¿Por qué nos gusta tener miedo si nuestro cuerpo intenta evitarlo?

Pagamos por entrar a lugares donde intentarán aterrorizarnos, elegimos películas que sabemos que nos harán cerrar los ojos y nos subimos a juegos capaces de provocar que el cuerpo reaccione como si algo estuviera mal. La ciencia del miedo recreativo intenta explicar por qué buscamos una sensación que, frente a un peligro verdadero, trataríamos de evitar.

Ilustración de una persona entrando voluntariamente a una atracción de terror, acompañada de ejemplos como películas, videojuegos y casas del terror para explicar el concepto de miedo recreativo.
El miedo recreativo describe experiencias aterradoras que buscamos voluntariamente porque pueden resultar disfrutables.Alexandro Medrano

Hay algo extraño en pagar para tener miedo. Una persona hace fila para entrar a una casa del terror de la que, unos minutos después, quizá quiera salir corriendo. Lo mismo ocurre frente a una pantalla: avanzamos por el pasillo oscuro de un videojuego sospechando que algo aparecerá detrás de una puerta o elegimos una película aun sabiendo que habrá un momento en que querremos cubrirnos los ojos.

Los investigadores llaman miedo recreativo a una parte de este comportamiento: acercarnos voluntariamente a experiencias aterradoras porque esperamos encontrar algo disfrutable en ellas. La contradicción resulta fascinante porque, aunque sepamos que el monstruo es un actor o una imagen, nuestro cuerpo puede responder a la amenaza percibida. La atención cambia, corazón y respiración pueden modificar su actividad y los músculos se preparan para responder.

Infografía sobre las respuestas del cuerpo ante una amenaza percibida: atención, corazón y respiración, músculos y conducta defensiva, junto a una ilustración del cerebro y una persona asustada.
Ante una amenaza percibida pueden cambiar la atención, la actividad cardiaca y respiratoria, la preparación muscular y las respuestas defensivas; el miedo no depende de un único “botón” cerebral.Alexandro Medrano

El miedo tampoco depende de un único “botón” cerebral. Diferentes redes y sistemas participan en las respuestas defensivas y éstas no se reducen a luchar o huir: también podemos detenernos, observar o congelarnos. Pero en el miedo recreativo existe otra información decisiva. Sabemos dónde estamos. El actor no es un monstruo, el videojuego puede detenerse y la película ocurre en una pantalla. La amenaza se siente, pero el contexto cambia la experiencia.

Infografía con tres situaciones de miedo recreativo: un monstruo interpretado por un actor, una persecución dentro de un videojuego y una película de terror que puede dejar de verse.
En el miedo recreativo, sentir una amenaza puede coexistir con información que permite interpretar la situación dentro de un contexto recreativo.Alexandro Medrano

El punto justo

Investigadores de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, llevaron esta paradoja a una atracción de terror. Estudiaron a 110 personas de entre 12 y 57 años, registraron su frecuencia cardiaca y algunas de sus reacciones, y después compararon cuánto miedo y cuánto disfrute habían experimentado.

Si más miedo produjera automáticamente más diversión, la relación debería ser sencilla. No lo fue. Al comparar el miedo reportado con el disfrute apareció aproximadamente una U invertida: el disfrute aumentaba hasta niveles intermedios de miedo y después comenzaba a disminuir.

Gráfica en forma de U invertida que compara miedo y disfrute en 110 participantes de una atracción de terror; el mayor disfrute aparece alrededor de un nivel intermedio de miedo.
Un estudio con 110 participantes encontró una relación en U invertida entre miedo y disfrute: el mayor disfrute apareció alrededor de niveles intermedios de miedo. PubMedAlexandro Medrano

En otras palabras, más miedo no significaba necesariamente más diversión. Los investigadores encontraron algo parecido a un “punto justo”: suficiente intensidad para sostener la experiencia, pero no tanta como para dejar de disfrutarla.

Eso no significa que exista una cantidad universal de miedo. La investigación no permite calcular cuántos sustos necesita cada persona ni convertir la curva en un test psicológico. Funciona mejor como espejo: está la película que no nos provoca nada, el momento en que finalmente consigue asustarnos y aquel otro en que pensamos que ya fue demasiado. La frontera puede ser distinta para cada persona y cambiar según la experiencia.

Infografía que invita al lector a identificar cuánto miedo disfruta mediante cuatro reacciones, desde “no me hace nada” hasta “ya fue demasiado”, aclarando que no se trata de un test.
El “punto justo” no representa una escala universal: la investigación encontró un patrón general entre miedo y disfrute, no un nivel ideal aplicable a todas las personas.Alexandro Medrano

Asustarnos juntos

El miedo recreativo tampoco ocurre siempre en soledad. Una investigación más reciente siguió a 347 personas durante una experiencia de terror grupal; en 254 de ellas fue posible utilizar los datos cardiacos para estudiar la sincronización entre participantes.

Los investigadores encontraron patrones de sincronía de la frecuencia cardiaca en diferentes momentos y observaron mayor sincronización entre personas que ya tenían mayor cercanía social. El resultado no demuestra que asustarse juntos produzca amistad, pero muestra que una experiencia que sentimos dentro de nuestro propio cuerpo puede adquirir también una dimensión compartida.

Infografía sobre una experiencia de terror compartida con 347 participantes, de los cuales 254 aportaron datos cardiacos utilizables para estudiar la sincronización de sus ritmos cardiacos.
En una experiencia de terror grupal se observaron patrones de sincronización cardiaca entre participantes y una asociación con su cercanía social previa; el estudio no demuestra que asustarse juntos genere esa cercanía.Alexandro Medrano

Quizá allí esté una parte de la respuesta a la paradoja inicial. Una película puede apagarse, un videojuego puede detenerse y de una atracción podemos salir; el peligro verdadero rara vez concede esas posibilidades. El miedo recreativo nos permite acercarnos voluntariamente a ciertas sensaciones de amenaza dentro de un contexto que conocemos.

No todos queremos llegar igual de lejos. Para algunos basta un sobresalto; otros necesitan mucha más intensidad y otros no encuentran placer alguno en sentir miedo. La ciencia no ha encontrado una fórmula universal y quizá no tenga que hacerlo.

La pregunta interesante puede ser mucho más sencilla: ¿hasta dónde el miedo sigue siendo divertido para ti?

Temas: