Serán capaces, ¿de qué?

Confusión. Todo es confusión. Al interior y fuera de las campañas no hay claridad. Si López Obrador dice que se acaba el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, aparecen sus voceros para decir que no, que se van a revisar los contratos, nada ...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Confusión. Todo es confusión. Al interior y fuera de las campañas no hay claridad. Si López Obrador dice que se acaba el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, aparecen sus voceros para decir que no, que se van a revisar los contratos, nada más. Y si AMLO afirma que de ganar, echarán abajo la Reforma Educativa, de nuevo aclaran que no, sólo van a revisarla para darle un sentido menos “laboral”. Si el candidato habla de amnistía, su equipo se vale de todos los medios —entrevistas, columnas, videos en redes sociales— para precisar que eso va más allá de un perdón, que es parte de un proceso de pacificación.

    López Obrador dice que invitará hasta al Papa, pero más a allá de eso, no hay detalles de cómo se haría tal cosa. A cada declaración, corresponde una aclaración. Que si Paco Ignacio Taibo II llamó a la expropiación, el candidato, con sudor en la frente, afirma que no hay tal plan. A cada propuesta, le falta claridad, pues.

Esto no sólo sucede en la campaña del candidato de Juntos haremos historia. Ricardo Anaya afirma en una reunión que está dispuesto “a construir con quienes haya que construir para ganar esta elección...”, eso incluye al gobierno federal y al candidato del PRI. Después, al igual que en la campaña de AMLO, su coordinador de campaña, Jorge G. Castañeda, aparece para decir que no, que no es un llamado ni una intención de alianza, sino que es un guiño a los votantes de otras fuerzas.

Hace un par de meses, Anaya estaba furioso con el gobierno federal por el tema del video de la Procuraduría General de la República, hasta amenazó que, de ganar la elección, cobraría venganza. En fin. Esto, obligó también al candidato del Frente a decir que no, que nunca habló de alianza, sino que quería llamar al voto útil, porque considera que su coalición es la única que podría ganarle a Andrés Manuel López Obrador. Y es que, si lo que se dice en primera instancia sale mal, siempre se pueden retractar.

En la campaña de José Antonio Meade la confusión se vive de otra manera. El candidato habló del voto útil y dijo que éste debería ser para una candidatura con honestidad. O sea, para él, pero sin decirlo así. Ayer por la mañana, Meade escribió en Twitter que Andrés Manuel López Obrador debería dejar de fijarse en él, porque el tercer strike le está por llegar. Pero, ¿qué no es José Antonio Meade el que dirige todas sus declaraciones al candidato de Morena? ¿Qué no es él quien le dedica tuits? ¿Pues en qué campaña anda?

Afuera de las candidaturas, la confusión también se hace presente, y de muchas formas. Una serie de televisión que nadie sabe por dónde será transmitida. ¿Cuál es la intención de gastar en una campaña de publicidad que, finalmente, no anuncia nada? O que si la Niña Bien, el Chavo Chaka (sic) y las San Petrinas; todas canciones de reguetón que llaman al voto, pero nadie, ni los candidatos aludidos, se adjudica la producción.

O la aparición de pejeleaks.org, un portal cuya intención es publicar información comprometedora sobre AMLO, pero que no tiene autores confesos, además la redacción y la construcción de la información de sus notas, está muy lejos de cumplir con el ABC del periodismo. ¿Quién lo paga? O la persona que increpó a Vicente Fox en un avión, y que algunos aseguran —por la similitud en el tono de voz— que se trata de la misma que anteriormente, hizo lo mismo con José Antonio Meade.

¿Quién le paga? El fin de semana, aparecieron botargas de Hugo Chávez en el evento de Cuitláhuac García, en Veracruz. Nadie sabe de dónde salieron, pero algunos acusan a Miguel Ángel Yunes. Estudiantes del Tec de Monterrey precisaron que quienes vitorearon a Andrés Manuel en su visita al campus en la capital de Nuevo León eran personas ajenas al campus. Y aunque estos ejemplos, lo escribimos hace unos días, se valen en las campañas, se unen a la confusión que hay dentro de los partidos.

Faltan dos meses del proceso electoral. Los candidatos pasan de una cosa a otra. El puntero, según el promedio de encuestas, no da detalles de sus propuestas. El resto no ofrecen nada distinto a lo que ya se haya escuchado en procesos anteriores. Y el electorado, como en partido de tenis, de

un lado a otro... ¿de qué más serán capaces? ¿Qué tanta densidad le darán esta bruma que no da claridad a la campaña?

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