Cuando ruge la tormenta
Maquiavelo consideraba la mentira como “arma de doble filo”.
Por: Alejandro Guerrero *
El historiador Patrick Boucheron dice que el nombre de Nicolás Maquiavelo emerge “cuando ruge la tormenta”. Vivimos una fase acelerada de cambio turbulento y por si no fuera suficiente, el cambio climático, la revolución tecnológica o los enormes desafíos migratorios contribuyen a la disrupción. La invasión rusa a Ucrania y los conflictos militares en oriente medio podrían tener repercusiones globales en el corto plazo. El periodista británico Timothy Garton Ash se pregunta en The Guardian: ¿Una nueva guerra fría? ¿Una tercera guerra mundial? ¿Cómo podremos surcar este mar de confusión?
La democracia está bajo amenaza como nunca lo había estado en todos los continentes. Pasamos de la celebración democrática a inicios del nuevo milenio, a la preocupación democrática de nuestros días. Hoy el autoritarismo, el populismo, la pobreza, el desempleo, incluso la destrucción del medio ambiente son caldo de cultivo en el que esta germinando el descontento y la polarización, la cual nunca ha sido ajena a la política ni a la democracia como espacio para procesar las diferencias, pero actualmente se encuentra aderezada con la intolerancia. El peligro reside en que el escalón ascendente de la polarización intolerante es la violencia. Las fake news se han extendido como mancha de aceite porque, entre otras razones, las redes sociales permiten amplificar hasta el infinito sus consecuencias. Los “bulos” deliberados no deben dirigir el debate político; la mentira corroe la política y la priva de legitimidad. Maquiavelo (Florencia, 1469) consideraba la mentira como “arma de doble filo” y afirmaba que “el gobernante debía tener la inteligencia de no abusar de ella”. Confundir libertad de expresión con libertad de difamación es una perversión democrática con desastrosas consecuencias. El italiano definía que “la estabilidad de la república está en función de la capacidad para garantizar la libre expresión de intereses sociales contrastantes”.
Maquiavelo dejó escrito que el gobernante debe ser “prudente como el zorro y fuerte como el león”. Si el florentino viviera, no entendería como la mayor parte de la clase política en muchas democracias del mundo adolecen de cautela en sus intervenciones públicas, lo que evidencia un bajo nivel discursivo. El príncipe (1513) —libro fundamental en la reflexión política occidental— ha sido un texto mal leído y mal comprendido; nunca pronunció la frase que se volvió anatema en su contra, la universalmente repudiada el fin justifica los medios. Lo que sí escribió el diplomático es que dos virtudes debe tener el (o la) gobernante; una de ellas es “la inteligencia como forma superior y capacidad de entender al otro” y “la capacidad de cambiar sus políticas dependiendo de la dirección e intensidad de los vientos que enfrenta”. Menciona que existen factores imponderables, a los que se refiere como la fortuna (mare incognitum) “del que la virtud del gobernante no puede prescindir y donde sus proyectos pueden acelerarse con viento en popa o naufragar ominosamente”. El fundador de la ciencia política moderna insistía en que las características personales del estadista deben ser la prudencia, la justicia, la honestidad, la templanza y la humildad.
Se lee a Maquiavelo “cuando la zozobra parece inevitable” anota Boucheron en su último libro El arte de enseñarle al pueblo que temer. Su realismo y su compromiso con la libertad pueden llevarnos a puerto seguro porque “él es un hombre que filosofa cuando hace mal tiempo (…) si lo estamos leyendo hoy, significa que deberíamos estar preocupados y ha vuelto para que despertemos”, dice el autor, quien también disipa una errada atribución: fue el jesuita Giovanni Botero y no Maquiavelo quien inventó el concepto de Razón de Estado. Maquiavelo parece un buen compañero en estos convulsionados tiempos. Es un “despertador” cuyo pensamiento puede arremeter, como río embravecido, contra las fortalezas que contienen la “opacidad de la representación” y que hoy llamamos fatiga democrática. Maquiavelo está de rabiosa actualidad y quizá no lo sabemos, o no nos hemos dado cuenta de que amenaza una impetuosa tormenta.
* Politólogo y maestro en economía, gobierno y derecho internacional
