Socorro Venegas convierte la lengua materna en una reflexión sobre el racismo y el silencio
A partir de las conversaciones con su madre, la escritora explora la discriminación, el desamparo y las heridas familiares que deja el silenciamiento de una lengua originaria.

Una reflexión íntima que se convierte en un grito contra el racismo, la discriminación y el lingüicidio. Leche de silencio (Páginas de Espuma), el nuevo libro híbrido de la escritora Socorro Venegas, nace de la pregunta ¿por qué yo no hablo la lengua de mi madre?
La narradora explica en entrevista que buscó que las páginas de este título fueran mestizas, “como yo misma soy”, por lo que oscilan “entre la memoria poética, el ensayo inestable, la autobiografía imaginaria y la novela sin ficción”.
A partir de las conversaciones que realizó con su madre durante dos años, en dos o tres encuentros al mes, explora temas como las lenguas originarias, el diálogo colectivo del duelo, la infancia como territorio trágico y el misterio de las maternidades.

Es el mundo de mi madre. Para mí esta reflexión es íntima. Es una mirada muy adentro en mi historia, en la historia de mi madre, en la forma como ella se explica y se ha narrado a sí misma la pérdida de su lengua materna, el náhuatl”, comenta.
La novelista aclara que su madre no ha vivido como una pérdida el hecho de dejar de hablar en náhuatl, porque no lo ha olvidado. “Sino como algo que ha tenido que gestionar, obligada por circunstancias externas. Ella no le llamaba racismo. No siempre hemos tenido un vocabulario para nombrar las injusticias, las violencias.
“No lo podía llamar racismo, pero sabía de qué tenía que defender a sus hijos. Se dio cuenta que, si nos ensañaba su lengua materna, nos podía pasar lo que a ella: la marginaron, sufrió discriminación”, afirma.
La cuentista señala que Elia, su madre, “tampoco se explica su mundo, su cultura, su vida dentro del náhuatl como una persona indígena. Esos son conceptos externos que han servido para aminorar a los pueblos originarios”.
Agrega que quiso reflexionar “sobre qué significa para mí no haber podido compartir con mi madre historias, conversaciones, la vida cotidiana en su lengua. Quise verlo sin edulcorar, sin hacer concesiones, sin justificar nada.
A los nueve años descubrí que mi madre y mi abuela hablan un idioma que no entiendo. Sentí desamparo, exclusión. Buscaba dar una mirada directa, como es mi madre, honesta, viendo las circunstancias en las que crecí, en las que ella creció”, indica.
“Y fueron saliendo otros temas. Al preguntarme por la lengua de mi madre, cuestioné qué significa ser madre, perder la infancia, el desamparo, la culpa”, añade.
La también editora indica que “conversar con ella fue poder abrir ventanas. Pero también momentos duros, desafiantes, que yo no esperaba. Como hija pensaba que conocía muy bien a mi madre.
“Pero la sorpresa fue que, al crear este espacio genuino, seguro, el interés por comprender funcionó en dos sentidos. Ella me pudo preguntar lo que pensaba, cómo veía ciertos episodios que vivimos. Y a veces teníamos dos visiones muy diferentes”, concluye.
Leche de silencio, cuyo desafío fue “abordar más de una vida, más de una violencia”, se presentará mañana jueves, a las 19;00 horas, en Casa Tomada (Pachuca 146, colonia Condesa); así como el 10 de octubre en la FIL Monterrey, y el 29 de noviembre en la FIL Guadalajara.