Sin buenos resultados, Omar García Harfuch no sería el centro de encuestas y conversaciones que hoy es. Cuando asumió responsabilidades como eje y alma del Gabinete de Seguridad, en octubre de 2024, el promedio de homicidios diarios era de 87. Proyectada al sexenio de la presidenta Sheinbaum, la cifra sumaría 190 mil.
Ayer, el Gabinete resaltó que los homicidios han caído 52% en los dos primeros años de gobierno. Con todo lo debatible que será siempre esta estadística oficial, es muy impresionante. No sólo por ese número: también la caída de la incidencia delictiva en conjunto es considerablemente positiva.
Omar, los generales Trevilla y Briseño, el almirante Morales han sido una fortuna para México. Pero, por más optimista que se quiera ser, el sexenio difícilmente concluirá con menos de 90 mil homicidios.
Y México no dejará de ser un país violento y peligroso. Aunque quizá menos que en el siniestro sexenio 2018-2024, el de los abrazos y el abandono de la gente en manos de los criminales. Es lo que se puede afirmar y proyectar hoy.
En el centro de ello, y sin haber ocasionado un baño de sangre, está el cerebro y el empeño de Omar García Harfuch. Nada de extraño tiene entonces que medio mundo esté hablando de su eficacia. Y de su potencia.
