García Harfuch y los parásitos verdes

Leo Zuckermann

Leo Zuckermann

Juegos de poder

Hay una constante ominosa en la política mexicana en los últimos 40 años: el Partido Verde Ecologista de México (PVEM). Nació durante el autoritarismo priista, creció en la transición a la democracia y se ha consolidado en el nuevo régimen de la Cuarta Transformación.

Gobiernos van, gobiernos vienen, pero los verdes siempre salen ganones porque no son un partido sino un negocio.

Lo entendieron bien su fundador, Jorge González Torres, y su heredero, Jorge Emilio González Martínez, mejor conocido como El Niño Verde (que ya no tiene nada de infante a sus 54 años).

Desde un principio optaron por un modelo de “rémora”: un partido chico alimentándose de lo que salpicara del partido grande que estaba en el poder.

Para tal efecto, igual se han aliado con el PRI que con el PAN y ahora con Morena.

El PVEM no tiene ideología. Sólo les interesa el dinero: de las prerrogativas públicas y los negocios que puedan conseguir como aliados en la coalición gobernante.

Un día están con gobiernos de derecha y al día siguiente con la izquierda. Sus ideas son flexibles. Pueden llegar a estar a favor de la pena de muerte para humanos, pero en contra de la tauromaquia.

El partido gobernante, en términos biológicos “el huésped”, les permite alimentarse de ellos a cambio de que el Verde, “la rémora”, les otorgue apoyo en elecciones y voten a favor en iniciativas legislativas gubernamentales. El chico se beneficia de la fuerza electoral del grande —obteniendo cargos, financiamiento, representación y negocios muy rentables— sin necesariamente debilitarlo.

Pero la rémora ya creció y se siente insatisfecha. Cada vez tiene más apetito. Ya no le complacen las migajas. Quiere más poder y dinero. Para tal efecto, usa su gran experiencia en las negociaciones con el huésped.

Lo que antes era impensable, ya lo lograron: tener una de las 32 gubernaturas. En 2021 lo consiguieron en San Luis Potosí gracias a su hábil negociación con Morena.

Ahora, para las elecciones del año que entra, van por tres más. No sólo obligaron a los morenistas a lanzar una candidatura testimonial en San Luis Potosí para que el Verde pueda volver a ganar ese estado con la esposa del actual gobernador, sino que aseguraron las candidaturas del oficialismo en Quintana Roo, Nayarit y Baja California Sur.

Si todo les sale bien, controlarán cuatro gobiernos estatales en 2027.

Al partido grande ya no le está resultando tan buen negocio. Una cosa es aventar migajas, otra es ceder alimento sustancial.

Y es que el Verde está permutando de un modelo de “rémora” a uno de “parásito”: ahora, el chico está obteniendo beneficios mediante la extracción de recursos del grande generándole pérdidas. Su enriquecimiento de poder y dinero está siendo a costa de Morena.

Es un cambio trascendente. La rémora vive gracias al éxito del huésped; el parásito vive a costa de éste. Y, huelga recordar, que puede llegar a matarlo.

Hoy estamos viendo cómo el Verde está desplazando a Morena a nivel local. Ya serán cuatro los estados que controle este partido. No es poca cosa.

Se ve lejano, sin embargo, que el chico pueda eventualmente quitarle el poder al grande a nivel nacional. La diferencia entre uno y otro es hoy enorme. Pero…

Los Verdes, en plan de parásitos, ya están moviendo sus fichas rumbo a la elección presidencial de 2030. No es gratuita la declaración del líder de los senadores verdes, Manuel Velasco, sobre Omar García Harfuch: “Es el Pedro Infante de la política. En las encuestas que se han publicado está en primer lugar. Si él decidiera participar en 2030 y mantiene su buen trabajo y la popularidad, sería un proyecto ganador”.

Traducción: nosotros, los verdes, ya tenemos candidato presidencial, si ustedes, los morenistas, no lo lanzan, aquí tendrá acomodo.

Sabido es que hay muchos en Morena que no quieren al secretario de Seguridad Pública, al que ven como un advenedizo del lopezobradorismo. Les choca la idea de que un policía, formado nada menos que en tiempos de Genaro García Luna, se vaya a quedar con el liderazgo de su movimiento. Ya lograron pararlo para ser jefe de Gobierno de la Ciudad de México en 2024; juran hacerlo de nuevo en 2030.

El parásito, sin embargo, ya se dio cuenta de que Morena no tiene muchas opciones para esa candidatura presidencial. Si efectivamente acaba siendo García Harfuch el candidato, el Verde se parará el cuello argumentando que ellos fueron los primeros en apoyarlo. Si no lo lanzan los morenistas, lo cacharán, generando un cisma en la 4T. Y, en una de ésas, hasta podrían ganar la Presidencia en 2030, de tal suerte que la otrora rémora, devenido en parásito, habría matado a su huésped que no supo detenerlo a tiempo.

X: @leozuckermann