Torres Nava y su ascenso al Everest, hazaña sin igual

Un error humano le dio al montañista coahuilense una marca en ascensos a la montaña más alta del mundo, fue un descuido que le pudo haber costado la vida

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16/05/2014 07:16 Ricardo Coello
El 16 de mayo de 1989 el coahuilense llegó a la cima del Everest. La foto fue tomada por Phu Dorje, quien falleció en el descenso ese mismo día. Foto: Especial

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de mayo.- El coahuilense Ricardo Torres Nava está de fiesta al celebrar hoy los 25 años de su ascenso al Everest, la montaña más alta del mundo con una altura de ocho mil 850 metros sobre el nivel del mar, y considerada el tercer polo de la Tierra.

A un cuarto de siglo de la hazaña, el experimentado montañista aún recuerda vívidamente los momentos que lo llevaron a ser el primer mexicano y el primer latinoamericano en hacer cima en el techo del mundo.

Pero hay un detalle que pocos conocen de su logro. Torres Nava se convirtió además en el primero en llegar a la cumbre de la montaña sin agua y sin comida, un hecho del que no siente orgullo de  presumirlo, ya que se debió a un descuido que le pudo haber costado no sólo no lograr la cima, sino hasta la vida misma.

Eso nunca me gusta mencionarlo porque ese tipo de récords son como para comercializar, pero fue por un error”, explicó a Excélsior. “Pensar a ocho mil metros de altura es a veces muy difícil. Sí lo haces, pero hay cosas que se te van y cuando salí olvidé mi té y mi alimento.

Hubo un punto cuando le pedí a mi sherpa algo de agua, ya se habían tomado todo, entonces fue una angustia y una preocupación que bajo esas condiciones hasta dónde iba a poder llegar. Pero llegué hasta la cima sin una gota de agua y sin alimento, pero todo fue un error y me pudo haber costado la vida, fue algo ajeno que nunca lo hubiera intentado.”

Ahora, Ricardo lo ve como una enseñanza de vida, y la lección aprendida es no tirar la toalla a la primera, ya que el humano siempre tendrá las capacidades para seguir adelante en la búsqueda de sus logros.

Ahora lo veo como una gran reflexión, y ahora pienso que cuando estás a punto de tirar la toalla, y hay estudios de eso, no hemos dado ni el 20 por ciento de nuestras capacidades, es decir que hay un 80 por ciento adelante.

Pero en ese momento yo no lo sabía, apelé a mi condición física porque había entrenado mucho tiempo e iba muy fuerte, y apelé a lo que decía mi corazón, ‘estoy aquí, es mi única oportunidad y la tengo que aprovechar’”, y la aprovechó, y ese logro, cambió la vida de Torres Nava para siempre.

 La verdad es que soy uno antes y uno después. Yo digo que soy el mismo, pero no es así. Después del Everest aprendí a valorar la vida, a valorar la amistad, a entender en qué consisten los valores como la lealtad, como el honor, la disciplina, y aprendí mucho a valorar a los que están con el ser humano, con Ricardo y no con el montañista, no con la estrella, y eso es algo invaluable.”

Torres Nava y Phu Dorje con la bandera de Nepal en el Everest. Foto: Cortesía Ricardo Torres Nava

 

No todo fue felicidad

Sin embargo el recuerdo del ascenso no es 100 por ciento alegría, ya que siempre estará en su memoria el recuerdo de su guía fallecido, de la persona que tomó la foto que todo el mundo vio de Torres Nava en la cima del mundo, el sherpa Phu Dorje, quien se
accidentó en el descenso.

 “Yo no vi su caída, pero cuando íbamos bajando vi un piolet que después intuí que era el de él, pero cuando llegué al campo cuatro a ocho mil metros de altura estaba Walter McConell y me preguntó por Phu Dorje, y pensé entonces que algo había pasado porque él venía descendiendo muy rápido.

