De mariguanos y gordos
En relacióncon la mariguana, los argumentos que presenta el doctor Fernando Cano Valle son reales, aunque las cifras en las que se apoya pueden estar un poco “cargadas”...

Rafael Álvarez Cordero
Viejo, mi querido viejo
Conozco al doctor Fernando Cano Valle desde siempre, lo admiro como neumólogo y académico, y recuerdo que fue médico de mi familia política por muchos años; ahora es comisionado Nacional contra las Adicciones y, como tal, su misión es lograr el control y tal vez el abatimiento de la drogadicción en México.
En relación con la mariguana, los argumentos que presenta son reales, aunque las cifras en las que se apoya pueden estar un poco “cargadas”; ciertamente el tetrahidrocanabinol llega al cerebro y lo afecta, como el alcohol o la nicotina y altera temporalmente la función cerebral, lo deseable sería que nadie fumara “mota”, pero eso en el mundo real no existe. El problema surge porque el consumo de mariguana, cuyo uso se remonta a la prehistoria, es catalogado como delito en México, y ahí es donde Cano Valle se extravía, porque lo que hemos propuesto —y digo hemos porque aquí lo he señalado varias veces— es que se despenalice el uso de la mariguana, y que se liberen los miles de consumidores encarcelados por tener en el bolsillo más de cinco gramos de la hierba.
Bien por el doctor Cano Valle que quiere que haya menos droga en México, mal si sus argumentos ignoran la realidad de una ley absurda que criminaliza a miles de mexicanos.
Conozco a Alejandro Calvillo, es un entusiasta de la salud y su organización nació como una sana instancia para analizar las conductas de consumo y la relación con productores y distribuidores de bienes y servicios; yo estuve con él en algunas sesiones de la Cámara de Diputados cuando deseábamos impulsar políticas de salud en relación con obesidad y diabetes; entonces, sus argumentos eran científicos, sólidos y confiables.
Pero algo sucedió con él y otros expertos que de buenas a primeras se convirtieron en impulsores de políticas prohibicionistas y discriminadoras, y centran su esfuerzo en atacar sin piedad a las bebidas azucaradas, lo que además de ser inútil es erróneo, porque es cierto que la obesidad es un problema grave en México, pero las causas son múltiples, y el consumo de bebidas azucaradas contribuye solamente a 6 o 7% de la obesidad; el problema real está en la falta de educación de la población y en la falta de control en lo que compran, comen y beben los mexicanos.
Y señalo datos duros: un estudio realizado en niños daneses en 2012 no encontró asociación alguna entre el consumo de bebidas azucaradas y el Índice de Masa Corporal de los niños (Jensen y col. Pediatric Obesity, 2013; 8: 259-70); otro similar realizado en más de mil 500 niños en Australia tuvo el mismo resultado (Nichols y col. Pediatric Obesity 2013;8: 271-83), uno más de Wansik y colaboradores señala que cuando se hizo una prueba de aumentar impuestos a las bebidas azucaradas, el consumo disminuyó 35%, pero a los seis meses el consumo volvió a su nivel anterior (Cornell University; Beverage Taxes and its Unintended Consecuences, 2012). Creo que, en este sentido, vale la pena entrar a www.ifballiance.org en el que se proponen alianzas entre instituciones y asociaciones de salud, productores y distribuidores de alimentos y bebidas y el público, con un único fin, lograr una vida sana para todos.
La realidad es que, ni en el caso de la mariguana ni en el de la obesidad es válido actuar como Savonarolas de la salud, porque el camino no está por ahí; creo que se debe despenalizar la mariguana y liberar a los miles de mexicanos presos por tener en la bolsa un carrujo de más, y que se debe educar a los mexicanos para que aprendan a comer y a beber, sin olvidar los determinantes sociales que hacen que coman y beban como hoy lo hacen.
*Médico y escritor