El doble del diablo

Esas historias de verdadero terror que frecuentemente veíamos en los noticiarios y que corrían como leyendas en torno a la figura de Saddam Hussein y su diabólico “reinado” en Irak siempre parecieron demasiado lejanas en aquel Oriente Medio del otro lado del ...

Esas historias de verdadero terror que frecuentemente veíamos en los noticiarios y que corrían como leyendas en torno a la figura de Saddam Hussein y su diabólico “reinado” en Irak siempre parecieron demasiado lejanas en aquel Oriente Medio del otro lado del planeta.

Para colmo, los medios de información estadunidenses que manipulaban o más bien filtraban lo que se divulgaba de ese infierno contribuyeron en mucho a distorsionar lo que realmente pasaba al interior de ese círculo de poder encabezado por uno de los tiranos más sanguinarios de la historia moderna.

Entre lo que más llamó la atención de los incrédulos espectadores de los reportes de CNN estaba el hecho de que Hussein, los miembros de su familia y sus mandos inmediatos tenían “dobles de cuerpo” cuya función primordial era mantenerlos protegidos de los frecuentes atentados que se daban al interior de su férrea seguridad, permitirles llevar muy disipadas vidas privadas y por otro lado hacerlos de alguna forma omnipresentes en reuniones políticas y sociales con amigos y enemigos del régimen.

La película de Lee Tamahori El doble del diablo (The devil’s double, Bélgica-Holanda, 2011), estrenada el viernes pasado cuenta la historia real de uno de estos dobles de cuerpo, el de Uday Hussein, hijo mayor de Saddam Hussein que según se cuenta superó a su padre en salvajismo y brutalidad. De origen neozelandés Tamahori no nos es desconocido con una filmografía dispareja en la que destacan Fuimos guerreros —muy recomendable relato sobre los conflictos familiares de un grupo de origen maorí—, Al filo del peligro con Anthony Hopkins, Alec Baldwin y Bart un oso espectacular y Mullholand Falls un thriller muy interesante y poco valorado en el que se lucen Nick Nolte, John Malkovich, Chazz Palminteri, Michael Madsen y Melanie Griffith.

El doble del diablo sin ser una gran película puede ser lo mejor en la filmografía de Lee Tamahori. Está basada en las experiencias de Latif Yahia, miembro del ejército iraquí en la década de los 80 que fue reclutado por las fuerzas de seguridad de Hussein por su enorme parecido con Uday. Después de dos cirugías maxilofaciales que en la película incluyen una prótesis con dos dientes frontales que más bien causan gracia y un intenso entrenamiento para que lograra desempeñarse y actuar como Uday, Yahia se convirtió —contra su voluntad y bajo amenazas de violar a sus hermanas o matar a sus padres— en fiday (doble y guardaespaldas) del sicópata primogénito de la familia Hussein.

El planteamiento es muy atractivo y pudo haber derivado en una buena película, pero de un arranque que promete en que conocemos a los dos personajes interpretados en forma convincente por el actor Dominic Cooper, el argumento se va desdibujando volviéndose reiterativo y abundando en los excesos de Uday. Se deja de lado la oportunidad de hacer un estudio más profundo de una dinastía diabólica, de su círculo inmediato en el que se les adoró, pero que ante la crudeza de la realidad y su salvajismo sin límites pasó a convertirse en su peor enemigo. 

El personaje femenino —innecesario en la trama por completo— deja mucho que desear, interpretado por la francesa Ludivine Sagnier que resulta poco creíble como una mujer de Oriente Medio.

De probable historia sobre el origen del mal, de lo que produce esas personalidades funestas que se creen ungidos y con licencia para asesinar, torturar, violar, ebrios de poder y llenos de odio pero también de miedo, El doble del diablo se convirtió en un catálogo de las salvajadas de Uday Hussein, ampliamente documentadas por su doble de cuerpo, pero que no engancha por completo al espectador.

7/10.

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