La Suprema Corte de Estados Unidos
He dedicado los últimos años a escribir un libro sobre esa institución para describir sus decisiones más relevantes.
Los últimos años (tres) los he dedicado a escribir un libro sobre la Suprema Corte de Estados Unidos. El libro lo coeditó hace unos días la UNAM, a través del Instituto de Investigaciones Jurídicas, con Editorial Porrúa. Hasta donde entiendo se trata de uno de los primeros y tal vez único trabajo escrito en español dedicado a la institución que forma parte de un Poder, el Judicial, del país más poderoso del planeta. El trabajo pretende describir las decisiones más relevantes de la historia jurisprudencial de Estados Unidos. Tal vez por ello el subtítulo: Claroscuro de la Justicia.
No todo ha sido apego al estado de derecho y defensa de los derechos humanos, la democracia, la igualdad, las libertades ciudadanas y económicas.
La Suprema Corte de Estados Unidos fue la responsable histórica de la esclavitud, de la Guerra de Secesión, que estuvo a punto de desmembrar ese país, de la segregación racial durante casi un siglo, de la persecución de homosexuales y lesbianas. No obstante, también ha sido la responsable de establecer la integración racial, al grado que un presidente negro ocupa hoy la Casa Blanca, ha hecho valer libertades ciudadanas y derechos humanos al definir los límites al poder político, militar o policial.
El ejercicio que comprende el trabajo arrojó varias conclusiones que deben ser motivo de análisis más profundos. En el capítulo final consideré oportuno hacer un ejercicio comparativo entre la Suprema Corte de Estados Unidos y la Suprema Corte de Justicia de la Nación (ésos son los nombres técnicos) de nuestro país. En ciertos puntos es evidente que en Estados Unidos funciona mejor la designación de los jueces asociados (ministros) de la Suprema Corte, a través del simple nombramiento presidencial que requiere la aprobación del Senado frente al sistema de ternas que en México ha probado su ineficacia.
No obstante, es mejor la solución mexicana respecto a la designación del presidente de la Suprema Corte, a cargo de sus pares, mientras que en Estados Unidos es una decisión personal del Presidente. Por otra parte, los ministros en Estados Unidos ejercen su encargo de por vida. Es mejor un límite como ocurre en México (15 años), lo que permite renovación de tan importante institución.
Como menciono en la introducción al trabajo, es deseable que el estudio motive el interés de analistas, académicos, periodistas y público en general por las labores de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, desde una perspectiva global.
La desconexión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con el público mexicano, que se expresa, entre otros indicadores, en el bajo nivel de aceptación que las encuestas de opinión han conferido a la Suprema Corte, obedece, en alguna medida, a la falta de claridad en los comunicados oficiales, en la equívoca política de comunicación social, a cargo de técnicos expertos tal vez en cuestiones jurisprudenciales, pero que difícilmente traducen información jurídica en términos comprensibles para el gran público.
Adicionalmente, en los últimos lustros, la Suprema Corte de Justicia de la Nación se ha ido transformado en un tribunal constitucional cada vez más cerca del modelo de Estados Unidos. Nuestra Corte, después de haber sido propiamente un tribunal nacional de casación, ha asumido el papel que le impuso el Constituyente Permanente y que ella misma, por su vocación, ha desarrollado un mecanismo de control semidifuso de la Constitución.
La Suprema Corte mexicana se encuentra más cerca del modelo estadunidense que de los modelos concentrados que caracterizan a los tribunales europeos, configurados bajo los lineamientos de las aportaciones de Hans Kelsen, concretamente en su proyecto de Constitución austriaca de 1920.
El libro se presentará pasado mañana jueves 25 a las seis de la tarde en el Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal. Comentarán y criticarán el trabajo Héctor Fix Fierro, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, los ministros de la Suprema Corte Arturo Zaldívar y Jorge Mario Pardo Rebolledo, el abogado José Antonio González Fernández, quien ha ocupado en su brillante carrera relevantes cargos en los poderes Legislativo y Ejecutivo y el presidente del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, Édgar Elías Azar, quien ha hecho la convocatoria para la presentación del trabajo.
Naturalmente que mis lectores y amigos están cordialmente invitados a esta reunión académica.
