Despido justificado

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José Luis Vargas Valdez 02/05/2014 02:00
Despido justificado

Una vez que terminó el periodo ordinario de sesiones en ambas cámaras del Congreso de la Unión, volvemos a constatar que la mayor parte de los legisladores federales del país debieran ser despedidos justificadamente por sus representados.

Hoy sabemos que aún y cuando en ambas Cámaras se hizo el intento por legislar a marchas forzadas, el resultado es que los legisladores incumplieron su propósito y no fueron capaces de aprobar las tres reformas estructurales que constituían el eje de dicha legislatura para concretar las reformas constitucionales en materia de telecomunicaciones, energética y en la político–electoral.

Se trata de algo frecuente, pues en cada periodo parlamentario nuestros representantes hacen evidente su incumplimiento a las metas que se proponen debido, entre otras cosas, al método improductivo de trabajo y a su incapacidad de arribar a acuerdos políticos que vayan en el mejor interés de la ciudadanía.

Hablar de  despido masivo de legisladores puede parecer una reacción visceral, pero no lo es si atendemos a los criterios comunes que miden la productividad en cualquier sector del ámbito público o privado: la eficiencia, la eficacia y la productividad. Por eficiencia se entiende la utilización correcta de recursos (económicos, materiales y humanos) para alcanzar las metas esperadas;  mientras que eficacia es la capacidad de cumplir resultados en el tiempo adecuado. Finalmente la “productividad” es la capacidad de alcanzar los máximos niveles de producción con lo recursos con los que se cuenta.

Todos estos conceptos de la empresa implican la posibilidad de medir objetivamente una determinada actividad o producción, a través del cumplimiento de metas y resultados en un determinado plazo.

Según el informe Parlamentario Mundial, el presupuesto real para operar el Congreso en México hasta el año 2012 estaba por arriba de los mil 100 millones de dólares. Los 500 diputados y los 128 senadores cuentan con aproximadamente una plantilla promedio de siete mil 500 trabajadores, con lo cual rebasan por más de tres veces el promedio mundial. Sus días productivos en el pleno y en comisiones de cada Cámara no rebasan los 60 días reales, mientras que países como Francia, Brasil o EU rondan entre 150 y 200 días productivos. Un factor adicional que abonaría de forma determinante para llamar a un imaginario consejo de administración que ejecute estos despidos,  radica  en el enorme déficit de la calidad del trabajo legislativo. Pues la mayor parte de problemas institucionales y legales que tenemos, encuentra una causa en la baja calidad y deficiencias de las leyes que emiten los órganos parlamentario del país.

Ejemplos de irresponsabilidad sobran, pero recientemente hemos visto cómo de un plumazo el legislador federal desmanteló el sistema de normas en materia electoral, erigió una nueva autoridad electoral —el INE—  y nadie entiende bien cómo deberá operar esa institución y el sistema federal de cara a las elecciones del 2015. También casos de cinismo nos sobran, como el más reciente del coordinar parlamentario del PAN en el Senado, Jorge Luis Preciado, quien además de organizar sus guateques personales en el recinto parlamentario, afirma con gran orgullo que por el bien de todos él trabó las negociaciones para aprobar las reformas pendientes.

Se trata pues de un problema de origen, ya que una mayoría de quienes hoy están facultado para emitir las leyes federales carecen de las cualidades mínimas que exigiría la función, entre éstas la responsabilidad y el decoro.

Por lo mismo, abundan los casos de personajes improvisados y con enormes carencias profesionales, académicas y éticas; de carreras mediocres y estrepitosas que se han basado en el oportunismo y en el amiguismo que hoy impera en la política.

Desafortunadamente no será fácil revertir esas tendencias, toda vez que es fiel reflejo de la calidad y seriedad de nuestros  partidos políticos.  Adicionalmente hoy, so pretexto de la profesionalización de cuadros, esa clase mediocre  pronto podrá gozar de las mieles de la reelección. Por lo mismo, si hoy los 628 representantes que integran el Congreso de la Unión se sometieran a un examen bajo los criterios mínimos de la eficacia, eficiencia y productividad, seguramente ameritaría un despido justificado masivo.

                *Abogado y extitular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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