El Inai, el INAH y el robo de “arte sacro”

Resulta interesante que, en una democracia republicana, el Estado y sus agencias tengan el deber, por ley, de preservar y defender de cualquier forma de destrucción los testimonios artísticos e históricos, incluidos aquellos inspirados en la fe y que al haber sido objetos de culto se conocen como “arte sacro”. Eso no quiebra la exigencia de laicidad que tanto se manifiesta.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) es el custodio del arte histórico y tiene entre sus funciones la conservación del patrimonio cultural de México a fin de prevenir el tráfico ilícito, la sustracción y el saqueo de bienes culturales, para lo que puede y debe instigar la investigación y la persecución de los delitos que involucren a los bienes a su encargo, y dentro de ese conjunto se encuentra el “arte sacro”.

Se dice que México ocupa el lugar número uno en América Latina: Puebla, Estado de México, Hidalgo, Tlaxcala y Guanajuato.

El robo de arte sacro en México pasó de ser un asunto individual de un solitario ladrón que entraba a un templo y robaba un candelabro o una pintura mal puestos, a una verdadera industria del crimen organizado que deja ganancias multimillonarias. Según datos del Centro Católico Multimedia, en el país, 26 iglesias son víctimas de robo cada semana, lo que representa un aumento de 600% en los últimos 20 años.

Sin embargo, las denuncias ante las autoridades son tan escasas que prevalece la impunidad. El nivel de especialización de los delincuentes se incrementa y los ladrones poseen catálogos específicos de joyería, crucifijos, coronas, imágenes con bordados en oro y plata, óleos, lienzos, piezas talladas en madera policromada, esculturas, cuadros y medallones con acabados en estofado de oro estilo barroco y neoclásico de la época virreinal, etcétera.

Las estimaciones informales (aunque informadas) coinciden en que siete de cada diez recintos que padecen este delito son santuarios marianos, debido a que la imagen más valorada por los ladrones es la Virgen de Guadalupe. Las autoridades suponen que los principales clientes de los ladrones son galerías privadas, coleccionistas y anticuarios de la Ciudad de México, Puebla, Monterrey, Guadalajara y Estados Unidos.

En días pasados, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai), a propuesta de mi colega, Areli Cano Guadiana, ordenó al INAH que entregue una versión pública de los documentos mediante los cuales se le dio aviso del robo de cinco piezas de arte en recintos religiosos, esto en el periodo comprendido entre febrero de 2015 y marzo de 2016.

En respuesta inicial manifestó que dentro del periodo de interés del particular fueron reportadas dos esculturas, la vestimenta de una imagen religiosa, una campana y una custodia.

El particular se inconformó e interpuso un recurso de revisión ante el Inai, argumentando que sólo se le dieron a conocer los elementos artísticos reportados en el supuesto referido, pero no se entregaron los documentos requeridos. En alegatos, la dependencia señaló que no contaba con un registro de obras de arte robadas en México, toda vez que no se consideraban patrimonio histórico o arqueológico.

El INAH, sin embargo, no proporcionó documento alguno, no obstante que entre sus archivos cuenta con avisos que ha recibido sobre el despojo de este tipo de piezas en recintos religiosos.

Por lo anterior, el Pleno del Inai modificó la respuesta del INAH y le ordenó entregar versiones públicas de los documentos mediante los cuales se le dio aviso sobre el robo de arte en recintos religiosos.

El patrimonio artístico nacional es de todos por igual, tanto de los que admiran y veneran esas creaciones como de aquellos que no ven en esos objetos sino la estética como resumen de su valor universal y ésa es otra forma de combatir la intolerancia.

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