Las vueltas del destino

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Lucero Solórzano 26/02/2014 00:00
Las vueltas del destino

Me queda claro: los títulos de las películas deben hacer que el público se interese por verlas, es decir, ser comerciales. Ante eso no tengo ninguna queja. Pero de que en ocasiones los distribuidores se exceden en el traslado de un título en inglés al español, me canso que se exceden. Con tal de ser explicativos con la subestimada inteligencia de los espectadores, dándoles una especie de adelanto de lo que trata la película, caen en cursilerías, desatinos y se hacen sumamente condescendientes.

Hoy tenemos otra muestra en Las vueltas del destino (August: Osage County, Estados Unidos, 2013), que se estrena este viernes en nuestro país. En efecto, es de difícil traducción porque es el nombre del condado donde suceden los hechos, pero August es agosto, así de fácil, pero se andan por las ramas. Bueno, a otra cosa.

Por ser la adaptación de una obra de teatro del mismo título, se trata de una película de actuaciones, y precisamente esas son sus dos únicas nominaciones: Meryl Streep, como siempre impresionante y candidata a Mejor Actriz, y Julia Roberts, que cumple con todo y el monstruo de la actuación con el que comparte la pantalla, nominada a Mejor Actriz de Reparto.

Las vueltas del destino es la segunda película como director de John Wells, quien tiene una larga y prolífica trayectoria como productor de exitosas series de televisión. Está basada en la obra homónima de Tracy Letts que se ha representado en Nueva York, Chicago, Madrid, Barcelona y Buenos Aires. La adaptación cinematográfica es del propio Letts y sigue a una familia patológicamente disfuncional, con sus miserias y carencias. (Aquí entre usted y yo, no conozco ninguna familia en este estado de enfermedad).

El patriarca de la familia Weston, que ha sido un poeta reconocido pero se encuentra deprimido y decepcionado, muere sin que quede claro si fue un accidente o se suicidó. Su esposa es Violet, en otro trabajo destacadísimo de Meryl Streep. Eran una pareja muy distanciada, por la rutina, el aburrimiento, el alcoholismo de él y la adicción a las pastillas de ella, que además sufre cáncer de boca y trata de sobrellevar las molestias de las radio y quimioterapias, llenándose de pastillas, cuyas recetas le provee un poco ético siquiatra que la “controla”.

Como en muchas historias familiares que toman como pretexto una reunión por desaparición, muerte o matrimonio de algún miembro, o simplemente la tradicional cena de Acción de Gracias, es el fallecimiento del padre la ocasión para que las tres hijas y otros miembros de este clan viajen y se reúnan en la casa familiar. La gran cantidad de basura, rencor, resentimientos y hasta odios feroces que todos guardan bajo la alfombra, emergerán sin ningún tipo de reparo. El detonador es la neurótica Violet, la matriarca que ha sido injusta con todos, que ha marcado profundas diferencias en el trato con sus hijas, que le hizo la vida difícil al malogrado marido, que se ha entregado a una destructiva adicción a drogas y calmantes, que no se toca el corazón para humillar, reclamar, herir, insultar.

Las tres hijas han perdido hace mucho tiempo aquel significado que la palabra “hermanas” tuvo en sus vidas:  Bárbara (Roberts), en grave crisis en su matrimonio, aunque el marido la acompaña (Ewan McGregor), y alejada de su hija adolescente; Ivy, que se ha quedado a cuidar a la madre, y Karen (Juliette Lewis), que cree haber encontrado la felicidad en un patán de dudoso pasado.

A eso hay que añadir otros miembros de la familia que aportan su cuota de disfunción y no poca violencia sicológica, y que en el pasado tejieron la trama que puede dar al traste con los intereses de la siguiente generación.

Las vueltas del destino tiene pocos buenos momentos, varios de ellos a cargo del talento de Meryl Streep y la grata presencia de Chris Cooper. El ritmo es disparejo y se pierde el interés, se hace reiterativa y cae en lugares comunes, muy típicos de este tipo de argumentos. Está completamente instalada en el melodrama, se nota mucho que es una obra de teatro y roza el género de la telenovela, o soap opera, como le dicen nuestros vecinos.

Lo mejor: la señora Streep.

Lo peor: una buena historia, mal contada.

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