Negociar con el aprendiz de brujo...
La retórica usada por el ahora presidente electo estadunidense, Donald Trump, y sus portavoces ha sido todo menos amistosa.
El gobierno mexicano se encuentra ahora en una situación harto complicada. La elección de Donald Trump lo puso frente a una desagradable situación: la de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte en la forma que menos deseaba: directamente.
Las modificaciones al TLCAN hubieran sido determinadas por las negociaciones del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP) en vez de un diálogo con Estados Unidos y Canadá.
La retórica usada por el ahora presidente electo estadunidense, Donald Trump, y sus portavoces ha sido todo menos amistosa, y de hecho durante la campaña electoral adquirió tonos francamente racistas y hasta de amenaza, en un marcado contraste con el juego diplomático habitual.
Que a Trump le gusta negociar —y abusar, si es posible— desde una posición de fuerza es sabido. Pero la negociación entre países tiene tonalidades distintas al trato entre particulares.
Para el gobierno mexicano el punto es difícil.
Por un lado, una postura de prudencia lo hace aparecer como débil o aún pusilánime; Estados Unidos es el principal socio comercial de México y, por si fuera poco, es también un vecino con el cual hay una enorme integración social.
La dificultad se hace evidente en alguna expresión atribuida al presidente Enrique Peña Nieto: “No puedo insultar o pelearme con la persona con la que voy a tener que negociar”.
Pero no presentar una postura dura lo hace aparecer débil y la hesitación ayuda a sus opositores, que tampoco tienen respuestas mejores, pero no están en el poder y pueden y deben usar su derecho a criticar, disentir y ser demagogos “patrióticos”.
En términos reales, el gobierno mexicano no parece tener la respuesta al enigma Trump, aunque esa ignorancia puede extenderse al cuerpo político, la sociedad en general y, de paso, al resto del mundo.
Los rumores en torno a la Secretaría de Relaciones Exteriores y su aparente inmovilidad están a la orden del día, aunque un buen punto fue la convocatoria de un “grupo de alto nivel” para analizar la situación y los diversos escenarios. Pero tal vez sea el momento de plantear también una posición sobre lo que México desea negociar, incluso libre tránsito, camiones de carga, infraestructura fronteriza...
Una parte del problema es que Trump tiene ya un problema de años con México, concretamente por juicios en tratos de bienes raíces con su nombre en Baja California.
Otra parte del problema es que Trump todavía no es Presidente y sus palabras no tienen fuerza legal, pero sí política.
La combinación de factores dificulta las respuestas inmediatas y ayuda al estilo personal del Presidente electo estadunidense, pero también, por otra parte, lo complica.
Si Donald Trump pudiera ser definido en este momento sería como aquel personaje popularizado por Mickey Mouse en la película Fantasía: el aprendiz de brujo.
Como el aprendiz, Trump se encuentra de repente en una situación de responsabilidad y con poder a su disposición y sin tener idea aparente de sus límites o sus consecuencias.
Trump logró la mayoría en el Colegio Electoral y eso lo hace Presidente electo de Estados Unidos, aunque haya perdido el voto popular.
Ésa es una realidad con la que Estados Unidos, México y el mundo tienen que tratar.
Es el aprendiz de brujo. Pero ésta es la vida real: cuando termina el segmento no hay brujo que corrija sus errores.
