Viento aparte
Antes de empezar este comentario le pregunto a usted si ha notado que no se han estrenado películas mexicanas en la cartelera comercial de las últimas semanas. Creo que lo último que vi fue Güeros, y eso porque por sus triunfos en la entrega del Ariel se aprovechó la ...
Antes de empezar este comentario le pregunto a usted si ha notado que no se han estrenado películas mexicanas en la cartelera comercial de las últimas semanas. Creo que lo último que vi fue Güeros, y eso porque por sus triunfos en la entrega del Ariel se aprovechó la ocasión para programarla nuevamente. Fuera de eso no recuerdo más.
Viene el Festival de Cine de Guanajuato, que proyectará algunas producciones nacionales en este mes de julio. En agosto, septiembre y octubre pueden ubicarse buenas fechas para estrenos. Después llega el Festival de Morelia y, a partir de ahí, quedan prácticamente bloqueados los espacios con la temporada de fin de año, y las semanas previas a la entrega del Oscar, que no permiten el paso a películas mexicanas.
Hoy me ocupo de una buena cinta mexicana que se puede ver a partir de hoy en Cineteca Nacional/Cine Tonalá/Casa del Cine/Cinemanía/Le Cinéma-IFAL/Film Club Café, y en las plataformas digitales Filminlatino (de IMCINE) y MUBI. Brilla por su ausencia en Cinépolis y Cinemex. Me pregunto por qué.
Viento aparte es el segundo largometraje de Alejandro Gerber Bicecci, que debutó con Vaho en 2010. Escrita, dirigida y producida por él, el relato gira en torno a Omar y Karina —los debutantes Valentina Buzzurro y Sebastián Cobos—, dos hermanos adolescentes que viajan con sus padres por las playas de Oaxaca, cuando su mamá se desploma y es llevada de emergencia a un hospital por el desesperado papá, quien tiene que dejarlos para que regresen solos a la Ciudad de México. Omar tiene 16 años, Karina alrededor de 13; la relación entre ambos no es precisamente buena, pero en ese azaroso viaje sólo se tendrán el uno al otro, y dejará una profunda huella en sus vidas. Las circunstancias complican las cosas cuando se ven forzados a viajar hasta Paquimé, en Chihuahua, para alcanzar a su abuela. Es decir, tienen que cruzar el país entero, casi dos mil 500 kilómetros.
El argumento de Gerber tiene una gran virtud: no cae en maniqueísmos, ni todo es bueno ni todo es malo. Convertida en una road movie, en cada lugar donde los jóvenes van deteniéndose se encuentran con todo tipo de personas; están inquietantemente cerca del peligro y la violencia, pero también hay gente bien intencionada que trata de ayudarlos. Lo importante es el recorrido por un México que se debate entre la injusticia, la protesta, la impunidad, la tranza, pues las consecuencias del encuentro con este otro mundo son fundamentales para los hermanos. Omar y Karina habían vivido en una burbuja protegidos por sus padres, ella, Úrsula Pruneda, una espléndida actriz que imprime ternura y calidez a sus interpretaciones. En ese viaje forzado en que sale lo mejor y lo peor de cada uno, se plantea simultáneamente la preocupación de ambos por la salud de la madre, expresada en silencios, y se intercalan videos que Omar grabó durante las vacaciones, antes de que la mamá cayera en la crisis. Se intuye que una pregunta flota en la mente de ambos sin que la expresen.
Viento aparte es una historia sobre la pérdida de la inocencia. Sobre esos hijos que en nuestro país, y por múltiples situaciones, se quedan solos para enfrentar la vida con las escasos recursos con que cuentan en su conflictiva adolescencia. Es un sensible vistazo al México que nos duele a todos, que no cae en el fatalismo de otras producciones, pero recrea la verdad con su crudeza.
En un fin de semana con estrenos muy flojos, Viento aparte es la película que hay que ver. Muy recomendable.
