Visite la casa de Antonieta Rivas Mercado

Hay gentes que vamos por la vida mirando casas embobadas, con su aire, la luz, la altura de los techos y, en la noche, desde el auto donde nos desplazamos a nuestras soledades, la intimidad de cortinas semicerradas nos llena de inquietud porque sabemos que esa ampolla ...

Hay gentes que vamos por la vida mirando casas embobadas, con su aire, la luz, la altura de los techos y, en la noche, desde el auto donde nos desplazamos a nuestras soledades, la intimidad de cortinas semicerradas nos llena de inquietud porque sabemos que esa ampolla dorada escapándose a la calle indiferente es la recámara de mi tía Lelita, mi abuela en realidad, donde flota el humo de la pajuela y descansa su dulce cuerpo de camisón inmaculado, apenas visible con la lucecilla de la lámpara del buró. Nos tapamos con un “poncho” del ruido del tránsito nocturno incesante mas no apagado por completo y rezamos. Exactamente esa escena me vino a la mente al caminar por las alcobas de la casa donde nació María Antonieta Valeria Castellanos Rivas Mercado. Es un palacio magnífico enclavado en el barrio más proletario (dirían) cuya pobreza no ha logrado borrar lo bello imparable del hogar del cual huyó María Antonieta tras el amor de su vida, ese sí, desgraciado, apoteósico, adjudicado, eterno para con José Vasconcelos (si tú me llamas Jesús yo voy). París. Atrás la casa donde vivió su infancia dorada, con sus hermanos, su divino padre, y su madre, quien habría de abandonar también el hogar y tras un hombre… María Antonieta cierra los maderos de los balcones y toma la misma desgarradora decisión de su madre: sigue a quien tenía su “corazón deshecho entre sus manos” cito entretejiendo frase y dolor.

La casa de Héroes 45 (“Estas ruinas que ves, Oh Fabio…”) repito, está siendo reconstruida por magos maravillosos de la voluntad de Ana Lilia Cepeda y, claro, del Gobierno del D.F. Fuimos un grupo a ver los avances, las columnas dóricas, los pisos de mosaico italiano, del parqué, los murales al paso para los corredores, la escalera preciosísima para las recámaras silenciosas de los aristócratas de un tiempo desaparecido. El arquitecto Rivas Mercado  hizo el Ángel de la Independencia y con tu venia terminó el teatro Juárez, de mi Guanajuato. Yo viví su casa renaciente bajo la lluvia y apretada de frío.

                *Escritora y periodista

                marialuisachinamendoza@yahoo.es

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