La derrota de Lula en las recientes elecciones brasileñas debe ser entendida como una señal de alerta, porque si la derecha gana la segunda vuelta México perderá a su más importante aliado latinoamericano y el futuro para Morena se pintará de negro. No para sus aliados, siempre dispuestos a vender caro su amor a quien lo compre.
Ante el panorama actual, el PT y el PVEM parecen prepararse para cambiar de patrón si las cosas se ponen más feas. Tras bambalinas, hubo un arreglo para darle cuatro gubernaturas a la verdulería, aunque probablemente se les caiga la de Nayarit por la doble nacionalidad de la precandidata.
El Partido del Trabajo con toda razón se siente discriminado, pues mientras al PVEM le regalan cuatro gubernaturas, Alberto Anaya promete amor eterno al morenismo, pero tiene detrás la inconformidad de su partido, la que tiene que atender si no quiere poner en riesgo su liderazgo de 36 años.
Los peteneros rechazan precandidaturas como la de Geovanna Bañuelos, en Zacatecas; la de Joel Padilla Peña, en Colima, y la de Gerardo Sánchez Sansores, en Campeche. La irritación es tanta, que José Narro Céspedes ya amenazó con lanzar candidatos propios en ésos y otros estados, como Michoacán, Baja California y Quintana Roo.
Por supuesto, nadie en su sano juicio puede suponer que el PT gane alguna gobernatura por sí mismo, pero para Morena debe ser un problema perder los votos de su entenado, pues no es un secreto que la votación del partido en el poder caerá por varios motivos, que van desde la incontenible inseguridad que tiene aterrada a la población, la carestía de la vida y el desempleo, que se expresa en el crecimiento de la informalidad, que ya llega a 55% de la población económicamente activa, lo que significa que más de la mitad de los trabajadores carecen de seguridad social, Infonavit, pago de jubilación más lo que se acumule esta semana.
Sin menospreciar lo anterior, para el partido gobernante el mayor peligro está en sus propias filas, para empezar, porque Morena carece de dirigentes con visión de Estado e incluso de autoridad en amplios sectores todavía pintados de guinda, de donde algunos inconformes especulan con emigrar.
No contribuyen a calmar las aguas los cotidianos ataques contra los partidos de oposición y el periodismo que se ejerce profesionalmente y denuncia la insolvencia gubernamental en varios renglones. Desde luego, es muy fácil culpar a los enemigos de Morena, pero hay hechos incontrovertibles que le dan la razón a los críticos, pues se acumulan los problemas viejos y surgen nuevos.
No parece oportuno desatar una andanada contra los panistas de Chihuahua y Querétaro. Es bien sabido que el PAN, en sus orígenes, mantuvo su distancia respecto de Estados Unidos, tierra del protestantismo y de religiones inaceptables para los católicos de entonces. Pero pasada la fiebre macartista y terminada la guerra fría, los azules voltearon hacia el norte, buscando el apoyo y las razones que ya no ofrecían la Alemania nazi ni la Italia mussoliniana ni, mucho menos, el fascismo de Francisco Franco, que se había alineado con el gobierno gringo.
La apertura de la Academia Internacional de Capacitación Policiaca, institución apadrinada por los sectores más derechosos de Washington, ha sido motivo de airadas reclamaciones de nuestra Presidenta, quien primero denunció que las autoridades federales no habían sido invitadas, aunque de inmediato se dio a conocer que no existió tal desaire y que el acto inaugural contó con la asistencia de funcionarios civiles y militares, lo que oportunamente se comunicó al gobierno federal. El traspié, suponemos, debe ser motivo de cese fulminante para quien le informa tan mal a la jefa del Poder Ejecutivo. Por otra parte, es explicable la irritación gubernamental por poner en manos estadunidenses la formación de nuestros policías. Sí, pero igualmente reprobable es que México mande continuamente a sus militares a que los “capaciten” los gringos o que vengan sus mentores a hacerlo en México y, peor todavía, que desde el sexenio pasado nuestros uniformados participen en maniobras bajo las órdenes de los vecinos, porque esa dizque colaboración allana el camino al intervencionismo. ¿Hoy Brasil y mañana México?
