Parque Jurásico: 7 minutos
El viernes pasado se estrenó de nuevo la película Parque Jurásico Jurassic Park, Estados Unidos, 1993. Veinte años después ahora viene con el “plus” de la tecnología de la 3D, y no puedo evitar preguntarme ¿para qué? Puedo sonar ingenua, lo sé. Obviamente el ...
El viernes pasado se estrenó de nuevo la película Parque Jurásico (Jurassic Park, Estados Unidos, 1993). Veinte años después ahora viene con el “plus” de la tecnología de la 3D, y no puedo evitar preguntarme ¿para qué?
Puedo sonar ingenua, lo sé. Obviamente el objetivo del reestreno de ésta y otras películas en la nueva modalidad —pero vieja también— de la tercera dimensión, es hacer más dinero y no tiene vuelta de hoja. Pero no cabe duda que muchas veces estos intereses mercantilistas pueden dar al traste con una buena producción cinematográfica, que vale mucho más por el recuerdo que de ella tiene el espectador, y porque en su momento brilló como la máxima muestra de aquellos avances tecnológicos en materia de cine. Desde su estreno en 1993 Parque Jurásico ha recaudado más de 900 millones de dólares, nada despreciables. Las dos secuelas no corrieron con la misma suerte.
Con todo y sus detractores Steven Spielberg sigue siendo el amo del cine de entretenimiento, bien comercial, muy yanqui, que sabe contar historias, emocionarnos, ponernos al borde de la butaca, conmovernos, sorprendernos y darnos uno que otro susto. Así lo demostró en Parque Jurásico con la que revolucionó el propio cine con sus grandes efectos especiales y reactivó el interés por los dinosaurios, esas criaturas que siempre han fascinado a la humanidad y que en la película del director de Tiburón aparecen sólo siete minutos.
La propuesta de Spielberg derivada de la novela de Michael Crichton es que a partir de la manipulación genética de DNA de algún dinosaurio, contenido en el cuerpo de un mosquito, se puede traer a la vida a esos gigantescos animales de los que nos separan más de 65 millones de años (como bien se dice en la película).
Cuando el hombre quiere ganarle la carrera a Dios o jugar a que no lo necesita, las cosas suelen salir mal y esa es la moraleja en Parque Jurásico, ya que por algo el hombre y los dinosaurios nunca coexistieron. John Hammond, el excéntrico millonario que alcanza su sueño construyendo una espectacular reserva habitada por triceratops, velociraptores, tiranosaurios, pterodáctilos y otros ejemplares, se frotaba las manos pensando en el éxito científico y comercial. Como un moderno doctor Frankenstein, el protagonista de Parque Jurásico se obsesiona ciegamente ante lo que considera un interés legítimo por “hacer ciencia”.
Brincándose códigos de ética, de moral, de la propia ciencia y hasta de sentido común, las conjeturas de Crichton y Spielberg influyeron en muchas esferas: los arqueólogos y paleontólogos hicieron nuevos descubrimientos al reactivarse la investigación; los productores de programas sobre la vida salvaje y la naturaleza entraron en una verdadera fiebre de documentales sobre el tema no siempre muy científicos; proliferaron las réplicas de dinosaurios, los juguetes, videojuegos, libros y, por supuesto, una nueva atracción en los parques temáticos que reproduce la experiencia al hacernos sentir tragados por un rex.
Como corolario muy poco después una oveja de nombre Dolly fue clonada a partir de una “célula adulta”. El gran público ya se imaginaba que a partir de eso y con el antecedente “informativo” de Parque Jurásico se podría reproducir cualquier cosa, hasta seres humanos.
Con poco más de dos horas de duración de los cuales siete minutos muestran a los dinosaurios generados de manera digital, Spielberg nos llevó a caminar entre esas criaturas formidables. Escenas memorables como el vaso de agua cuyo leve movimiento está provocado por la vibración de las pisadas de un T-Rex y la persecución posterior con la imagen de éste reflejada en un espejo retrovisor, los niños escondidos y paralizados de miedo en la cocina mientras un astuto velociraptor acecha para convertirlos en su cena (probablemente la mejor de la película), el gordo malvado que se roba los embriones atrapado en una tormenta, sin lentes y amenazado por un bicho horroroso, el ambicioso abogado sentado en un WC y cuyo cuerpo es devorado por el tiranosaurio... Toda la película marca un antes y un después en el cine de acción y efectos especiales.
Es más, la veré en 3D y le cuento cómo me fue.
