Buscando un Beatle

Tres títulos muy diferentes desfilaron entre lunes y martes por las alfombras rojas de la Sección Oficial en Donosti. Aunque muy local y con características que llevan a preguntar si es para un festival de los niveles de San Sebastián, se presentó con muy buena ...

Tres títulos muy diferentes desfilaron entre lunes y martes por las alfombras rojas de la Sección Oficial en Donosti.

Aunque muy local y con características que llevan a preguntar si es para un festival de los niveles de San Sebastián, se presentó con muy buena respuesta del público la película Vivir es fácil con los ojos cerrados del español David Trueba.

El argumento del propio Trueba está ubicado en 1966 y gira en torno a un profesor de inglés que utiliza las letras de las canciones de Los Beatles para facilitar el aprendizaje a sus alumnos. Protagonizada por Javier Cámara, que igual se da vuelo como un afeminado sobrecargo en Los amantes pasajeros, que se pone en los zapatos de un maestro solitario y solterón al que todo le que le falta de pelo, le sobra en buen corazón.

Este maestro es admirador de hueso colorado de la música de Los Beatles y se entera de que John Lennon está en Almería filmando una película. Era la época de las crisis entre el cuarteto, y el Beatle había aprovechado un receso entre giras para viajar a España con su familia y  Richard Lester, que ya había dirigido a Los Beatles en el cine.

Los hechos son reales, la cinta es Cómo gané la guerra (How I won the war, 1967, Reino Unido) y Trueba aprovecha la anécdota para contar una historia muy personal sobre Antonio, este maestro que hace toda una exploración filosófica de Help! para llevar a sus alumnos a la comprensión de las letras de Lennon y McCartney, hacer que se enamoren de ellas y de paso, si es posible, que aprendan inglés. El título de la película obedece a la letra de Strawberry fields forever cuando dice living is easy with eyes closed —vivir es fácil con los ojos cerrados—.

El sueño de Antonio, conocer a John, parece muy viable al saber que se encuentra en España. Se sube a su destartalado coche y toma el camino de Almería. En su recorrido se sumarán dos compañeros de viaje: un adolescente en plena actividad hormonal que lleva pésima relación con su padre por lo que decide huir de su casa, y una joven soltera embarazada de tres meses que decide abandonar la casa en la que esperaba la llegada del bebé para entregarlo en adopción.

Queda así bien redondeada la fórmula para una road movie en la que los personajes van buscando algo, pero siempre encuentran otra cosa que los hace crecer, madurar y guardar la experiencia como un tesoro entrañable.

En efecto, Vivir es fácil con los ojos cerrados es un cliché monumental y se pasa varias veces al terreno de la comedia dulzona con ciertos tintes de drama, pero no se le puede negar que funciona y que el público sale agradecido. Insisto, no sé si es una película para estar en un festival internacional, pero gustó mucho.

En otro tono muy distinto el veterano francés Bertand Tavernier presentó ante una espléndida respuesta de público y prensa Quai D’Orsay que está inspirada en un comic muy popular en Francia del mismo título. El comic cuenta la historia de Arthur Vlaminck, un joven redactor de discursos en los altos niveles de la compleja política francesa. Tavernier construye una muy inteligente y ágil sátira política en torno a un primer ministro interpretado por Thierry Lhermite, un actor completísimo con un amplio registro que le permite pasar de dramas a thrillers o a comedias, como es el caso de Quai  D’Orsay en la que se apodera de la película en un juego de diálogos frenético cargados de comicidad con creatividad e ingenio.

Esta es una película que podríamos llamar “local”, pues el argumento está muy localizado en los movimientos de la política europea, particularmente la francesa, y hay constantes alusiones a problemas domésticos o de la región por conflictos diplomáticos imaginarios con países africanos, o en pugna con la política estadunidense.

Recuerde usted el título, Quai D’Orsay (algo así como Muelle de Orsay). Si llega a México en una muestra de la Cineteca o algún festival de cine o en el Tour de Cine Francés, no puede perdérsela.

Finalmente, de Austria se presentó Octubre-noviembre, de Götz Spielmann. Muy buena primera parte en la que seguimos a dos hermanas cuyas vidas se han separado cuando toman muy distintos caminos: una es actriz, una joven bella, fría, taciturna, que guarda algo; la otra es mayor y vive con su esposo e hijo en una posada que atiende acompañando además al padre de ambas que está gravemente enfermo del corazón. Spielmann sorprende en ese primer acto en el que vamos descubriendo los lazos que unen a las dos mujeres. Pero en los últimos 40 minutos opta por introducirnos en la larga agonía del padre de manera descarnada y brutal, sin que este suplicio para el espectador tenga algún sentido en el relato o aporte algo.

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