Optimismo y cautela

Si así le conviene a Trump, en cualquier momento podría suspender las negociaciones y sacar a su país del Tratado. Por tanto, mientras no se aprueben las nuevas disposiciones del TLCAN por parte de los congresos de los tres países, 
la incertidumbre sobre su futuro continuará.

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

“Es el peor tratado comercial de la historia”. Así caracterizó el entonces candidato presidencial, Donald Trump, al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Prometió, entonces, renegociarlo y, de no lograrse un buen acuerdo, sacar a su país del Tratado. Pues bien, el jueves pasado, el nuevo representante comercial de Estados Unidos, Robert E. Lighthizer, finalmente envió a los líderes del Congreso la notificación oficial del Presidente para renegociar el TLCAN. De acuerdo a la legislación estadunidense, el Ejecutivo podrá comenzar las negociaciones con México y Canadá en 90 días, es decir, el próximo 16 de agosto.

Hay motivos para estar optimistas por esta misiva de Lighthizer de apenas 497 palabras. Primero, contra lo que había sugerido en algunas ocasiones la administración Trump de que privilegiaría los tratados bilaterales de comercio, la renegociación del TLCAN será trilateral: participarán los tres países involucrados. Esto es importante para México ya que, junto con Canadá, puede tener más poder frente al elefante estadunidense. Hay que recordar que los canadienses, a principios del año, habían tomado la determinación de dejar solos a los mexicanos creyendo, erróneamente, que Trump sólo traía bronca contra de México. En estos meses ya se dieron cuenta que el proteccionismo comercial de la Casa Blanca también los puede afectar a ellos y ahora, oh sorpresa, están interesados en una negociación trilateral. Lo mismo, en principio, los estadunidenses, lo cual es una buena noticia.

Un segundo motivo para el optimismo es el tono de la carta de Lighthizer. Está muy lejos de la retórica incendiaria de Trump durante la campaña e incluso de una misiva anterior que se había filtrado hace unas semanas a los medios. La carta enviada al Congreso habla de modernizar el TLCAN: “Mientras que nuestra economía y las empresas han cambiado considerablemente durante ese periodo, el TLCAN no lo ha hecho. Muchos capítulos están anticuados y no reflejan los estándares modernos”. En eso están de acuerdo México y Canadá. De ahí que hayan negociado el Acuerdo Transpacífico de Comercio (TPP), que sustituiría al TLCAN, pero que Trump canceló en cuanto tomó posesión del gobierno estadunidense.

No hay duda que hay mucho espacio para modernizar el TLCAN. Pero, como siempre ocurre en este tipo de asuntos, el diablo estará en los detalles. Aquí ya tenemos que empezar a ser más cautos en nuestro optimismo. La carta de Lighthizer es muy general en cuanto al alcance de las negociaciones. Menciona temas como comercio digital, derechos de propiedad intelectual, prácticas regulatorias, empresas estatales, servicios, procedimientos aduaneros, medidas sanitarias y fitosanitarias, mano de obra, medio ambiente y pequeñas y medianas empresas. Como puede observarse, aquí cabe todo.

Además, de pasadita, en la misiva hay una frase que puede resultar muy peligrosa: “Es vital para el éxito de los acuerdos, y debería mejorarse en el contexto del TLCAN, la implementación eficaz y el cumplimiento agresivo de los compromisos asumidos por nuestros socios comerciales bajo los tratados comerciales”. ¿Qué es eso? ¿En qué están pensando?

Por fortuna, el gobierno mexicano no está descorchando el champagne dejándose llevar por un falso optimismo. Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, ha dicho que habrá temas “que serán difíciles de negociar”. Mencionó, por ejemplo, las reglas para fortalecer las cadenas de valor de la región o la pretensión estadunidense de equilibrar los déficits comerciales entre los países (EU tuvo un déficit con México de 63 mil millones de dólares el año pasado).

Agrego dos temas más para ser cautos en cuanto al TLCAN. Primero, México estará negociando con un gobierno cada día más débil. En este sentido, puede tener la tentación de radicalizarse para mantener el apoyo de su base electoral. Si así le conviene a Trump, en cualquier momento podría suspender las negociaciones y sacar a su país del Tratado. Por tanto, mientras no se aprueben las nuevas disposiciones del TLCAN por parte de los congresos de los tres países, la incertidumbre sobre su futuro continuará.

Segundo, los tiempos. La renegociación comenzará a mediados de agosto. Típicamente, un acuerdo de este tipo lleva por lo menos un año para pactarse. Pero México tiene elecciones presidenciales en julio del año que entra y Estados Unidos intermedias en noviembre. Al día de hoy se ve muy difícil que las tres naciones puedan negociar un buen acuerdo en un periodo tan corto de tiempo.

                Twitter: @leozuckermann

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