Noventa
Hasta hace un par de semanas, sólo Margarita Zavala y José Antonio
Meade habían aceptado los protocolos
de seguridad que ofrece la Segob.
El clima político en nuestro país también da muestra del horror que se vive en México. Ya lo había documentado en este espacio. Los asesinatos a figuras de la escena política mexicana son ya noticia recurrente dentro y fuera del país, no sólo son las confrontaciones entre los candidatos, sino también este otro, peligroso factor que pone en riesgo la estabilidad de un país.
Este fin de semana se sumaron cuatro muertes. Dos de ellas en Chihuahua. Un dirigente local del Partido Encuentro Social, Eduardo Aragón, fue reportado primero como desaparecido, después su cuerpo fue encontrado dentro de su automóvil, tenía impactos de bala. Liliana García, que buscaba la alcaldía de Ignacio Zaragoza por el PRD, fue encontrada sin vida cerca de un arroyo. El viernes, Adiel
Zermann Miguel, aspirante mexiquense en Tenango del Aire por el Partido Encuentro Social. El jueves, Alejandro González Ramos, del Partido Acción
Nacional, fue ejecutado en una carretera en Pacula, Hidalgo.
Con estas muertes, ya son noventa, asesinatos de políticos. Lo mismo dentro de sus casas, en los alrededores de ellas o en carretera, sin que las autoridades tengan un margen de acción para impedirlas y eso que muchas de ellas se han realizado a plena luz del día. Según Etellekt, una consultora que se especializa en riesgos y políticas públicas, hasta el jueves 3 de mayo los asesinatos correspondían a 21 precandidatos, 15 exalcaldes, 13 regidores, 12 operadores de partidos, 10 alcaldes en funciones, siete dirigentes partidistas, cuatro candidatos, dos exregidores, un diputado local, un síndico, un exsíndico y un exdiputado federal. Guerrero es el estado donde se ha registrado la mayor cantidad de estos crímenes. Le siguen Oaxaca y Veracruz. El PRI, el partido más afectado, detrás de él, PRD y Acción Nacional.
Hasta hace un par de semanas, sólo Margarita Zavala y José Antonio Meade habían aceptado los protocolos de seguridad que ofrecen la Secretaría de Gobernación y el Instituto Nacional Electoral. Según una investigación de Abraham Nava, para Imagen Noticias, además de ellos, tienen otras siete solicitudes, según las autoridades, aunque no ofrecieron más detalles.
No recuerdo una elección en la que se hubiera derramado tanta sangre. Así como los homicidios han roto récord en el último año, también lo hace la violencia dentro de la esfera política. Un efecto inevitable, si entendemos que lo primero es resultado del rebase que sufren las autoridades del país. Los efectos de esta violencia, más allá de las lamentables e irreparables pérdidas, que por sí solas ya son una tragedia, también llegan a la población. ¿Cómo recuperan la marcha las campañas locales en las que uno de sus integrantes pierde la vida? ¿Cuántos ciudadanos sentirán miedo de salir a votar en sus comunidades, las mismas en las que han asesinado a un candidato, a un regidor y al representante de un partido?
La inseguridad es un tema pendiente en la agenda desde hace, al menos, dos sexenios. Debe ser una prioridad en el siguiente. Sin embargo, hasta la fecha no hemos visto el tema como centro de ninguna de las campañas. Los candidatos sólo lo toman de pretexto para la confrontación, pero no colocan el asunto en el centro de la discusión. Tras los tristes acontecimientos de las últimas semanas, a excepción de Margarita Zavala, los otros cuatro aspirantes no dijeron nada, ni un tuit, lamentando las muertes de
los estudiantes de cine de Jalisco. Ninguno de los cinco lamenta las ejecuciones de los políticos que se suman día tras día.
Si la confrontación política es alimento de una campaña electoral, un presente tan violento como el nuestro, debería ser alimento para la unidad democrática. siete mil 667 homicidios en el primer trimestre de 2018 más noventa funcionarios asesinados lo obligan.
