En el corazón del mar

En pleno siglo XXI, en la era del rescate del equilibrio de la averiada relación entre el género humano y la madre naturaleza, cuando se ejercen todo tipo de prácticas para conservar especies en peligro, cuando se emprenden campañas contra el uso de animales en los ...

En pleno siglo XXI, en la era del rescate del equilibrio de la averiada relación entre el género humano y la madre naturaleza, cuando se ejercen todo tipo de prácticas para conservar especies en peligro, cuando se emprenden campañas contra el uso de animales en los circos, cuando se tratan de abolir los espectáculos protagonizados por orcas, delfines y focas, supuestamente adiestrados, domesticados, y en feliz convivencia con entrenadores y público, que no hacen más que acabar con su equilibrio físico y mental, empujándolos a conductas violentas de defensa, indeseables para el éxito económico del show, y de las que se les culpa después.

Es en este tiempo, en que ha cambiado radicalmente la forma de pensar en torno a esas bellísimas criaturas marinas, que llega de manera casi inoportuna una película como En el corazón del mar (In the heart of the sea, Estados Unidos, 2015).

Basada en la leyenda-tragedia vivida por sobrevivientes, que a su vez dio pie a la novela En el corazón del mar, de Nathaniel Philbrick que registra el hundimiento, por el ataque de un cachalote, del barco ballenero Essex, que zarpó de Nantucket, en Massachusetts, en 1820.

La historia es comprensible ubicada en su contexto histórico: para esos años el aceite de ballena era junto con el carbón una fuente de energía vital.

Para ello muchos pueblos y ciudades costeras tenían como forma de vida exclusiva la caza de ballenas y la compra venta del aceite extraído de sus cuerpos.

Hoy esta historia, con todo y sus impresionantes efectos especiales, llega como 60 años tarde.

Me quedo con Moby-Dick, dirigida por John Huston, con un imponente Gregory Peck en el papel del Capitan Ahab, que sí sabe establecer una relación de igual a igual con la impresionante ballena.

La película En el corazón del mar, dirigida por Ron Howard junto al guionista Charles Leavitt, introduce a un joven escritor, precisamente Herman Melville (Ben Whishaw), que lleva años obsesionado por la historia del famoso Essex y su tragedia, de la que quiere escribir una novela.

Finalmente ha encontrado a un sobreviviente, Tom,  Brendan Gleeson de viejo, y Tom Holland de joven. Tras vencer su resistencia e instigado por su mujer, el amargado y traumatizado Tom accede a compartir con Melville los recuerdos de la dolorosa aventura vivida cuando él sólo tenía 14 años. 

Viajamos a 1820, a la bahía de Nantucket. El personaje central es Owen Chase, interpretado de manera convincente por Chris Hemsworth. Owen aspira a ser el capitán del Essex, que está a punto de zarpar, pero los propietarios imponen a George Pollard, un muy gris Benjamin Walker, obviamente con la intención de que el personaje de Owen Chase, que queda de primer oficial, pueda apoderarse de la escena y el mando.

Ya con cierta animosidad entre ambos hombres el barco se hace a la mar en busca de ballenas.

Después de varias semanas y tras haber pescado un cachalote son embestidos por un descomunal ejemplar, de un tamaño nunca antes visto.

El ataque destroza el barco y los sobrevivientes quedan a la deriva en lanchas. No le cuento más.

El guión zozobra, al igual que el barco, en lo más importante: no llega a generar empatía con los personajes, no los conocemos lo suficiente, no nos conectamos ni nos emocionamos con ellos.

Es más, sentí más solidaridad con el aguerrido cachalote que con los tripulantes del Essex.

Muy buenos efectos, pero muy mediano entretenimiento.

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