“De inmediato me llegó la película de cómo fue su accidente. No tenía sistema de seguridad, utilizaba nada más un bastón. Lo esperamos toda la noche a ocho mil metros, pero nunca llegó y supimos que se había matado.

Para mí fue devastador, yo me sentía extremadamente triste, agotado físicamente, pero también emocionalmente y hubiera cambiado cualquier cumbre del mundo por la vida de mi compañero, pero así se dieron las circunstancias. El que me toma la fotografía con la bandera de México en la cumbre del Everest es él, y dos horas después de tomar esa foto pierde la vida por un exceso de confianza.”

Lamentablemente la muerte de Phu Dorje no fue la única ese día, ya que varios miembros polacos de otra expedición, en la que por cierto Carlos Carsolio era parte de la misma, fallecieron a consecuencia de una avalancha.

“Fue un año muy difícil, porque de 95 montañistas que buscábamos el ascenso tan sólo 14 alcanzamos la cumbre y de esos 14, siete perdieron la vida debido a una avalancha que los agarró en lo que se llama la arista de los yugoslavos que es la ruta que estaba siguiendo Carlos Carsolio.

Él se salvó porque se cambió a mi ruta, pero sus compañeros polacos fueron alcanzados por la avalancha y fueron muriendo con el paso de los días y fue algo terrible”, recordó Torres Nava.

Los cambios a 25 años

Conforme pasan los años, el ascenso a las 14 cumbres de las montañas de más de ocho mil metros de altura se ha vuelto cada vez más comercial, con empresas como Mountain Madness que literalmente “venden” la cima de montañas como el Everest.

El costo aproximado es de 70 mil dólares y ponen guías, comida y campamentos para que una persona con gran condición física llegue al techo del mundo.

“Ha cambiado porque ahora una persona con una gran condición física siente que puede ir al Everest, pero allá vienen tomas de decisión, circunstancias donde en un momento dado, si no tienes experiencia, pues se pueden dar este tipo de accidentes, entonces sí ha cambiado.

“De 25 años a la fecha la logística como el Everest son distintas. En la actualidad pagas una entrada por así decirlo, con personas intermediarias que son los dueños de los permisos para el Everest, que además cobran un dineral solamente por poder estar ahí, independiente de equipo, entrenamiento, etcétera.

Con ello estas empresas, que son los dueños de los permisos, contratan a los sherpas para que instalen las cuerdas y pongan los puentes”, aseguró Torres Nava.

Una característica singular de los montañistas mexicanos, es que una vez lograda la cumbre del Everest y de algunas otras de las montañas más importantes del mundo, es que más allá de sus profesiones su modo de vida son las pláticas motivacionales a distintas empresas.

Casos como el de Torres Nava, quien es médico de profesión, como Karla Wheelock, una gran abogada, o Yuri Contreras, un excelente ortopedista, coinciden.

“Me dedico a dar seminarios, pláticas, talleres y conferencias de tipo inspiracional y motivacional.

¿Y por qué se dan estos casos? Porque pensando en que es la montaña más alta del mundo, y pensando en todas las dificultades para llegar allá, te das cuenta que necesitas de una planeación estratégica, de una administración de recursos, de ejecución del proyecto y cuando lo trasladas y haces las similitudes y analogías con la vida cotidiana, vamos encontrando muchas cosas con la empresa, con la montaña y con la vida.”

Del cielo al infierno

Sobrino de quien es reconocido como el mejor buzo mexicano de todos los tiempos, Ramón Bravo, el montañista explicó de su afición a la inmersión acuática.

“Me gusta mucho el buceo desde que tomé el primer curso en 1984. En 2005 Fernando Lozano y yo implantamos un récord mundial de buceo extremo a seis mil metros de altura en el cráter del Licancabur, en los Andes entre Chile y Bolivia.

“Ahí estuve cerca de perder la vida y fue cuando decidí que era el momento de retirarme de lo extremo, y ahora hago buceo en cuevas o en cenotes sagrados.

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