El círculo roto

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Lucero Solórzano 03/09/2014 00:00
El círculo roto

Representando a Bélgica en la pasada entrega del Oscar, la película que hoy nos ocupa, El círculo roto (The Broken Circle Breakdown, Bélgica, 2012), estuvo entre las cinco candidatas al galardón a la Mejor Película Hablada en Lengua No Inglesa. Finalmente la italiana La gran belleza se alzó con el premio.

El círculo roto es una historia de amor muy bien contada, cruda, hasta desoladora, pero que no cae en lugares comunes o estereotipos muy gastados en este género. Es, además, original y la música es un elemento fundamental, casi la columna vertebral en el argumento escrito por Johan Heldenbergh, y Mieke Dobbels con otros tres colaboradores, basados en la obra de teatro homónima de los primeros. Dirigida por Felix Van Groeningen es una historia de amor muy humana, con la que es fácil establecer una conexión.

Heldenbergh es, además, el protagonista junto con Veerle Baetens, dando ambos vida a Didier (Monroe) y Elise (Alabama), dos jóvenes de mundos aparentemente opuestos, pero que a través del amor van descubriendo más coincidencias que diferencias. La historia se mueve en distintos tiempos y va desplegando un rompecabezas que cobra sentido hacia el final.

El inicio presenta a Didier y Elise en un hospital con su pequeña hija de seis años, Maybelle. Elise es una tatuadora, él, un cantante de música country o bluegrass. La niña ha presentado síntomas extraños y se le ha diagnosticado una grave enfermedad. Viajando al pasado conocemos la historia de amor de esta pareja durante casi siete años, desde su primer encuentro, que los lleva a enamorarse a primera vista. Aun con sus diferencias, ambos son dos espíritus libres, fuertes, gozosos, sensuales, con un gran amor a la vida que les pondrá una dura prueba con el paso de los años.

El tema de los niños enfermos y sufriendo es muy explotado en el cine. Se puede caer fácilmente en el melodrama, en la tragedia lacrimógena que provoca una respuesta automática del público que se conmueve con el chantaje. Pero esto mismo me lleva a recordar muy buenas películas dentro de esta temática como Un milagro para Lorenzo, de George Miller, con Nick Nolte y Susan Sarandon, interpretando a los padres desesperados que se dan a la tarea de emprender ellos mismos la investigación científica para encontrar la cura al padecimiento de su hijo, y en otro tono, la francesa Declaración de guerra, de Valérie Donzelli, en la que una joven pareja lucha con optimismo y sin entregarse a la derrota, contra el tumor de su bebé.

El círculo roto va en esa línea, y las actuaciones de Johan Heldenbergh y Mieke Dobbels como la atribulada pareja a la que parece venírsele encima una enorme montaña ante la enfermedad de su niña, junto con la frescura y espontaneidad de la pequeña actriz que da vida a Maybelle, Nell Cattrysse, van construyendo personajes sensibles, frágiles, de manera honesta sin dramatismos innecesarios.

La complicidad entre la música y la edición va enmarcando el relato, y además aporta equilibrio cuando el dolor y la impotencia sólo parecen olvidarse en esos momentos en que Veerle Baetens pone su adolorido corazón en la interpretación de una melancólica tonada, mientras Johan Heldenbergh rasga su banjo acompañado del resto de su banda.

Destaca en el guión la crítica frontal que Heldenbergh hace a la doble moral y el puritanismo norteamericanos, en particular las contradictorias políticas de George Bush hijo, que durante su gobierno entorpeciera el avance de los tratamientos con células madre en base a prejuicios religiosos, pero que se alzara en feroces contiendas bélicas que costaron miles de vidas inocentes.

El círculo roto es una historia sobre el poder (o no) de la fuerza del amor, en la que con sensibilidad se muestra que a veces los sentimientos, por profundos que sean, no alcanzan, no consuelan, no remedian.

Se la recomiendo ampliamente.

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