Del negro al rojo

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Marcelino Perello 01/07/2014 01:16
Del negro al rojo

¿Qué demonios está pasando en Irak? Difícilmente encontraremos a nadie mínimamente calificado para responder con un mínimo de precisión a tan pertinente como incómoda pregunta. Bien a bien, nadie lo sabe. Ni siquiera los supuestos expertos ni las personas —independientemente de su posición, origen y filiación— directamente implicadas en la terrible situación.

Al hojear la prensa de estos días —en el mundo entero, que quede claro— se entera uno (es un decir) que quién sabe cómo y quién sabe por qué y desde cuándo, más de la tercera parte del territorio de Irak se encuentra bajo control de una fantasmagórica y poderosísima fuerza insurgente llamada “Estado Islámico de Irak y de Oriente”, EIIO, por sus siglas en español (normalmente en los periódicos de los países hispano parlantes, lo traducen como EIIL, pues utilizan el término “Levante”, más común en la Península).

Y también nos enteramos de que, de buenas a primeras, de repente, el ejército “oficial” de Bagdad ha decidido combatirla. Nadie nos explica por qué no lo había hecho antes y se esperó a que la situación llegara a estos tremebundos y sanguinarios extremos. Y nadie nos lo explica sencillamente porque nadie parece saberlo a ciencia cierta.

Y es que, eso sí lo sabemos, la situación ha alcanzado los niveles de auténtica “catástrofe humanitaria”, como está en boga llamar al apocalipsis. Sólo en estas últimas semanas han muerto miles, probablemente decenas de miles de personas, la gran mayoría no combatientes. Y han debido huir en tromba de sus hogares centenares de miles, tal vez millones de personas. De ese tamaño están las cosas ante nuestra ignorancia y algo que se encuentra en algún lugar entre el pasmo y la indiferencia. Da igual. Ambas a fin de cuentas no constituyen sino formas de la complicidad.

Los milicianos de EIIO se han hecho con las dos principales ciudades —después de Bagdad— de la antigua Babilonia, Mosul y Tikrit. La importancia de esta última es, además, de un peso simbólico harto significativo debido a dos motivos no del todo independientes. Por un lado, es la ciudad natal del depuesto y asesinado presidente Saddam Hussein, lo que la convierte en una especie de “lugar sacro” para los sunitas. Y por el otro, en sus afueras se encuentra la mayor Ciudad Universitaria del mundo, construida precisamente en los últimos años del régimen de aquél.

En efecto, el EIIO es de obediencia sunita, lo cual, de alguna manera, los acerca al antiguo régimen, demolido por la intervención militar estadunidense hace 12 años, y los enfrenta al actual gobierno, chiita. Los dos pueblos (sin contar a los kurdos), cuyas diferencias van más allá de lo estrictamente religioso, que conviven —es un decir—, son precisamente los sunitas, más ligados a Siria, y los chiitas, más cercanos a Irán. Por ello, para acabar de anudar la confusión, no se acaba de entender el adjetivo “Oriental” en el nombre de los yihadistas. Como que algo está al revés.

Al principio, parece ser que la yihad islamista, como quien dice “guerra santa” o “cruzada liberadora”, que los insurgentes han emprendido, no poseía una sede fija y sentaron sus reales, de manera itinerante, en la zona entre Mosul y Arbil; tampoco se habían decidido a llevar a cabo una asamblea fundacional. Pero a medida que el levantamiento cobró fuerza, debieron trasladarse y fijar un centro único de operaciones, convocar a una especie de “Concilio Ecuménico” e iniciar una campaña en pos de adhesiones y de recursos logísticos y económicos.

Propusieron una única ubicación totalmente opuesta. Para incorporar nuevos contingentes hicieron el necesario ajuste recurriendo a notorios jeques adeptos, negociaron otros soportes firmes resguardados en giros ocultos. Algunos líderes opositores sunitas también respaldaron el sínodo.

Acabaron instalándose lejos de ahí, en Al Buqamal, en la provincia siria de Al Raqa, cerca de la frontera, y avanzaron, de manera incontenible, sobre Bagdad. Hoy se encuentran a 60 kilómetros de la capital. Y descontando. El ejército gubernamental, si hemos de creer a las pocas crónicas confiables que nos llegan, se encuentra en desbandada y ha sido sustituido, de hecho —y como parecen probar las fotografías publicadas en Excélsior— por mercenarios organizados, pagados y pertrechados por Washington, a través de las tristemente célebres compañías privadas de combate, como Blackwater o Academi.

¿Quién está detrás de los yihadistas? Lo siento, expectante lector. Esta vez le voy a quedar mal. Aquello es un auténtico merequetengue. A saber qué es lo que está en juego ahí. En fin, entendámonos, obviamente el fluido negro y oculto de los veneros que les escrituró el diablo ocupa un lugar honorífico entre las causas que originan y subyacen el conflicto. Y el fluido rojo y estridente que brota de los cuerpos ametrallados y desgarrados que cubren calles y campiñas son su resultado. El rojo y el negro. Del negro al rojo.

                *Matemático

                bruixa@prodigy.net.mx

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