delincuentes, y que a la valiente postura de Miguel Patiño Velázquez, obispo de Apatzingán, que denuncia la situación que se está viviendo en Michoacán y concretamente en el Valle de Apatzingán, surjan amenazas en su contra; no es un asunto menor, es el problema más grave del país en este momento.

Torpemente, los diputados y senadores, cómodamente sentados en sus curules, solicitan la “desaparición de poderes”; ¿no se dan cuenta de que los poderes de la autoridad, del gobernador para abajo ya desaparecieron?, el poder lo tienen los delincuentes, a lo ancho y largo de Michoacán; y, ahora, algunos de los vándalos responsables de los destrozos en Apatzingán que fueron detenidos, ¡fueron liberados 24 horas después!, lo que confirma que los poderes en Michoacán ya desaparecieron.

El incendio de Michoacán puede extenderse en cualquier momento, este es el asunto más grave que tiene que resolver Enrique Peña Nieto, ¡pero ya!

¡Pobre, mi lindo Michoacán!

        *Médico y escritor

        raalvare20092hotmail.com

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