Anne Carson, con la guardia siempre arriba

Es una lata esto del Premio Nobel de Literatura. Ya quisiera uno tener tiempo, u otra vida, para leer todo lo que sale, más los clásicos que ya se leyeron, pero regresan, como búmeran, con nuevas referencias u otros autores.

Con el anuncio del galardón de este año a la canadiense Anne Carson se renueva mi ignorancia sobre tantas potenciales plumas que se pueden disfrutar o, al menos, echar oídas a las narraciones orales de los laureados. Me explico.

No, no he leído a Anne Carson, mismo caso desde hace varios años con algunos otros Nobel. Ya ni llorar es bueno. Encontré en el ocio, sin embargo, una imagen de Carson ante una audiencia hablando de boxeo y con los guantes puestos. 

Fue en una conferencia en Princeton, el año pasado, donde mezcló memoria, traducción clásica, crítica de arte, exhibición de boxeo y performance en una meditación sobre la vida y la muerte tras su diagnóstico de Párkinson. Encontré el video en la cuenta de Instagram del London Review Of Books. Su marido, el artista Robert Currie, la ayudó a ponerse los guantes. El público rio y disfrutó y aplaudió. Es una delicia de conferencia.  

Carson lo explicó. Lleva algunos meses en clases de boxeo, tres días a la semana, una de las terapias recomendadas para el Párkinson, porque entrena la atención, la coordinación y las secuencias de movimientos.  

A golpe de vista, detecto en Carson una ironía fina. Padece una enfermedad que amenaza a la mano que escribe. En la propia charla alude a una letra que se tambalea, pero se convierte en material de obra. En el deporte de los golpes (jab, cross, ganchos, uppercuts), en sus combinaciones, Carson asegura sentir las neuronas en su cerebro luchando y esforzándose. Cuando en los entrenamientos otra persona debe asistir para poner el segundo guante, es casi imposible preocuparse por lo que venga o haya alrededor.  

Es curioso. En una época en la que se exalta a personajes habituales como monólogos merced al poder que ostentan, Anne Carson se deja ayudar a ponerse los guantes. Las letras son también cuerpo, torpeza y humor ante lo inevitable. En algún momento hay que subirse al ring imaginario o al real.

CAJA NEGRA

¿Al natural de la India se le dice “indio” o “hindú”? Varios compañeros en la redacción de Excélsior lo dicen sin dudar medio segundo: Es “indio” (o “india” en femenino) el gentilicio correcto para referirse a los habitantes y ciudadanos de ese país.

Como tengo desconfianza y prisas al respecto, voy al ChatGPT, que complementa con la RAE que se acepta el uso de “hindú” para referirse a los naturales de la India “debido a que la mayoría profesa esa religión”, pero “hoy en día se recomienda usar ‘indio’”.

Le insisto al ChatGPT con lo siguiente: “Juan Miguel de Mora dice otra cosa…” La respuesta (editada por cuestiones de espacio) fue la siguiente: “Es completamente comprensible que lo menciones, ya que el célebre indólogo, sanscritista y académico mexicano Juan Miguel de Mora defendía con argumentos muy rigurosos una postura diferente en sus textos y cátedras de la UNAM. [...] argumentaba que el término ‘hindú’ era el término original y correcto para los habitantes de la región. Su razonamiento se basaba en la etimología histórica y geográfica: La palabra ‘hindú’ proviene del persa antiguo, que adaptó el nombre sánscrito del río Sindhu (el río Indo). Históricamente, los persas, griegos y árabes llamaban ‘hindúes’ a todos los pueblos que vivían más allá de ese río, sin importar sus creencias religiosas. [... ] Para de Mora, reducir la palabra ‘hindú’ a lo estrictamente religioso y priorizar ‘indio’ fue, en gran medida, una consecuencia de las clasificaciones occidentales y del colonialismo británico, el cual estandarizó la visión de la India bajo parámetros europeos”.

Recurrir al conocimiento siempre será grato, pero como dicen otros compañeros de por acá: “Hay que hacer el brief y ponerle a las notas SEO un H2 para la semántica clúster”. Saussure está muy subestimado.